Capítulo VI

1092 Words
Durante toda la semana me la he pasado practicando mi vuelo y mi sigilo, ya que me di cuenta que no soy tan silenciosa como creo, pero con todo lo que practique creo que he mejorado mucho, asusté a varios vecinos y unos cuantos niños pequeños, pero noté que a pesar de que los niños tienen menos experiencia están más alerta, los mayores andan tan tranquilos por la vida que no se lo esperan, lo disfruto mucho más, pero mis padres no, ya que por culpa de mis “sustos” a las Hadas que hacían las compras terminaron tirando la mercadería lejos estropeándose y mis padres pagaron por mis “travesuras”, traté de hacerles entender a mis padres que no es mi culpa que ellos se asusten con facilidad, tienen que estar alertas, en cierto modo les estoy haciendo un favor, pero que más da, nadie me comprende y me ven como una niña loca, lo que no entienden es que ya no soy una niña y no estoy loca, solo soy diferente y me gusta serlo. Dentro de poco cumpliría mis 14 años, no pueden tratarme como niña, se que no soy una adulta pero tampoco una chiquilla a la que pueden sermonear constantemente, esto ya comenzó a fastidiarme, antes no le daba importancia pero ahora se a tornado un tanto irritante, así que me la paso fuera de casa, voy a mis clases y no regreso hasta la noche, por suerte dejaron de reprocharme que llegara tarde, se dieron cuenta que me se defender muy bien solita, soy la mejor en mi clase de lucha pero la más torpe en mis clases de vuelo, no puedo ser perfecta en todo, pero que conste que lo intento, pero siempre algo sale mal y la culpa es de Zuni, siempre de Zuni. Por fin entre tanto lío llegó el esperado jueves, me levanté muy entusiasmada y me recogí el cabello en una trenza de costado, así no tenía los rulos rojizos tan alborotados, deje unos mechones sueltos en mi cara que hacían resaltar mis ojos, me puse uno de mis vestidos verdes, pero el más nuevo de ellos, quería lucir bien y ni sabía por qué, solo este chico me hacía ser diferente, me hacía querer verme arreglada para él, bueno no para él en si, si no para que él me viera bien, bueno no se ustedes entienden. Ya estoy nerviosa. - Huuufff – grito en mi habitación frustrada al no lograr que mi trenza quedé como yo quiero, ya estaba estresada y nada estafa funcionando como quería. Escucho unos golpes en mi puerta y pongo los ojos en blanco y ahora ¿Quién es? Estaba irritada. No respondí no quería ver a nadie. - Cariño soy yo, Tayta – Dice la tierna vos de mi abue y corro a la puerta a abrirle, a ella nunca podía decirle que no por más enojada que esté. - Mi bella Tayta – Digo sobre su cuello mientras la abrazo con fuerza. - Despacio mi niña, ya estoy muy anciana y tú muy fuerte. – Dijo ella y yo la solté un poco asustada corroborando que esté bien, ella tiene 95 años, las Hadas pueden vivir hasta los 110 0 120 sin problemas, pero no por eso mi abue estaba fuerte. - Que sucede Zuni que estás tan molesta y veo que te estás arreglando ¿Está todo bien? – Claro que ella ve a través de mí y siempre sabe lo que me pasa, a ella no le puedo mentir ni ocultar nada. - Es que … yo … - Miro el piso tratando de buscar las palabras para algo que no se describir. – yo … voy a ver un chico y eso me pone en este estado, no entiendo porque quiero lucir bien, ni entiendo porque estoy tan nerviosa. - Ho mi niña, estás tan grande, has crecido mucho – Toma mis manos y me ve a los ojos – Zuni, me parece que ese chico te gusta, por eso actúas de esta forma. – Mis ojos se abrieron grandes por la sorpresa de las palabras de mi abue, ella era muy sabía y nunca se equivoca, pero esta vez no, no podía ser. - No – Dije poniéndome de pie – No me gusta, es un chico raro con una extraña sonrisa, no puede gustarme. – Estaba ruborizada. Mi Tayta se puso de pie y me dio un abrazo, se acercó a mi oído y me dijo unas palabras que lograron calmarme. – No tienes que tener miedo al amor, escucha tu corazón él te guiará y te dará las indicaciones correctas, solo aprende a escucharlo. – Besó mi frente, me dio una tierna mirada, arregló mi trenza torcida dejándola perfecta en dos movimientos y salió cerrando la puerta. Me mire al espejo – Ay Tayta ¿Cómo puedes solucionar todo siempre? – Me di una sonrisa al ver que me veía como quería y salí de mi habitación con mi sigilo practicado para que nadie me vea y diga algo sobre lo arreglada que estoy. Giro el pestillo de la puerta para salir triunfante de que nadie me vio y un carraspeo de la garganta de mi padre me hace notar que he fallado. - ¡Diablos! – Digo por lo bajo girándome a enfrentar a mi padre. Éste hace una expresión exagerada, muy exagerada y cuando va a gritar el nombre de mi madre le estampo mi mano en la boca cerrándosela como si mi mano fuera una pinza dejando sus labios estirados. – Shhh papá, no digas nada, no quiero que me vean – Digo mirando el suelo avergonzada – Pero Zuni, es la primera vez que te veo arreglada, estoy muy emocionado. – Dice con ojos de cachorro y queriendo saltar de la emisión, pero de un momento a otro puso su cara sería y me señaló con su dedo. – Un momento, tú no te irás a ver con un chico ¿O si? – Hemm yo, no papá ¿cómo se te ocurre una cosa así? - y puse una mueca de desagrado deseando ser lo más convincente posible. – Está bien, no diré nada, pero con una condición – Sus ojos brillaron y supe exactamente lo que quería – Está bien, trae tu cámara. – Mi padre salió disparado y yo me masajee la cien para bajar mi estrés. Luego de una mini sesión fotográfica con mi mejor cara me adentré al bosque respirando profundo y calmando mis nervios.
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