Allegra salió del baño ataviada con un diminuto pijama de encaje, de tirantes finos, pantalón culotte sin nada debajo y el pelo ligeramente mojado. Alessandro maldijo por lo bajo. Expiraba una fragancia fresca que enseguida penetró en sus fosas nasales. Allegra no lo miró, pasó de largo al tocador solo le dijo que era su turno. Alessandro cogió sus cosas y se metió al bañó tendría que darse una ducha muy fría para quitarse la calentura que llevaba y despejar sus pensamientos.
Cuando salió del baño al cabo de un rato, se encontró a Allegra durmiendo plácidamente. Se notaba que estaba agotada. Sonrió por la postura que tenía. Estaba cruzada en la cama con la cabeza casi fuera del colchón, ocupando casi todo el lugar, el pelo desparramado, boca abajo y con el culo en pompa. ¿Como podía dormir así y no romperse el cuello y al mismo tiempo verse tan hermosa y sexy? pensó. Se acercó a ella. La movió sin que ella tan siquiera hiciera amago de despertar y la colocó correctamente con la cabeza en la almohada, al mismo tiempo que el se acostaba a su lado. La tapó con la sábana. Era mejor que ese culo estuviera tapado para evitar que sus pensamientos lujuriosos por su esposa volaran. Decidió cerrar los ojos e intentar descansar el día había sido largo y apenas les quedaban unas cuantas horas.
Al amanecer el teléfono de la habitación sonó avisando de recepción que quedaba poco tiempo para coger su vuelo. Alessandro estaba agotado, cogió el teléfono sin abrir apenas los ojos. Mientras Allegra había escuchado el teléfono y a Alessandro hablar, pero se negaba a abrir los ojos. Estaba muy agusto y su almohada era muy reconfortante. No recordaba haber dormido tan bien. Dentro de su sueño pensaba quiero una almohada como esta para dormir siempre.
—Allegra es la hora. El avión nos está esperando. Despierta.
—No estoy muy bien aquí.
Alessandro suspiró pesadamente. Esto para el iba a ser mucho más duro de lo que creyó. Tan duro como estaba en ese momento.
—Allegra luego duermes en el avión.
—Un poco más...–de repente empezó a ser más consciente de que no estaba soñando y sintió algo duro en su vientre.
—Levántate por los menos de encima de mi. – empezó a ser más consciente de que no estaba soñando. Se sobresaltó y levantó la cabeza para mirar con los ojos medio cerrados a un Alessandro adormilado pero con una expresión dura. Tenía la mandíbula apretada e incluso estaba conteniendo la respiración. Allegra pensó que estsba enfadado porque ella estaba encima de él.
—Lo siento. Lo siento. No me he dado cuenta.
—No pasa nada...Está bien. Oye no te han dicho nunca que duermes fatal. Te mueves mucho y duermes raro.
—No. Nunca he dormido con nadie.
Alessandro abrió los ojos asombrado, pero no dijo nada porque vio como Allegra se ruborizó y bajó la cabeza.
—Eeh bueno me voy a la ducha.–salió disparado. Tenía que ducharse otra vez con agua fría pero esta vez más fría.
Allegra se quedó sentada en la cama. Se sentía tonta por qué dijo eso. Debía haberse callado..."Mierda Allegra piensa antes de hablar"...Decidió arreglarse antes de que él saliera del baño. Mientras Alessandro hablaba para si mismo " Esto va ser duro. Alessandro tienes que ser fuerte. Solo es una mujer has visto cientos como ella. Tranquilo..." volvía a repetir su mantra una y otra vez mientras se duchaba.
Salieron del hotel. El chófer de Alessandro, Eliot los esperaba en la puerta para llevarlos al hangar. Subieron al coche y Alessandro no le habló a Allegra ni una sola vez. Allegra pensaba que estaba enfadado por lo de esta mañana y decidió no preguntar nada. Embarcaron y se sentaron lo más alejados uno del otro. Para Allegra era muy complicado estar con alguien en un lugar tan pequeño, y más siendo Alessandro la persona con la que estaba y no hablarle. Si por ella fuera le preguntaría cosas de su vida. Si le sigue gustado el helado de vainilla con chocolate como a ella. Si sigue practicando boxeo como en la universidad. Le preguntaría infinidad de cosas pero no. Mejor no. Seguro que intentaba ser agradable con él y el seguro que se portaba borde y cortante con ella como siempre. En ese momento Allegra no estaba para que él fuera grosero con ella.
