Prólogo

535 Words
El humo espeso llenaba cada rincón del apartamento, consumiendo con fiereza los muebles y las cortinas. El calor abrasador se volvía insoportable, y el crepitar de las llamas anunciaba que el fuego pronto devoraría todo a su paso. Salvatore Moretti, un hombre que alguna vez había infundido miedo en sus enemigos, ahora se encontraba indefenso, atado con alambre en su propia habitación. Su mente aún intentaba procesar la traición, pero el instinto de supervivencia lo empujaba a gritar con desesperación. —¡Ayuda! —rugió, su voz estaba desgarrando la noche. Las sombras en las ventanas de los edificios cercanos se movían, pero nadie se atrevía a desafiar el destino que sus enemigos le habían impuesto. Nadie, excepto una figura menuda que emergió de la oscuridad. Alena tenía solo 16 años, pero su corazón no conocía la indiferencia. Observó el fuego consumir la estructura con rapidez y supo que no podía quedarse de brazos cruzados. Sin dudarlo, se cubrió la nariz con un pequeño pañuelo y se adentró en el infierno que amenazaba con engullir al hombre atrapado. La sofocante nube negra le nubló la vista, pero sus pasos firmes la guiaron hasta la habitación principal. Salvatore jadeaba, con los ojos desorbitados por el miedo. Alena no dijo una palabra; simplemente tomó las tenazas que había encontrado y cortó el alambre con manos temblorosas. El fuego rugía a su alrededor, y sin pensarlo dos veces, sintió que la muerte lo reclamaba con sus fauces incandescentes cuando, de pronto, unas manos firmes lo sujetaron y lo sostuvieron en ese infierno. Alena jadeó al verlo libre, sus ojos reflejaban la desesperación y el pánico, pero también un valor increíble. Salvatore la miró con incredulidad. ¿Por qué demonios lo había salvado? Sin perder más tiempo, él la tomó del brazo y tiró de ella. Si esa chica se había atrevido a arriesgar su vida por él, entonces él mismo se encargaría de devolverla sana y salva a su familia. El humo espesaba el aire, cegándolos y dificultando la respiración. Salvatore avanzaba con Alena entre escombros ardientes, esquivando las llamas que brotaban de los restos del edificio. Pero el destino es cruel. Luego de un crujido ensordecedor precedió la caída de una columna quemada por el fuego. Salvatore empujó a Alena lejos del peligro, pero la estructura en llamas se desplomó sobre él. Un grito ahogado escapó de sus labios cuando el peso brutal lo aplastó contra el suelo. Cuando su cuerpo quedó atrapado, su mundo se apagó por un tiempo. Y cuando volvió a abrir los ojos, días después, la noticia lo golpeó con la misma brutalidad que había sido aplastado: nunca volvería a caminar. Sin embargo, una pregunta lo atormentaba más que su propia parálisis. ¿Qué había pasado con la mujer que lo había salvado? ¿Había logrado salir con vida? Su rostro se convirtió en un fantasma en su mente, una deuda que no podía ignorar. Así que hizo una promesa. Si alguna vez la encontraba, si el destino le daba la oportunidad de pagar su deuda, se casaría con ella. Pero su madre tenía otros planes. Y mientras él se aferraba a un recuerdo borroso, ella ya había elegido una esposa para él.
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