Cecy:
Amaneció y no lo podía creer, este chico Miguel amaneció a mi lado desnudo, intento recordar todo lo que paso, y la noche me da como una cachetada, lo recuerdo todo, todo lo que hicimos desde tomar, tener sexo casi toda la noche hasta quedarnos dormidos. Me levanto asustada veo el reloj y me queda poco tiempo para vestirme e irme al trabajo, me baño en unos segundos, me visto me recojo el cabello mojado en una cola e intento despertar a Miguel.
El abre un ojo y me dice que lo deje dormir que tiene mucha resaca, yo el digo que cuando se vaya cierre con llave y me deje las llaves con el portero, total no tengo mucho que robar a penas tengo cosas, pienso, entonces tomo mi maletín y salgo corriendo a la oficina. Llego a la oficina justo a tiempo, en el espejo del ascensor puedo ver mi cara de trasnocho y resaca, la cabeza me duele, la luz me molesta, rezo para que mi jefe no se aparezca hoy.
Llego a mi escritorio y no más estoy sentándome cuando suena el teléfono y es mi jefe, que vaya a la oficina. Entro lo saludo e intento no verlo a los ojos, se que mi cara esta de lo peor y creo que ni me maquille bien hoy. Él me saluda y al principio no me toma en cuenta, solo habla de los contratos que tengo que redactar y los divorcios que tenemos que acordar, yo estoy tomando nota cuando el se detiene en seco. Yo levanto la mirada y el me esta mirando fijamente y analizando y me dice:
- ¿Y a usted señorita que le paso? – me pregunta
- Nada, señor¿ por que? – le digo
- No, a usted algo le paso, no es la misma de estos días, no se maquillo, el cabello mojado, y trae un zapato de diferente color al otro – me dice y no lo puedo creer, bajo la mirada y en efecto traigo zapatos distintos
- Hay, señor disculpe es que no dormí bien y me levante corriendo – le digo
- Si, vas a tener noches de fiestas hazla los fines de semana, entre semana te quiero bien activa y reluciente – me dice
- Si, señor perdone no volverá a pasar – le digo
- Y dile a tu noviecito que no te deje marcas en el cuello, que para una abogada respetable no se le ven bien – me dice y me señala el cuello.
Yo salgo corriendo al baño y me miro el cuello, ¡este idiota me dejo un chupón en el cuello! Y no me acuerdo de eso, ¿estaba tan borracha?, tomo mi bolso y me pongo a maquillarme, y aprovecho de tapar la marca del cuello con maquillaje. Voy al área de cocine me preparo un café bien cargado y tomo unas galletas para acompañar y me devuelvo a mi escritorio.
Estoy redactando los documentos cuando el jefe me vuelve a llamar:
- Si dígame jefe en que le puedo servir – le digo
- ¿Qué talla de zapatos es usted? – me dice
- ¿Por qué señor? – le pregunto
- Dígame de una vez – me dice molesto
- 7, talla 7 de dama – le digo asustada
- Perfecto – y me cuelga
No entiendo a que viene la pregunta, estoy pensando si a la hora de almuerzo me dará tiempo de ir al apartamento cambiarme los zapatos, y si sigue el idiota durmiendo sacarlo de una vez, pasan unos minutos y llega un señor vestido como de chofer y me pregunta:
- ¿Usted es la señorita Cecy Wilson? – me pregunta
- Si, señor dígame en que le puedo ayudar – le digo
- Tome, esto es para usted – me dice y me entrega una bolsa con el logo de una de las tiendas de diseñador mas costosas de la ciudad
Yo me intrigo y la abro, dentro hay una caja de zapatos y cuando los abro, están los zapatos negros mas hermosos que he visto, que combinan perfectamente con mis trajes de abogada, dentro hay una tarjeta que dice:
“Estos son para que no te conformes de regalo con marcas en el cuello, a una mujer no se le dejan marcas, se le dan motivos para que te recuerden como obsequios que se merezcan”
Alex.
¡No lo podía creer!, mi jefe me estaba regalando unos zapatos de diseñador, solo por que llegue hecha un desastre y con marcas de sexo en el cuello. No sabia si morirme de la vergüenza o sentirme alagada, con él no se como reaccionar, entonces me mido los zapatos y me quedan a la perfección, lo llamo por el teléfono y le pido que si puedo pasar a la oficina entro y le digo:
- Gracias por los zapatos, me quedan perfecto, si gusta me los pueden ir descontando del sueldo – le digo
- Son un regalo, igual no podrías pagártelos con su sueldo aun – me dice
- Entonces no los puedo aceptar, gracias – le digo
- ¿Cómo qué no? – me dice molesto
- Por que no tiene usted motivos para regalármelos – le digo y me los empiezo a quitar.
El se levanta y ce mis pies desnudos, de pronto suspira viéndolos y me dice:
- A ver, te los regalo por haberte aguantado a mi prometida el otro día ¿te parece? A manera de agradecimiento – me dice
- Bueno es ese caso entonces si los acepto – le digo y me los vuelvo a poner.
- Me encanta eres testaruda, las abogadas así son excelentes – me dice y me hace señas que salga
Termina el día y llego cansada a mi apartamento, cuando entro agotada, ¡adivinen!, Miguel sigue acá, acostadote viendo televisión, yo me entro en furia, le dije que se fuera ¿Qué hace aun acá?, entonces le pregunto:
- ¿Qué haces acá por que no te fuiste como te pedí? – le digo
- Me gustas, quería tener otra noche como ayer – me dice – ah y pedí comida debe estar por llegar
- No puedo, tengo que trabajar ya me regañaron por llegar tarde y en esta facha, ha y por cierto gracias por el chupón del cuello, mi jefe me reprendió por eso – le digo
- Bueno tranquila, que vean que tu también tienes una vida – me dice riendo
En eso tocan el timbre, era el repartidor con la comida, este idiota pidió, pizza gigante, hamburguesas, refresco etc. Era un montón de dinero y cuando lo volteo para que pague el muy descarado dice:
- Hay paga tú que ganas más que yo, tú eres abogada yo un simple barman – me dice y fue la gota que rebaso el vaso.
Le pagué al chico para que se fuera y le dije a Miguel:
- A ver levántate, por favor vete de mi apartamento, necesito dormir – le digo molesta
- Pero comamos primero, a ver qué pasa – me dice
- Toma llévate esto y vete – le digo dándole una de las bolsas con hamburguesas y empujándolo fuera del apartamento.
- Esta bien, ya me voy, te llamo el fin de semana – me dice cuando está saliendo
Me apuro a llamar al portero del edificio y le digo que el chico que va bajando por favor no lo deje entrar más nunca al edificio sin autorización mía. Cuelgo y me acuesto en mi cama, por lo menos este idiota pidió la pizza que me gusta, prendo de nuevo el tv, y descanso con mi soledad …