(Punto de vista de ella) Sentí sus labios tomar posesión de los míos en movimientos bruscos que me robaban el aliento. Invadió mi boca con su lengua y prácticamente me f0lló los labios frente a todos. No fue un beso dulce. No fue un beso de compromiso. Fue posesivo, descarado, y lo peor de todo… fue tan j0d¡d^mente bueno que me dejó sin aire. Cuando se separó, mi corazón estaba latiendo en mi maldito cuello. Y Massimo lo supo. Lo supo porque sonrió antes de inclinarse y limpiar la comisura de mis labios con su pulgar. Las cámaras estallaron en flashes. Pero yo solo podía escuchar su voz baja contra mi oído. — Ahora sí pareces mi prometida. No una perra malcriada jugando a ser mi dueña —. Me miró a los ojos y me acarició la mejilla en un ademán de aparentar que era un hombre enamorado.

