Capítulo 29
AXEL
Pensé que las cosas con Eugenia, de momento habían quedado estancadas y ahora resultaba que ella estaba también aquí en el pueblo. Todo el asunto era para no creerse y, por si fuera poco, mi hermana Elisa, nos había invitado a cenar a todos a su casa. Iba ser una noche espantosa, por lo que se veía venir y por eso, cuando pasé a comprar unas cosas antes de pasar por Eugenia a la cabaña que rentó para irnos a casa de mi hermana, decidí hacer una parada en casa de mi amiga Asereth y lo que era mi buena suerte, ella iba llegando a casa cuando yo llegué a buscarla.
—Hola, Axel. No sabía que estabas por acá—nos abrazamos—y tampoco me avisaste que venías.
—Hola, hermosa—respondí—todo fue de último momento, pero no me regañes. Claro que por supuesto, yo iba a venir a verte ¿cómo estás?
—Bien gracias, pasa por favor.
Entré con mi amiga a su casa y estuvimos platicando un rato y tomándonos un café. Ella me escuchó con atención todo lo que le conté respecto a Vale y lo que habíamos venido a hacer al pueblo y ella estaba muy emocionada, pensando que las cosas entre Vale y Danna, se iban a arreglar, siendo que desgraciadamente no había podido ser así.
—Siento mucho escuchar que Vale ha venido en vano—dijo mi amiga—pero, espero al menos que con esta visita, Danna se convenza que Vale quiere arreglar las cosas con ella y espero que un día lo hagan. Ellas se tienen la una a la otra, lo que yo hubiera dado por tener a alguna hermana.
—Te entiendo, amiga. Yo no podría volver a vivir distanciado de Elisa, por cierto, hoy nos invitó a cenar, a todos, a su Max y a Vale y Charles. Y también a Eugenia que me cayó aquí por sorpresa—dije abatido—ahora sí, la noche estará horrible.
—Será algo incómodo, pero algo que tú has causado amigo mío—dijo Asereth muy seria—si hace años hubieras luchado por Vale, nada de esto habría pasado y ahora todo parece indicar que la has perdido ya. Sí, Axel, me enteré por esta revista que ella y Charles van a casarse.
—Todo mundo se enteró de eso por la estúpida prensa—vociferé—pero, es lo que hay. Sí, Vale se casará con él y en ese momento la habré perdido para siempre.
—La perdiste desde que la soltaste hace muchos años y ahora solo debes acostumbrarte a verla con Charles a donde les toque encontrarse, es lo malo que ustedes tienen a mucha gente en común.
Lo que decía mi amiga era la verdad, desgraciadamente nos unían muchas cosas a mí y a Vale y yo, no sé si un día pueda soportar el verla con Charles, el estar con él amándolo más que a nadie y era algo, que me iba a doler para siempre. Me despedí de mi amiga después de estar un rato más con ella y me fui a recoger a Eugenia, para irnos a casa de mi hermana Elisa. Ella estaba muy arreglada con un vestido rojo corto y de espalda descubierta y eso me hizo recordar el tatuaje que llevaba Vale con mi nombre y me preguntaba si por Charles se lo habrá quitado y si no lo ha hecho, me temo que lo haría. No creo que a la realeza le permitan llevar tatuajes. Eugenia me sonreía triunfalmente y eso hacía que yo la entendiera cada vez menos.
—Axel, sé que piensas que no debo estar aquí después de todo lo que nos dijimos—me dijo—pero, yo no pienso dejarle a Valentina el camino libre contigo. Me interesas y no pienso dejarte en manos de esa mocosa.
—Eugenia, estás exagerando y pensaba que me daba mucho gusto que estuvieras aquí—respondí—esa cena será de lo más incómodo y me alegra que estés a mi lado.
—Mientras no sea para darle celos a esa estúpida—dijo enojada—se ve que es una cualquiera y que se anduvo revolcando con Charles para enamorarlo y mírala de mosca muerta no tiene nada que ya hasta va a ser princesa de Mónaco.
No soporté todo lo que Eugenia había dicho de Vale y no le respondí nada en todo el camino a casa de mi hermana y al llegar allá, yo pensé que las cosas se relajarían y así fue por un rato, nosotros los hombres Charles, Max y yo estábamos viendo un partido en la televisión y mi hermana, Vale y Eugenia estaban tomando bebidas en la cocina y cuando un rato más tarde nos sentamos todos a la mesa, Eugenia que ya estaba muy tomada empezó a decir sus cosas.
—Charles, tengo una duda—dijo ella a Charles—no me digas que no te dan celos de ver a Axel con Vale, no es fácil que tengas que compartir momentos con el hombre que le robó su virtud y del que además ella lleva tatuado su nombre en la piel y quien sabe si en el corazón todavía.
—No tengo celos—dijo Charles tomando la mano de Vale para besarla—sé que Vale y yo, estamos enamorados y eso pesa más que el pasado de ambos. Ella también sabe que yo tuve otras novias antes de ella y nada de eso nos importa.
—Yo no estaría tan segura. Axel, sigue amándola y perdonen mi indiscreción, pero a veces cuando lo hacemos, me ha llegado a decir Vale y eso no me molesta—Eugenia se empezó a reír como loca—por el contrario, me halaga que me confunda con una mujer tan guapa y tan joven.
—Eugenia, no es lugar y momento para nada de lo que dices—dijo Elisa enojada—estamos aquí para pasar un buen rato y lo estás echando todo a perder.
—Sí Eugenia, vamos—la levanté de la mesa y salimos de casa de Elisa—vamos a caminar para que se te baje todo lo que te has tomado.
Saqué a Eugenia de la casa de mi hermana y ella apenas estuvimos solos, se soltó de mi agarre. Estaba muy enojada y alterada como si quisiera acabar conmigo y no era la única que estaba molesta, también yo lo estaba y esta vez ella me tendría que oír.
—Te odio, Axel—me dijo furiosa—odio que no te puedas enamorar de mí, como todavía estás enamorado de ella y ¿sabes? Es peor para ti, porque ella es una interesada y no dejará a un príncipe por ti, eso no lo verán tus ojos.
—Con tus actitudes eres tú misma la que no me permite amarte—espeté—eres una mujer envidiosa, manipuladora e hipócrita. Decías ser fan de Charles y ahora te dedicas a destrozarlo, eres una cabrona Eugenia.
—Tú eres más cabrón, por querer a la mujer de otro y no me puedes negar que cada que lo hacemos en verdad quisieras estarte revolcando con la piruja de Valentina. Ella se mete en las camas de todos y los engatusa, primero tú, ahora Charles ¿quién sigue? El rey de Mónaco o sus hermanos y…
Le pegué una cachetada a Eugenia sin medir mis fuerzas y ella cayó al piso, de inmediato se puso la mano en la mejilla dolorida y después se levantó y me miró con una expresión de odio en su cara, una expresión que nunca antes le había visto a ella.
—Me las vas a pagar, Axel—me gritó—voy a joder tu carrera y voy a joderla a ella. Nunca van a poder ser felices y espero que se los lleve la chingada a los dos.
—Axel, dijo Elisa que vamos a partir el pastel—dijo Vale a mis espaldas—lo siento, no quise interrumpir nada.
—Y siempre lo jodes todo, Valentina—declaró Eugenia—deseo que te mueras antes que puedas casarte con Charles o regresar con Axel. Te odio, mosca muerta.