Alice.
Las semanas estaban pasando rápido, mi hermana era la más emocionada con la boda.
Y yo, yo solo era como el aire, fluyendo a su alrededor.
—Por dios Alice, necesito que me ayudes con esto— ruedo los ojos y levanto mi cabeza del sofa mirandola.
—¿Y ahora que?— ella resopla, haciendo qué un mechon de su cabello revolotee en su rostro.
—¿Cómo que qué? Alice, es nuestra boda.
—Contra nuestra voluntad— le recuerdo.
Ella rueda los ojos.
—Por dios, Alice, ¡ya basta!— me enderezo, y la miro ahora, seria.
—No quiero casarme, no con esos desconocidos.
—Son dos hombres honorables, no desconocidos—
—Imbéciles les va mejor— murmuró por lo bajo.
Tessa suspira, dejando caer sus hombros.
—Definitivamente, eres lo peor.
Sale de la sala dejándome pasmada ante su confesión.
La veo desaparecer en el pasillo.
Me vuelvo a dejar caer en el sofá.
Mirando la enorme araña de cristal en el techo.
****
Las semana previa a la boda, los nervios me atacaban.
Mis pesadillas eran continuas y no me dejaban dormir.
Hoy, hoy era mi prueba de maquillaje y peinado.
—Cubre sus horribles ojeras de panda, Alice, te he dicho que no te quedes despierta— me regaña mamá.
—No puedo dormir—
—Entonces toma algo—
—No voy a drogarme para dormir. Si nada de esto estuviera pasando, no tendría pesadillas—
Mamá aprieta sus labios, pero no me dice nada.
Suspiro.
Dejo que me hagan lo que sea.
Al final.
Solo era una muñeca ahora.
Tessa decidía colores, estilos, formas.
Y yo, yo era un muerto en vida.
Mi corazón se oscurecia cada día que pasaba.
No he ido a la cafetería de Carlos.
No he vuelto a ver al lindo hombre.
Siento la primera lagrima deslizarse por mi mejilla, la seco antes de que alguien la vea.
No quiero esto, de verdad que no.
Pero jamás he ido contra las reglas de mis padres, jamás deshonraria la memoria de mi padre.
Es por eso, que me trago mis lágrimas, levanto la barbilla y sobrevivo un día más.
*****
Dos días.
Dos días eran los que faltaban para la boda.
Yo estaba acostada en mi cama, envuelta en mis sábanas acolchadas, abrazada a una almohada, mientras lloraba.
Escuche la puerta ser golpeada.
Pero yo sabía que tenía seguro, no entraría nadie.
Hacia había sido esta última semana, después de la prueba de maquillaje y peinado.
No volví a salir de aquí.
Tratando de dormir, pero sin lograrlo.
Buscando maneras en las que pudiera desaparecer del mapa, sin temor a perder a mi familia.
Soy tan pequeño.
Ahora mismo, no me sentia como la gran Alice Renaldi que era.
Me sentía, como la niña de 10 años que perdió a su padre.
Las noches interminables sin dormir, llorando.
Volvían a mi.
—Por dios Ali, abre la maldita puerta— vuelvo a escuchar la puerta ser golpeada, y la voz de Tessa amortiguada por la madera.
Y no volví a abrir.
****
Me miro al espejo, mientras veo mi vestido en mi cuerpo.
Es sencillo, estilo griego, blanco, liso, sin detalles y ajustado hasta mis caderas, cayendo suelto en mis piernas.
Tan simple e insípido como me sentía.
Respiro hondo.
El cadáver que era hace tan solo dos horas, había sido remplazado por una muñeca perfectamente maquillada, con colorete en las mejillas regresando el color a mi piel.
—Ya es hora— la voz de mi madre me da escalofríos, y asiento.
Se acerca y coloca mi velo al frente de mi rostro, ocultando mis sentimientos.
—Te ves preciosa— junta sus manos al frente de su boca, mirandome con los ojos cristalizados.
—Terminemos con esto— digo ignorandola y caminando fuera de la habitación.
Mi madre camina detrás de mi, y en el proceso, me cruzó con mi hermana.
—Te ves preciosa, Alice— la esquivo h continuo mi camino hasta las puertas que nos llevarán al altar.
Mamá se posa entre las dos, después de que me alcanzan.
