Capítulo 12

1367 Words
Capítulo 12 CHARLES Estaba en mi casa, ya preparándome para dormir, pero me inquietaba que Vale no me había mandado mensaje para decirme buenas noches, lo cual era muy preocupante pues siempre y cada noche, de alguna o de otra manera, nos terminábamos despidiendo. Yo estaba a punto de llamarla para saber si todo estaba bien con ella, pero contuve mis impulsos de preocupación, pues si algo malo hubiera pasado, era lógico que mi prima Sofía me hubiera llamado para decírmelo. Me puse a perfeccionar un cuadro que estaba haciendo de Vale cuando sonó mi celular. —Charles, mi príncipe—era Vale y estaba llorando—sé que debes estar ocupado con tus cosas, pero ¿nos podemos ver? Por favor. —Claro que sí, mi princesa ¿dónde estás? —le pregunté muy preocupado—dime, ¿te ha pasado algo? —Estoy llegando a tu casa, vengo en mi auto. —De acuerdo, ya salgo por ti, mi princesa. Salí desesperado para recibir a Vale, ella no podía estar llorando por nada y tenía miedo que algo le hubiera pasado o peor aún que alguien le hubiera hecho un daño terrible. Apenas salí y ella se refugió en mis brazos. La abracé con mucha ternura y entramos a mi casa, subimos abrazados en el ascensor hasta mi recámara y ahí nos sentamos en uno de los sillones para hablar. Le sequé sus lágrimas con un pañuelo y después lo hice con mis besos. Ella se dejó consentir y cuidar por mí y cuando estuvo más tranquila, ella sin que yo se lo preguntara, me contó lo que le pasaba. —Charles es que me siento mal—me dijo muy triste—tengo mucho miedo y no quiero hacerte daño y tampoco hacérselo a nadie. —Miedo ¿de qué? Mi princesa—la abracé dulcemente—no tienes nada que temer, mientras yo esté contigo. Dime, por favor ¿qué ha pasado? —Pasa que me siento mal por Axel—respondió y yo sentí un dolor en el estómago—nunca hemos tenido secretos y lo he visto hace un rato. Platicamos y me dijo que no ha tenido a nadie desde que acabó lo de nosotros y me duele pensar que yo le descompuse su vida. Escuché con atención todo lo que Vale tenía que decirme, para mí lo más importante en aquel momento era que ella se pudiera desahogar y decirme lo que le pasaba. Me dolía mucho verla así, me hacía recordar que así mismo la conocí, llorando y con una gran tristeza por dentro, algo que ella no se merecía si era la mujer más buena del mundo. Ya que me terminó de decir todo, yo la abracé dulcemente y una vez que estuvo calmada, me dispuse a decirle lo que pensaba. —Tú no tienes la culpa de como pasaron las cosas, Vale y lamento mucho que yo te convenciera de volver a tu pueblo—me lamenté—yo debí respetar tu decisión, ya que creo que el haber vuelto allá te ha hecho recordar todo lo que ha pasado. —Sí, Charles eso ha sido, pero tampoco es tu culpa—me dijo muy triste—tú después de todo, sólo querías que yo hiciera lo correcto y te agradezco por eso, pero yo soy la que no sé como debo sentirme. Me siento culpable por ser muy feliz contigo, cuando Axel no lo ha podido ser y me siento como la peor de las mujeres cuando él me dejó por mi bien. —Tranquila, mi princesa. No tienes que sentirte culpable, sí Axel no ha estado con nadie más, tal vez también esa ha sido su decisión. Debes preguntarte eso, después de todo creo que le debe sobrar alguien con quien estar—le hice ver—un director de cine, siempre es perseguido y cotizado por las mujeres. Claro que, si no lo ha hecho porque siga enamorado de ti, eso ya es otra cosa. —Eso es lo que temo, qué el siga enamorado de mí y yo no puedo corresponderle, pero hay una parte de mí que extraña todo aquello y extraña aquella chica que fui cuando estaba con él—confesó—no quiero que él siga sufriendo por mi culpa. No quiero lastimar a nadie y quiero que él siga adelante con su vida. Ya no le dije nada más a Vale, ella no lo podía ver que no era su decisión si Axel seguía adelante con su vida o no. Eso ya le tocaba a él, así que, me limité a calmarla y después de tomar una infusión relajante nos fuimos a dormir y días después de esa noche triste, nos encontrábamos en mi avión privado volando rumbo a París la ciudad del amor. Vale iba mirando con mucha melancolía por la ventanilla y entonces recordé cuando ella me contó que Axel alguna vez le regaló unos boletos abiertos para ir a Paris y que por alguna razón no pudieron ir. Y lo que son las cosas, ahora era yo el que tenía la oportunidad de ir con ella y no solo a recorrer juntos París, también a acompañarla a realizar su primer comercial que iba a lanzar por lo alto, su carrera como modelo. —No estés triste Vale, sé lo que piensas, pero te pido que disfrutemos el momento que estamos viviendo—le dije—yo te amo y sé que si a mi me toca ir contigo a Paris es por algo, nos la pasaremos muy bien, mi dulce princesa. —Charles, no estoy triste—dijo y tomé su mano que estaba temblando en la mía—es que nunca he volado en un avión cómo este y no te lo decía para que no te fueras a morir de risa. Me dan miedo las alturas y al menos, cuando hemos ido en vuelos comerciales, nos dan algo de garantía por nuestras vidas o algo. —Eso no lo sabía, mi princesa—me reí un poco—pero ¿sabes? El avión es el medio de transporte más seguro y ya te digo yo que no pasará nada. Esto es como los vuelos comerciales que hemos tomado. Tranquila mi hermosa Vale, no pasará nada ¿quieres algo de cenar? —Sí, eso estará bien—respondió—al menos si esto se cae, no vamos a morir estando sin nada en el estómago. Pedí que nos llevaran algo de cenar y a medida que cenamos Vale se fue relajando y me agradó ver como su miedo se iba desvaneciendo. Además, yo no le quise decir nada, pero si ella había elegido ser modelo profesional, más le valía irse acostumbrando a volar pues las modelos viajan demasiado y más siendo tan hermosa como es, seguramente le iban a salir muchos contratos y su vida sería un viaje seguido de otro. —Gracias, Charles por venir conmigo, por acompañarme siempre—ella me abrazó—te amo y quiero que sepas que, si estos son nuestros últimos momentos, será un honor para mí morir a tu lado. —Nada que agradecer Vale—respondí sin poder evitar reírme—pero, no son nuestros últimos momentos. Son los primeros viajando juntos en avión privado. Y no te quejes que si venimos volando aquí es por cortesía y por petición de mis padres. —Cierto, me voy a relajar. Sólo que se siente mucho la turbulencia y tengo miedo—confesó—abrázame Charles y no me sueltes hasta que pase esto. —Claro que sí, mi princesa. Es un placer para mí. Era entendible el miedo de Vale, si en los vuelos comerciales había estado asustada ahora estaba doblemente asustada, pero no tenía nada que temer. Mis padres usan mucho el avión y si no fuera seguro, no lo harían. La abracé tiernamente y después nos debimos quedar dormidos. Abrí los ojos y era de día y eso no era todo, mis padres no supe a qué hora se habían subido al avión y desde cuando era que estábamos en el hangar. —Charles, Vale—dijo mi madre dulcemente—despierten, bienvenidos a París.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD