Capítulo 13
VALENTINA
Me dio mucha pena el hecho que a Charles y a mí, nos hubieran tenido que despertar sus padres, ya que siempre al despertar me veo terrible y no quería darles a ellos esta terrible y mala impresión. Charles me soltó poco a poco y me regaló un tierno beso y después, nos levantamos para saludar a sus padres, a los reyes de Mónaco. Ellos estaban muy animados con nuestra llegada y nos contaron que ellos llevaban ya dos días aquí en París y que habían estado paseando para celebrar su aniversario de bodas.
—Chicos, se ven demasiado cansados—nos dijo la reina—si no los hubiéramos despertado, juraríamos que no han dormido nada ¿qué planes tienen para hoy?
—Ninguno en verdad, madre—respondió Charles—íbamos a ir a instalarnos a un hotel y después los íbamos a llamar para irnos a comer o a cenar. No contábamos con que nos vendrían a recibir en persona.
—Nada de hoteles—dijo el rey—se vienen con nosotros a nuestra casa de aquí de París y no me salgas con que no, hijo. Quiero que mi futura nuera conozca todo lo que después va a ser de ustedes.
—Muchas gracias, su majestad—le agradecí—pero, no les quiero causar molestias. Es por eso que nosotros nos íbamos a quedar en el hotel.
—No son molestias mi hermosa Vale—dijo la reina y me abrazo—vamos a casa y allí descansan un rato y después salimos a comer o lo que ustedes quieran.
—Claro que sí.
Nos fuimos con los reyes a su casa y todo el camino íbamos platicando del viaje y de como yo tenía miedo de ir en el avión privado. Ellos eran muy divertidos y de todo veían una aventura y se reían demasiado animados. Charles me iba enseñando París por la ventana de la limusina y yo estaba encantada, era una ciudad maravillosa y no le hacían justicia las películas que habíamos visto sobre París. Él tomó mi mano entre la suya y en momentos nos regalábamos tiernos besos hasta que llegamos a la hermosa residencia real de los reyes. Era una casa preciosa en un lugar exclusivo de París. De inmediato los empleados fueron por el equipaje y todos entramos a la residencia. Me quedé maravillada por todo ese lujo y exclusividad. Nunca en mi vida imaginé que estaría en un lugar así, como el que leía en mis cuentos.
—Bienvenida a nuestra casa, Vale—me dijo el rey—vayan con Charles a ponerse cómodos y a instalarse y nos vemos en un rato para ver lo que haremos. Hay mucho Paris para enseñarte.
—Muchas gracias, su casa es un sueño—dije suspirando—está preciosa y sí quiero conocer lo más que se pueda de Paris antes de ir a grabar el comercial.
—Vamos, mi princesa—dijo Charles—vamos a que conozcas la casa y después nos instalamos.
Charles y yo, fuimos a recorrer toda la casa y yo estaba mucho muy impresionada. Ni en mis más locos sueños me vi conociendo un lugar así. Esto sí que era la realeza y era maravilloso estar viviendo este sueño con mi príncipe, con mi Charles. Él me abrazó dulcemente y después al terminar de verlo todo, nos fuimos a nuestra recámara que parecía todo un piso completo. Estaba enorme y muy lujosa. Nos dimos un baño y después nos recostamos un rato para descansar, pues en verdad estábamos muy cansados. Nos quedamos dormidos apenas tocamos la cama y después de un rato, Charles me estaba despertando.
—Mi Vale preciosa, despierta mi princesa—me dijo dulcemente—mi madre ha venido a buscarnos para que bajemos a comer.
—Charles ¿qué hora es? —pregunté al tiempo que me frotaba los ojos para despertarme—pareciera que ya es tarde.
—Sí, mi princesa. Son las 3 de la tarde, pero tranquila. Toma tu tiempo para despertar bien y ahora bajamos con mis padres. Ellos están muy emocionados por tenerte aquí y en estos días van a venir también mis hermanos.