—Este día, las dos comenzarán una nueva vida, me darán muchos nietos y seremos igual de felices que cuando su padre vivia— yo solo la estoy escuchando, mirando al frente, rogando porque todo termine ya.
—Gracias mami, te amamos ¿Verdad, Alice?— murmuró un si y no las miro.
Escucho la música del otro lado, estoy por adelantarme cuando mamá me engancha su brazo y el de mi hermana en el otro.
—Yo las voy a entregar.
Las lagrimas se vuelven a agolpar en mis ojos, en cuanto recuerdo que yo quería a papá aquí, en otra situación, y con un hombre que verdaderamente ame.
Las puertas se abren y mamá comienza a caminar.
Y yo la sigo, como un robot.
Aprieto mi mandíbula, cada paso, siento que llevo plomo en los pies.
—Date prisa, Alice— murmura entre dientes mamá.
Miro al frente y ambos hombres están viéndonos.
Y dios mío.
Jamás creí que se verían así.
Así de guapos.
Puede que midan más de 1.80, hombros anchos, mandíbula marcada y con barba recortada, nariz perfilada, y cejas abundantes, cabello castaño.
Uno de ellos, supongo que es con el que me voy a casar, no tiene barba, y luce más relajado que el otro.
Cuando ya estamos frente a ellos, se acercan a tomar nuestras manos.
El que tiene barba, toma la de mi hermana, con el rostro serio y frío, asiente a lo que sea que le dice mi mamá, y sube con Tessa.
Tomo la mano de su hermano, el me sonrie, y finalmente puedo decir que sus ojos son color verdes.
Mamá dice un maldito discurso cursi y el le sonríe.
Yo, yo me mantengo callada como toda mi vida.
Ya puestos unos al lado del otro, el padre comienza la ceremonia.
Y yo me mantengo distante, sin escuchar nada, nada hasta que Tessa me codea para que responda.
—Si, acepto— es todo lo que digo, luego el dice lo mismo, y finalmente llega el momento de sellar mi final.
—Entonces, yo los declaró, marido y mujer, pueden besar a sus novias.
No se cual es su nombre, y no me interesa, alza mi velo y parpadea un poco, luego una sonrisa se extiende en su perfecto rostro.
Podrá ser todo lo perfecto, pero sigue siendo un extraño.
—¿Puedo?...— susurra, asiento.
Se acerca y deja un suave y casto beso, se aleja y le medio sonrio, toma mi mano y bajamos junto a mi hermana y su ahora esposo.
Cuando llegamos al auto, el cual nos llevara a un hotel en donde será la recepción, quiero que el auto se dé prisa y pueda desaparecer en el hotel.
—Alice...— la mano de Tessa sobre mi antebrazo me saca de mi ensoñación, regreso mi vista de la ventana hacia ella.
—Ellos son Dylan— señala con el que me case, —Y el es Drew.
Miro al que tiene barba, quien me mira entre cerrando los ojos.
Desvio mi mirada hacia la ventana de nuevo.
—Un gusto — murmuro.
—Lo siento, Alice es muy reservada y...
—Deja de dar estúpidas excusas, Tessa— le reprocho.
Casi brinco cuando el auto se detiene frente al hotel.
Los hermanos bajan primero, y nos ofrecen sus manos, sin querer, tomó la de Drew.
Siento un ligero escalofríos y lo veo asustada, el tiene el ceño fruncido.
—Lo siento— suelto su mano rápido y paso a su lado.
—¡Alice!— volteo deteniéndome.
—¿Qué?— digo, viendo como los tres se posan a mi alrededor.
—No hagas esto, no me hagas esto—
Frunzo el ceño.
—¿Hacerte que?— ignoro a los hermanos.
—Vas a ir a la fiesta, no vas a esconderte como lo hiciste esta semana, por dios, es nuestra boda—
La miro, apretando la mandíbula, miro a los hermanos.
—Una disculpa señores Harrison, pero me siento indispuesta para seguir con esta farsa— estiró mi mano hacia mi hermana —Mi llave— ella me mira con fuego en los ojos, al final, saca de su pequeña cartera mi tarjeta, duda al entregarmela mirando nuevamente mi tarjeta, al final me la da de mala gana.
—Un gusto, nuevamente— les sonrio falsamente y me voy al ascensor.