Pasaron las horas de vuelo. Allegra durmió, vio una película. Leyó un rato una nueva novela erótica que Karina le había regalado para que cogiera ideas para su luna de miel y disfrutara del placer del s**o. Allegra le agradeció el regalo, pero ella sabía que ellos iban a hacer de todo menos todas esas escenas calientes que el libro narraba y a ella le hacían subir los colores. Le gustaba leer esas historias, pero al mismo tiempo le hacían sentir mal. Porque ella sabía que esa pasión que los protagonistas de su libro tenian a ella no le iba a pasar con Alessandro. Ni mucho menos Alessandro le haría a ella todas esas cosas que solo de imaginarlas en su cuerpo...hasta su intimidad palpitaba. Ya está. Suficiente. Decidió dejar el libro era demasiada lujuria para el primer día. Cerró el libro y lo metió a su bolso. Se abrochó el cinturón, el piloto había avisado de que quedaba poco tiempo para aterrizar. Habían pasado más de doce horas de vuelo. Estaban cansados de estar todo el día en el avión. Habían llegado a Seychelles ya de noche. Eran dos horas más que en Italia con lo cual allí ya era más medianoche. No iban a quedarse en Mahé la capital y la isla más grande. Alessandro era dueño de una isla donde había ubicado el hotel más lujoso, exótico y exclusivo de todas las islas. Era inclusive el hotel más exclusivo de toda su cadena de hoteles. Su mayor logro. Una isla para todo un hotel. O un hotel para toda una isla. Donde los huéspedes afortunados podían alojarse en una de sus diez suites, sus más de cincuenta villas o sus once exclusivas residencias donde solo se puede llegar en avión privado, propiedad del hotel, por supuesto. Desde que el staff que recibe a los huéspedes a pie de pista, todo es lujo, lujo y más lujo en los kilómetros que mide la isla coral. Desde los cuidados jardines y sus palmeras, a su espectacular spa, sus playas privadas o el faro que corona uno de sus famosos restaurantes. Allegra quedó impresionada con todo lo que veía. Alessandro era mucho más rico de lo que ella hubiera imaginado. Sí lo creía capaz de haber creado semejante proyecto porque conocía sus aptitudes, sus ambiciones y su inteligencia. Solo a él se le hubiera ocurrido diseñar ese espectacular resort en medio del océano índico donde solo huéspedes exclusivos y con capacidad económica podían disfrutar de ese paraíso. Por lo que pudo escuchar de Alessandro que hablaba con el presidente del hotel y la gerente, llevaba seis meses en funcionamiento y sus capacidad estaba casi completa. Para ellos habían reservado una de las once residencias. Allegra a pesar del lugar tan especial para pasar su luna de miel no esperaba mucho de esos dias. Se dedicaría exclusivamente a desconectar. Tener un marido como Alessandro la tenía estresada. Sólo habló un momento y él ya volvió a ser cortante.
—Alessandro esto es increíble. Es precioso. Me va a encantar ver la playa y las tortugas dicen que en este lugar las tortugas son enormes. ¿Es cierto?–Alessandro asintió y sonrió. Le encantaba este lugar. Era su lugar en el mundo. Donde desconectaba de todo. Pero enseguida cambio la expresión.
— Tu puedes ir a verlas. Yo no he venido de vacaciones, Allegra. Yo vengo a trabajar. Tu toma el sol, mira las tortugas, haz lo que quieras...yo voy a estar ocupado.
Allegra no le contestó. Solo pensó será invecil.
Se acomodaron en la residencia que habían preparado para ellos. Para agasajarlos más por ser los dueños o eso dijo ella, Julie James la gerente del hotel que los acompañó personalmente. Era una barbie inglesa, algo mayor que Allegra, con destacados atributos perfeccionados por un buen cirujano que estando ella delante se mostraba demasiado atenta con Alessandro. Obviamente a Allegra no le pareció nada correcto dado su puesto y enseguida le cayó fatal. Cuando estuvieron solos el le habló.
—Siéntete como en tu casa. Espero que te guste el lugar. Puedes pedir lo que quieras. Visitar otras islas, hay lugares increibles...eres mi esposa y te tratarán como lo que eres...–Allegra sintió un cosquilleo de escucharle como la había llamado.
—...Si no es algo extremadamente importante no me molestes, partir de mañana voy a estar ocupado.–de un escalofrío paso a un golpe al estómago. No mostró que se sintió afectada por sus palabras. No iba a dejar que la humillara así tan fácil y de paso que disfrutara haciéndolo.
—Tranquilo no pensaba arruinar mi viaje con tu presencia. Haré lo que yo quiera. No esperaba que me acompañaras. –pasó de largo a su habitación golpeando su hombro con el de Alessandro. Fue a cambiarse. Se pondría ropa más ligera y se bañaria en esa espectacular piscina milimétrica, toda iluminada. En cuanto la vió desde la sala quiso zambullirse de cabeza.
Mientras Alessandro se sintió mal de hablarle así, pero era lo mejor. Ellos no eran un matrimonio normal, ellos eran socios. Y como tal debían tratarse. No debía tenerle consideración, ni encariñarse con ella. Era claro que sin darse cuenta se había sentido atraído por ella. Había tenido algún pensamiento lujurioso en el avión con su esposa sin poder evitarlo. Se había reprendido por ello, pero a veces la carne era más débil. El debía ser fuerte. Por eso cuanto más lejos estuviera de su esposa mucho mejor. Y más en ese lugar que hacía tanta calor y estaba seguro de que llevaría pantalones cortitos, escuetos biquinis que se le verían los pechos...Buuuf ya estaba delirando otra vez.
—Alessandro se fuerte. Dios necesito otra ducha. Esto va a ser duro...Joder.