CAPÍTULO 5 "EL CHICO PERFECTO"

3000 Words
 Kassidy golpeaba con fuerza la puerta del sótano usando sus manos en forma de puño luego de haber sido encerrada cruelmente por su padrastro, ese modo de tratarla no era para nada extraño, ni mucho menos nuevo, él había tenido esa actitud para con ella desde el primer día que se mudaron a su casa, un resentimiento que iba desde el comportamiento autoritario y controlador, hasta la maldad absoluta de una persona déspota que buscaba siempre de herir psicológicamente a una pobre niña huérfana de padre, a los siete años la intentó dar en adopción a un colegio de monjas del cuál ella no iba a poder salir nunca más, pero Serenity finalmente decidió no aceptar la malisiosa propuesta disfrazada de buenas intenciones que hacía éste maquiavélico hombre, luego a los nueve años la echó de la casa vilmente haciendo que ella se mojase bajo la lluvia llevando un pequeño bolso con su ropa dentro, pero una vez más estuvo Serenity allí para ayudar a la pequeña Kassidy amenazando con irse ella si su hija no era aceptada en esa casa; Kassidy siempre sospechó que tal vez ese odio que sentía Peter Strambur hacia ella, se debía al hecho de que simplemente con verla él veía el reflejo de Fray, el único hombre que Serenity había amado realmente en este mundo, y eso lo hacia sentirse celoso, amenazado por la figura de un verdadero hombre, algo que él jamás sería. Los golpes se podían escuchar en toda la casa, ella estaba parada frente a esa puerta tratando de hacer todo el ruido posible logrando su cometido, que el sonido llegase hasta la habitación donde reposaba su moribunda madre. Peter Strambur entraba a la habitación donde Serenity se hallaba acostada, tan débil y con una enorme deficiencia física que la dejaba necesitando ayuda incluso para las cosas más sencillas, como comer, beber agua, incluso ir al baño utilizando una bacinica de aluminio sobre la misma cama, en poco tiempo había perdido hasta quince kilos debido a su enfermedad y las sesiones de quimioterapias fallidas que ya no servían de nada debido al estado tan avanzado del cáncer terminal en su estómago, solamente quedaba el recuerdo de aquella mujer hermosa que alguna vez fue; el cáncer es un arma cruel que la muerte utiliza para burlarse de nuestra fragilidad como simples humanos. — ¿Qué es ese ruido? , ¿dónde está Kassidy? — preguntó Serenity automáticamente y de manera pausada como si le faltara el aliento. — Es precisamente ella quien hace ese ruido, esta practicando un extraño baile nuevo que aprendió en la escuela, ya sabes como son estos adolescentes de ahora — respondió Peter inventado una excusa para cubrirse las espaldas. — Mi pequeña, ya es toda una mujer, por favor dile que venga, quiero abrazarla. — ¿Que venga? , eh, no, no, no creo que sea buena idea interrumpirla en este momento, se veía bastante entretenida haciendo su coreografía, creó que será mejor decirle luego, cuando termine con sus cosas te prometo decirle que venga. — ¡Está bien! — susurró muy débilmente cerrando sus ojos con dificultad — voy a morir Peter. — No pienses en eso ahora Serenity, eso pasará cuando sea el momento, por ahora solo importa que descanses un poco para recobrar tus energías — sugirió Peter tomando una taza con papilla de calabaza colocada en la mesa de noche para comenzar a dársela en la boca utilizando una cucharilla — abre la boca y dí "A". Kassidy continuaba golpeando con fuerza y gritando hasta comenzar a quedar un poco afónica, — ¡Mamá! — gritaba buscando la manera de forzar la cerradura o tratar de abrirla con algún trozo de alambre, pero sin poder lograrlo, a sus espaldas comenzaba a surgir una espectral figura emergiendo desde el suelo, su tonalidad era oscura como si estuviera hecho de sombras, no podía distinguirse debido a la poca iluminación en ese sótano donde estaba encerrada, en una posición acechante se preparaba maliciosamente estando listo para