SUSAN ¡Joder! ¡Demente, Black! ¡Desgraciado demente! ¡¿Cómo se le ocurría quedarse dentro de la casa?! Alcé las mangas de la camisa formal masculina que Kilian me había prestado, me quité las pantuflas que llevaba puestas y di un paso dispuesta a entrar, pero fui detenida por la mano fuerte del ruso. Nikolai, el mejor amigo de Black. —¡¿Estás loca?! ¡No vas a entrar ahí! Aparté su mano con un manotazo e intenté de nuevo regresar adentro, a la casa en llamas. —¡Hay que sacarlo! —¡¿Y crees que vas a lograrlo?! ¡Te vas a morir allá dentro!. —Pero… —señalé dudosa hacia la propiedad ahora destruida, solté mis lágrimas y negué mirándolo hacia el piso —No puede morir… —Él no está muerto, zorrita. Lo miré mal por cómo me había llamado, pero le resté importancia a los dos segundos c

