Capitulo 11.

1338 Words
''Un amor que no dejará de florecer, que no se apagara, que solo crecerá. ‘‘ Benjamín detiene el auto en una parte boscosa, realmente no sé a dónde me lleva y muero por llegar de una vez al lugar pero que se detenga en medio de tantos árboles aumenta mi curiosidad. — ¿Por qué nos detenemos?—me volteo a él esperando una respuesta y me tiende una venda de satén de seda vinotinto— ¿esto para qué es?—pregunté confundida. —Para tus ojos, de aquí a donde te llevo no debes ver porque es una sorpresa—dijo sonriendo y yo tomé la venda de su mano. —Me la voy a poner solo porque no quiero arruinar tu sorpresa porque si no, no lo haría—Benjamín soltó una carcajada—sabes que no me gustan las sorpresas y mucho menos no ver a donde voy pero por ti lo haré hoy—me puse la venda y él me dio un beso casto en los labios. —Ya verás que te encantará—le sonreí recostándome en el asiento. —Eso no lo dudo—no soy consciente de nada más que su mano sobre la mía mientras vamos a nuestra primera cita. Conduce durante quince minutos hasta que se detiene, abre su puerta y escucho que la cierra. Sus pasos se escuchan y luego abre la puerta de mi lado, toma mi mano y me insta a salir del auto. Al bajarme me tropiezo con su pie y niego al sentir su mano tomar mi cintura. —Por esto yo no me cubro los ojos con nada, mi torpeza va más allá de lo natural—no dice nada y me coloca delante de él porque sostiene mi cintura desde atrás con ambas manos. Me guía con mucho cuidado, escuchó madera crujir en lo que subíamos unas escaleras, hay una música de fondo con volumen muy bajo, escucho voces y luego todo se va quedando atrás como un murmullo, un silbido del viento. Pasamos entre una tela y me detuvo. Subió sus manos lentamente hasta el amarre de la venda y la dejó caer frente a mi rostro. Abro mis ojos sorprendida, por lo que veo; es un restaurante pero esta zona está reservada solo para nosotros, el piso es de madera y cada detalle es igual, todo está perfectamente pulido y organizado. Había un ramo de dos girasoles en una mesa la cual tenía dos sillas a sus costados, también habían arreglos hermosos de girasoles, son como enredaderas que caen del techo pero también tienen dos tiras de palabras formando una pregunta. ‘‘¿Quieres ser mi novia?'' De repente cayó otro y ese me dejó sin aliento. ''Siempre supe que serias tú y por eso no dejé de esperarte. ‘‘ Llevé mi mano a mi boca y luego sonreí emocionada, me giré hacia él y llevaba un panda en su mano, mire de uno a otro feliz, lo tomé revisándolo y dándome cuenta que en la espalda lleva escrito ''mamá panda''. —Primero ¿por qué pedirme que sea tu novia si ya lo soy?—me sonrió besando mi nariz. —Porque mientras más te lo pida, hay menos posibilidades de que me termines rápido—Yo me reí. — ¿Por qué te terminaría yo?—él se encogió de hombros. —Solo sé que yo no lo haría y no es porque te crea capaz sino porque yo no me creo capaz de poder alejarme de ti nunca—me acerque a él y rodeé su cuello con mis brazos. —Te quiero y no sé cómo haríamos porque yo tampoco me creo capaz—me tomó la cara con sus manos y me llevó hasta él para que lo besara. Casi enredo mis piernas a su alrededor pero recordé que estamos en un restaurante y me controlé, me besó con suavidad y un amor que jamás había sentido. —Y lo segundo... ¿que era?—preguntó posando su frente en la mía. —Me encantó todo, es tan hermoso. Sin duda debo dejarte sorprenderme seguido—él tomó mi mano y me llevó a la mesa—además, el panda es increíble, sé de dos personas que se pondrán celosas—dije sonriendo. —Quisiera que no se los dijeras pero se me acaba de ocurrir una idea que puede hacer que tu mejor amigo me odie—yo me encogí de hombros. —Todo lo que sea para molestar a Erick, está bien para mí. Ya las consecuencias las afrontaras después—me miró con los ojos entrecerrados y yo me reí. —Que malvada eres pero sí, me gustaría ver su reacción al ver un oso polar con el nombre polarcito escrito en la espalda. Nos sentamos y duramos varios segundos mirándonos. — ¿Alguna vez creíste que esto podría ser?—negué. —No, para mi vernos ya era algo imposible. Habían pasado casi tres años, era ya impensable que regresaras pero lo hiciste—él me miró serio. —Lo hice—estiró su mano por la mesa para tomar la mía—yo siempre soñé con verte otra vez, con que me recibirías con los brazos abiertos y que me estuvieras esperando con tu corazón abierto para mí—yo negué seria. —Debió ser duro ver cómo en vez de correr a abrazarte, corría lejos de ti—hizo una mueca—me disculpo, igual no puedo cambiar lo que provoqué pero creo que puedo compensarte—él subió y bajó las cejas sugerente mente y yo me reí con fuerza—eres un tonto, ahora no habrá nada—hizo un puchero y luego sonrió. —Te quiero Fabiana y eso no cambió la distancia y no lo podrá cambiar nadie, no sabes cuánto te extrañe y ahora que te tengo aquí no quiero despegarme de ti.—tome un poco de agua. —Pienso lo mismo pero ahora disfrutemos nuestra primera cita después de tanto tiempo, el pasado en el pasado está y ahora solo debemos caminar en este presente juntos—nos levantamos por sobre la mesa y nos besamos. Era un sueño del que no quería despertar. En toda la noche nos reímos y conversamos sin parar, recordando y poniéndonos al día de lo que pasó en nuestras vidas durante el tiempo que estuvimos separados. Cenamos y luego comimos helado de postre, jugamos arrojándonos un poco hasta que no quedó nada en las copas. Luego de tres maravillosas horas íbamos de regreso, justo me acordé que aún no conocía a mis padres y que al ser como son, no podría ignorar el tema por mucho tiempo. Llegamos a mi casa y vi por la ventana como mi mamá fisgoneaba, esa señora. Me volteé hacia él y tomó mi cara en sus manos para acercarme. —Te quiero y te lo repetiré en cada oportunidad que tenga para que no te quede duda de la grandeza de mis sentimientos hacia ti—sonreí sonrojándome. —Y yo a ti Benjamín, no sabes cuánto—unió nuestros labios en un beso suave y profundo. Yo llevé mi mano a su pecho justo a la altura de su corazón y sonreí sobre sus labios al sentir cuán rápido iba, subí mi mano a su nuca y lo besé con fuerza llevando ahora yo el beso. Nuestras respiraciones iban más rápido y sus manos se paseaban por todo mi cuerpo, llevó una de sus manos a mi pierna subiendo el vestido y yo jadeé al sentir el apretón que dio. —Ya...Benjamín—susurré y me separé poco a poco—nos vemos mañana—iba a abrir para bajarme y tomó mi mano reteniéndome. —Te quiero Fabs—sentí un escalofrío al escuchar ese apodo que me traía tantos recuerdos—hasta mañana—besó mi mano y me dejó ir. Si esto era un sueño, espero que nadie me despierte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD