Cerca del mediodía un pelirroja joven enfundada en un dos piezas blanco y un Hermes en la mano, salía del Jet en una pista privada de la ciudad de Roma. Fuera esperaba un coche que la llevaría de vuelta a casa. Había pedido expresamente a sus abuelos que no se tomarán el trabajo de venir a buscarla al aeropuerto que tan pronto aterrizará el avión ella se dirigiría a casa.
Allegra estaba nerviosa por volver. Empezaba una nueva vida para ella, a partir de mañana empezaría a trabajar en la compañía y empezaría poco a poco a ejercer sus funciones como directiva. El hombre había decidido que tan pronto Allegra se instalara y se acomodará en su cargo el definitivamente se tomaría un merecido descanso. Tiempo que esperaba dedicarle a su esposa y si su salud se lo permitía a practicar algún que otro partido de golf con sus amigos.
La joven se subió al Mercedez que le esperaba en el hangar del aeropuerto junto a su entrañable chofer Lucio. Lo primero que hizo Allegra fue darle un abrazo llevaba algunos meses si verlo ya que en el último viaje sus abuelos fueron acompañados por él. Llevaba muchos años trabajando con los Giordano y a parte de ser se considerado el hombre de confianza de el señor Francesco ya era parte de la familia. El hombre no tenía hijos, ni tampoco estaba casado aunque mantenía una relación de muchos años con su nana Mirtha y a Allegra la consideraba como a una hija y la estimaba mucho puesto que la había visto crecer.
— ¿Cómo has estado mi querido Lucio? ¿ Y mirtha que tal? De veras que te eché de menos.
—Pues muy bien mi niña y mucho más ahora que vuelves, todos en la casa estamos muy contentos de tu regreso. Estabas haciendo demasiada falta a tu abuelos, a Mirtha y por supuesto a mi.–el hombre le sonrió a través del retrovisor del coche.
—Lo sé, aunque no ha sido fácil tomar la decisión de volver a casa.
—Lo entiendo pero sea lo que sea que te pasó para decidir marcharte han pasado ocho años tienes que olvidarlo y seguir adelante.
—¿Por qué que presupones que algo pasó? –Lucio la miró a través del retrovisor, conocía a Allegra como la palma de su mano. Ella era decidida cuando tomaba una decisión y muchas veces cortaba de raíz algo cuando no le gustaba.
—No sé...Sea lo que sea forma parte del pasado, mi niña.
—Asi es, forma parte del pasado–Allegra volvió a repetirlo. Se había propuesto olvidarlo el incidente así como al culpable. Era joven tenía toda la vida por delante, tenía sueños, proyectos, metas, ilusiones...era el momento de cumplirlos.
Llegaron a la mansión y ya sus abuelos junto con parte del personal de la casa esperaban de pie en la entrada del jardín a que llegara. Su abuela Martina estaba impaciente. El abuelo Francesco lo disimulaba mejor aunque vivía con ansias de verla y poder tenerla en casa. Habían consentido que fuera a estudiar al extranjero un tiempo pero no que no volviera nunca, ni cumpliera con sus responsabilidad. El deber de Allegra pasaba por hacerse con el control total de la compañía naviera al mismo tiempo que como era su deber debía traer herederos a la familia. Es por eso que Francesco consideraba que Allegra debía casarse cuanto antes con alguien que pudiera darle soporte y apoyo en sus responsabilidades. Durante meses busco candidatos acordes dentro y fuera de Italia. Él sabía que no podía ser cualquiera, al mismo tiempo que Allegra era consciente de ello. Es por eso que se lo planteó a su amigo Thomas D'Angelo, un matrimonio convenido entre ambas familias, los D'Angelo y los Giordano.
Por parte de Francesco solo faltaba planteárselo a Allegra que en poco meses se casaría con Alessandro. Sabía del interés que siempre tuvo su nieta por el joven italiano y consideraba que era algo fácil que Allegra aceptará.
—¡Mi preciosa nieta ya esta aqui!–Martina estaba encantada abrió los brazos para recibir a su nieta que salía del coche corriendo a abrazarla.
—¡Abuelos! –abrazo a ambos y los beso efusivamente. Ahora que se encontraba en casa se sentía feliz y reconfortado de volver a pisar su casa. Le sabía mal haber estado tanto tiempo fuera.
—Mi niña. Estoy tan feliz de que estés aqui–Francesco estaba muy emocionado, tenía los ojos ligeramente aguados. Allegra era su mayor felicidad y orgullo además de que era el vivo retrato de su hijo y lo único que les quedaba.
—Yo también estoy feliz de estar aquí.
—Vamos tienes que estar cansada, seguro que también tienes hambre Mirtha te preparó todo lo que te gusta.
Allegra sonrió se sentía feliz de volver a casa. Saludó y abrazo calidamente a todos las personas que trabajaban en su casa, sus abuelos eran herméticos y trataban muy bien a sus trabajadores por lo cual en esos últimos años los empleados eran los mismos y llevaban mucho tiempo en esa casa.
—Mirtha
—Mi niña que felicidad volverte a ver aquí. Te he preparado tu cuarto y todas las comidas que te gustan y si quieres lo que sea dímelo.
—Gracias, pero no t preocupes con estar aquí estoy bien.
Entraron a la casa y todo estaba tal cual Allegra lo recordaba. Habían cambiado pocas cosas. Su abuela era una mujer muy elegante y sofisticada en su estilo al mismo tiempo que su casa tenía elegancia y distinción por todos los rincones. Subió a su cuarto donde dejó sus maletas. Ya no era la habitación de una adolescente ese lugar si había cambiado. Su abuela hace un mes llamó a su decoradora de confianza para cambiar totalmente la habitación para su llegada. Ahora era la habitación de una mujer, todo en tonos claros mezclando el beige, el blanco, algo en tonos marrones y dorados. Tenía una gran cama decorado con un cabecero beige, había mucha más luz de la que recordaba. Muebles a juego con el cabecero y un amplio vestidor. El baño también había sido reformado.
Allegra miró su habitación y quedó encantada, su abuela conocía sus gustos y no se había equivocado en absoluto. Estaba tal cual ella la habría elegido, decidió darse un baño y descansar un poco del ajetreo del viaje. Antes de subir sus abuelos ya le habían informado que mañana harían un pequeño evento con gente cercana a la familia, para informar de la llegada de Allegra a Italia. Eso no le gustó mucho pues ella hubiera preferido que nadie supiera, prefería la discreción. Sabía que si celebraban su llegaba, la prensa se enteraría y sería noticia durante semanas.
A la noche siguiente Allegra permanencia en su cuarto arreglandose. Lo que parecía un pequeño evento se había convertido en un desfile de coches y gente entrando en su casa, desde amigos de la familia, clientes, inversores de la empresa, la prensa en la puerta de la entrada de la mansión. Nada era como ella esperaba. Se estsba poniendo nerviosa, se había cambiado, maquillado, arreglado, estaba lista para bajar. Pero dentro de ella solo tenía ganas de salir corriendo por la ventana. Se miraba al espejo y se sentía guapa y mucho más segura, pero sus inseguridades seguían ahí muy dentro. En el fondo tenía miedo. Por una parte quería que las personas vieran en lo que se había convertido y por otra no dejaba de sentir que tal vez solo ella veía su cambio.
Se miró un par de veces más se retoco su sencillos maquillaje, se había dado cuenta de que le sentaba mejor cuando iba más sencilla y menos recargada. Miró la hora y se decidió a bajar. Ya todos estaban en el salón de eventos de la casa.
Su abuelo la vió bajar elegantemente por las escaleras y el y Martina se acercaron, su abuelo tomó la palabra para dar un pequeño discurso y agradecer a todos que hubieran venido a la bienvenida de su nieta así como anunció que Allegra se incorporaba a la gestión de la compañía. Para muchos era un anuncio importante que podía desestabilizar el funcionamiento de la empresa, así como al valor de las acciones o a posibles inversores. Es por eso que con esas palabras daba su total apoyo y confianza a su nieta para seguir su legado.
Allegra tras el discurso fué saludando a diferentes personas que sus abuelos iban presentándole, era consciente de su responsabilidad y de su deber. Tenía que dar una imagen buena. una imagen de mujer preparada, segura y con confianza que al fin y al cabo era lo que ella era. Hablaba con unos y otros interesándose en conocerlos de primera mano. Pronto se corrió la voz por la fiesta de lo maravillosa y encantadora que era la joven. Tardaría pronto en saber detalles la prensa acerca de la hermosa heredera de los Giordano que había vuelto de Italia.
Mientras iba saludando a un lado de la sala vió a los D'Angelo. Se dirigió a saludarlos. Durante estos años había visto a Gia y a Sarah, besó y abrazó a todos, por suerte o desgracia no estaba Alessandro.
—Querida Allegra nos encanta volver a verte en casa. Estas divina–le dijo la abuela Sarah. Había visto a Allegra en estos años y había admirado su evolución. De pasar de ser una niña gordita y muy tímida a una elegante joven con don de gentes y sofisticación.
—Si es cierto.Tiene razón Sarah estas muy guapa, Allegra. Siempre te dije que eras preciosa pero dejame decirte que este vestido te sienta estupendamente.–admiró Gia. Era una mujer sumamente elegante y muy a la moda y siempre se fijaba mucho en la ropa.
—Muchas gracias. Estoy agradecida de que hayáis venido y estés conmigo esta noche.
—Disculpa a Alessandro al parecer se le complicó el trabajo y no ha podido venir.–dijo el abuelo Thomas con un tono suave pero por dentro estaba cabreado con su nieto por semejante desplante.
—Eeh sii eso será. Seguro que algo de trabajo le complicó el venir a verte.
Allegra sabía que era mentira. Tenía asumido que Alessandro la quería bien lejos de él y lejos de disgustarse se alegró, en ese momento no estaba preparada para lidiar con su visita.
—Tranquilo lo entiendo. No pasa nada toda esta fiesta ha sido demasiado pomposo para mí gusto.
—Ellos están muy contentos de que estés aquí y vuelvas a casa, y más si vas a hacerte cargo de la compañía. –habló Lorenzo que había permanecido callado admirando a Allegra. Hacía años que no la veía y estaba encantado con solo verla. Consideraba que era una muchacha buena, de buenos sentimientos, elegante, guapa y muy preparada para su función, puesto que con mucho empeño y dedicación había estudiado dos carreras en gestión y economía al tiempo que trabajaba en la naviera. A parte de ello le caía bien y pensaba que era la mejor candidata para un matrimonio con su hijo. Pero como él pensaba, el muy idiota de su hijo volvía a huir de ella y no se presentaba a esa cena.
—Si lo sé tan pronto el lunes empiezo a tomar las riendas, aunque si es cierto que desde que terminé mis estudios me he ido preparando para asumir el cargo. Quiero que mi abuelo descanse y se tome la vida más tranquila, que disfrute con mi abuela o jugando al golf con Thomas–mientras lo decía lo miró y el anciano asintió.
—Asi es hija. Pero debes saber que no te será fácil lidiar con todo. Una muchacha joven presidenta de todo. Buuf necesitas a alguien que te apoye y te respalde de cara a inversores, clientes, socios y demás. A los inversores no les gusta la inseguridad de un cambio, es por eso que necesitan a alguien que de confianza y no disminuya el valor de las acciones.
–Asi es Allegra–Prosiguió Lorenzo.
Allegra no entendió al principio muy bien a que se refería, ella se veía respaldada por su abuelo. No se veía sola.
Hizo un gesto de no entender.
— Eso daría confianza en muchos sectores.
Mientras charlaban, se acercaron sus abuelos para compartir velada con sus más próximos amigos.
–Es fundamental una alianza entre familias que sea beneficioso para ambas compañías, la vuestra–señaló a los Giordano en generla–como para la nuestra.
—Asi es y pronto podrían fusionarse en una sola al fin y al cabo los herederos serán ellos–continuó Gia que había permanecido callada.
—Perdón pero no entiendo...–Allegra estsba algo confundida.
—Hablamos de tu matrimonio con mi hijo Alessandro.–Allegra abrió un poco los ojos asombrada. No sabía si había escuchado bien.
Allegra seguía anonadada, miraba a los D'Angelo y a sus abuelos y se mostraban encantados con la noticia y ya pensaban en cómo iban a prepararlo todo.
—¿Matrimonio?
—Si hija, Alessandro está encantado con la noticia, y bueno tu siempre has estado interesada en él –Allegra bajó la cabeza algo avergonzada de que todos allí supieran de su enamoramiento adolescente por Alessandro.
