—Tienes el espíritu de tu madre. Espero que sea lo único que hayas sacado de ella. Por cierto, no molestes a Rodolfo. Ayer se vio obligado a dejar los trajines a medias y hoy me indicó que le alcanzara el almuerzo al campo. No puede darse el lujo de descansar un instante. Tiene muchas esperanzas en la cosecha. Los muchachos se prendieron con él por la mañana, pero abandonaron la faena luego de que el pastor vino a visitarles. El sermón ha sido largo y tendido. Imaginarás por qué. —Suspiró profundamente y acarició una de mis mejillas antes de proseguir:— Si en verdad te fue tan complicado llegar hasta aquí, no mereces que no te conceda lo que pides siempre que estés dispuesta a acatar nuestras condiciones: La visita será breve y supervisada, nada de arrumacos a solas. Y luego de comer, Este

