Robert y Barry salieron de la oficina después de una larga y agotadora jornada de trabajo. –La siguiente semana estaré afuera de la ciudad, así que te quedarás a cargo –comentó Robert. –Has salido mucho de la ciudad últimamente, no estarás planeando dejarme –bromeó Barry y a Robert como siempre no le causó gracia. –No tienes tanta suerte. Ambos estaban teniendo una mala semana, pero ninguno iba a hablar de eso, sencillamente porque así eran ellos. Cada quien se fue en su auto al llegar al Club se encontraron con Alberto, esposo de Cloe y Alexander Grey, el deportista padrino de Robert. Barry se seguía preguntando por qué lo había elegido a él, tenía siento recelo con el moreno, se supone que Robert y Alex eran enemigos, que no se podían ver, apenas se toleraban en algunas ocasiones