—Pero que no te de vergüenza.–Gia se acercó a Allegra y le levantó ligeramente la cara.–Es normal que hayan sentimientos y no es por ser mi hijo, pero es un hombre muy guapo, inteligente, trabajador, muy preparado y tiene buenos sentimientos. –Gia le sonrió, estaba convencida de que eran la pareja perfecta, aunque consideraba que su hijo a veces era idiota.
—Yo sé que surgirán sentimientos entre vosotros.
—Todos los que estamos aquí nos casamos de esa manera. Todos teníamos un compromiso con nuestras familias e hicimos lo que ellos pidieron y al final no nos ha ido tan mal. –Allegra estaba en shock. Solo se habia quedado con matrimonio y Alessandro.
— El único que decidió casarse por amor fué tu padre con tu madre y mira como le salió–argumento Lorenzo que conocía toda la historia de su difunto amigo con la que durante un tiempo fue su esposa.
Ellos eran jóvenes salieron una noche y Marco, el padre de Allegra, conoció a la camarera del bar, empezaron a salir juntos y todo iba muy bien. Tan bien que, meses después se casaron a pesar de la eférrima oposición de Martina y Francesco que no veían con buenos ojos a la esposa de su hijo. Convivieron muy bien al principio hasta que ella empezó a cambiar, salía mucho, gastaba y se comportaba diferente a la muchacha que Marco conoció. Todo esto se agravó después de quedarse embarazada y nacer Allegra. Pasaba olímpicamente de su hija, no se ocupaba de la niña simplemente de salir al spa, de compras, con amigos...Hasta que un buen día Marco se cansó y quiso dejarla pero ella amenazó con llevarse a la niña si no le pasaba una pensión de por vida a ella, para vivir bien. Al mismo tiempo que le compraba una casa. Marco accedió sólo para quedarse con Allegra y durante meses, no apareció hasta que no se le terminó el dinero. Eso llevaba la "madre" de Allegra haciéndolo desde que era una niña hasta ahora. De hecho estaba tan decepcionada de su madre que ni tan siquiera madre le llamaba. No quería verla. Verla le producía dolor, dolor por ella, por la decepción que sintió su padre, por el sufrimiento de sus abuelos. Allegra intentaba evitarla a toda costa.
—Entiendo. No sé...tal vez hablar de esto hoy es muy precipitado. Todavía hay tiempo. Además todavía somos jóvenes, no sé...–Allegra no estaba preparada para hablar de eso en este momento.
—No, es el momento adecuado.
—Estoy de acuerdo contigo Thomas–continuó su abuelo—Creo que no deberíamos apresurar el matrimonio, tal vez un mes sería lo ideal.
—¡Sii! Un mes es perfecto para que entre Martina, Gia y yo nos encarguemos de todos los preparativos.
Allegra permanecía callada y estaba segura que algo pálida puesto que se sentía un tanto en shock y sentía sus manos sumamente frías, señal para ella de que estaba nerviosa.
—No creo que un mes sea suficiente, además si tan encantado está. ¿Por qué no ha venido? Aunque sea a saludar. No sé tengo que pensar.–dejo a todos ahí y se marchó al baño. Tenía que refrescarse la cara.
Ya en el baño se miró al espejo. Si, efectivamente, estaba algo pálida. Se pellizcó algo las mejillas, respiró profundo.
"Casarme con Alessandro " en su mente se repetía una y otra vez esa frase. Era algo que llevaba años esperando, ella estaba enamorada de él, durante estos años no lo había podido olvidar, pero al mismo tiempo se sentía nerviosa y profundamente mal. Porque al final para todos menos para ella sería un matrimonio de mentiras. Un matrimonio de conveniencia que beneficiaria a ambas familias pero...¿Y sus sentimientos qué? ¿Y los de Alessandro? Ella estaba segura de que él no estaba de acuerdo con ese matrimonio. Lo conocía lo suficiente o mejor dicho lo recordaba, como alguien terco al que no le gustaba que le impusieran nada. Sabía que era todo voluntad de ambas familias y además este matrimonio sería un argumento más para que Alessandro la odiara más y eso ella tampoco lo quería. Ella no quería un matrimonio donde se odiaran como el matrimonio de sus padres.
Tenía que pensar en algo...