—Qué bien, mi príncipe hermoso. Siento haber dormido tanto, es que con todo lo del avión, creo que, aunque dormí allá no fue del todo bien en parte por el miedo que sentía. Gracias por todo esto, Charles—le dije muy enamorada y agradecida—es un sueño maravilloso.
Charles me dio un beso muy dulce y después, me levanté y ambos nos cambiamos para bajar a comer con los reyes. Ellos ya tenían todo un banquete montado para nosotros. Nos sentamos a comer y a disfrutar de toda la comida deliciosa que había ahí para nosotros. Nunca había visto algo como aquello, parecía un restaurante de lujo y hasta había barra de postres. Charles y yo, siempre compartíamos los pasteles probando él del mío y yo del suyo, pero en esta ocasión me daba pena hacer aquello por lo que fueran a decir los reyes.
—Vale, a mis padres no les afecta que seamos los de siempre—dijo Charles—además relájate ya los conoces y ellos te adoran. Es más, ellos te consideran más hija suya a ti que a mí.
—Eso es cierto, Vale—se reía el rey—una de mis más grandes ilusiones era tener una hija, pero mi amada esposa solo me dio puros hijos.
—Tres príncipes maravillosos—dijo la reina—y Charles tiene razón, Vale. No tengas pena con nosotros, ustedes pueden ser como son siempre. Después de todo, Charles después de tantos años lejos de nosotros, ya ha olvidado sus modales de príncipe.
—No es cierto, madre—rebatió Charles—esos nunca los podré olvidar.
Todos nos reíamos y después de comer el postre y de tomar una infusión deliciosa, salimos a caminar al jardín y a decidir qué era lo que íbamos a hacer. Para mí cualquier plan que tuvieran ellos sería bien recibido y no me iba a quejar. Si estaba viviendo el sueño de toda chica y me sentía como una princesa de Disney. Todos decidieron que fuéramos a un paseo nocturno para ver París de noche y después que nos fuéramos a cenar. Charles y yo, subimos a arreglarnos y me di cuenta que él, se estaba arreglando mucho más de lo normal, tanto qué sentí que el vestido que yo llevaba era poca cosa, pero ya no se podía hacer nada. No quería perder más tiempo y cuando estuvimos listos, todos salimos a ver y a recorrer París y después de cenar en un exclusivo restaurante, cuando íbamos de vuelta a la residencia con los reyes, Charles les pidió a sus padres que nos dejaran cerca de la Torre Eiffel y así lo hicieron y una vez que nos quedamos solos, él me tomó de la mano y nos acercamos para poder subir. No sabía ni que podíamos subir a la torre y yo, estaba emocionada y al mismo tiempo muy nerviosa y él lo notó.
—Vale, espero que te guste la vista que tenemos desde aquí arriba—me dijo Charles—quería el mejor escenario para este momento especial contigo, preciosa.
—Charles, esto es increíble, aunque me tiemblan las piernas de miedo. Esto está muy alto—dije queriendo no ver para abajo—pero, no te puedo negar que es precioso.
Volteé a ver a Charles y me quedé impresionada al verlo de rodillas en el piso de la torre Eiffel, no podía creer lo que iba a pasar y me llevé ambas manos a la boca para reprimir mis sentimientos, empecé a llorar de la emoción por lo que estaba a punto de pasar.
—Vale, mi princesa—me empezó a decir Charles muy inspirado—escogí este lugar para decirte que eres la mujer de mi vida, que llevo todos estos años enamorado de ti y que sería el hombre más afortunado del mundo si tú un día, me dices que sí. Este anillo se lo dio mi padre a mi madre cuando le pidió matrimonio y ahora yo te lo entrego a ti, como la prueba de mi gran amor por ti. Así que mi hermosa Vale, ¿quieres casarte conmigo? Y así convertirte en mi princesa por siempre…