arrojarse sobre Kassidy para atacarla. — No estoy de humor Carl — dijo Kassidy indiferente y sin voltear mientras continuaba buscando la manera de abrir la cerradura. — ¡Oh demonios, Kassidy! , ¿será qué nunca lograré asustarte? — dijo Carl emergiendo de las sombras, el mejor amigo de Kassidy quien era un fantasma, el alma errante de un adolescente con problemas de sobre peso. — En serio me gustaría tener tiempo para fingir que me agradas, pero como verás... Me dejaron encerrada. — ¿Quién haría una cosa tan cruel y despiada? — ¡Te reto a que lo adivines! — exclamó Kassidy volteando repentinamente para buscar una barra de metal para golpear la cerradura. — ¿Jesucristo? — No Carl, no fue Jesucristo. — ¡Papá Noel! — ¡Mi padrastro! , ¿si?, mi cruel y déspota padrastro me encerró aquí hace media hora. — Estaba fácil de adivinar — dijo el "astuto" Carl reposando sus brazos de una mesa cercana. — ¿Estás seguro que no padecías algún retraso mental cuando estabas vivo? — preguntó Kassidy deteniéndose un segundo antes de comenzar a golpear la cerradura. — A veces me gustaría poder recordarlo, pero no logro recordar nada de mi vida, solamente sé que me llamaba Carl — respondiendo suspirando entristecido. Exactamente en el instante que Kassidy tomaba impulso para golpear la cerradura levantando la pesada barra de metal, un fantasma atravesó repentinamente la pared detrás de ellos provocando que se quedarán paralizados observando a ese espectro desconocido que había aparecido de la nada, era la figura de un señor calvo, de bigotes, lentes, y vestido con una bata de herrero; ese señor muerto en el fondo del oscuro sótano aprovecharía el incómodo silencio para hablar. — Hola, mi nombre es Justino Prado, soy el fantasma del cerrajero del pueblo, llevo mucho tiempo buscándote, Kassidy Ferdinal, entre las almas errantes se habla mucho de tí, dicen que eres la niña que ayuda a las almas en pena a pasar al siguiente plano, necesito un enorme favor de tu parte — dijo el recién llegado fantasma. — ¿Cerrajero dijiste? — preguntó Kassidy paralizada sosteniendo esa pesada barra de metal suspendida en el aire lista para golpear la cerradura. Con la ayuda del señor Justino Prado, y gracias a sus cincuenta años de experiencia trabajando con cerraduras, pudieron abrir la puerta del sótano donde estaba encerrada Kassidy por decisión de su egoísta padrastro. — Finalmente somos libres — expresó alegremente Kassidy luego de abrir esa puerta. — Bueno, técnicamente, tú eres libre, porque nosotros podemos atravesar paredes — dijo Carl pensando un poco. — Carl... ¡cállate! — dijo Kassidy. Caminando con la punta de los pies, logró salir de la casa de su padrastro sin que este lo notara para acudir en la ayuda del señor Justino quien angustiado solicitaba los servicios de Kassidy. — Muy bien señor Crespo, repasemos, usted quiere que le sirva como canal de comunicación para hablar con su esposa, para decirle algo que es muy importante, un asunto que dejó pendiente en esta tierra, y el cual es la razón por la cual su alma no ha podido irse a descansar en paz al otro plano, ¿estoy en lo cierto? — mientras caminaban tranquilamente por la calle en plena luz del día. — si, es completamente correcto — respondió amablemente Justino — es algo muy importante para mi esposa, la señora Prado. — ¡Un momento!, si usted es Justino Prado, y su esposa es apellido Prado también, eso significa que usted.... ¿se casó con su hermana? — preguntó Carl aterrado. — ¡Dios mío! , ¿qué he hecho yo para merecer esto? — preguntó Kassidy sarcásticamente mirando al cielo. — No, no Carl, no me casé con mi hermana; ella decidió llevar mi apellido a partir de nuestra boda — aclaró el fantasma de Justino Prado sonriendo cordialmente. — ¿Dónde podemos encontrar a la señora Prado? — preguntó Kassidy. — En mi vieja cerrajería, ella vive en la casa de al lado, donde vivimos juntos por más de cuarenta años. — Perfecto, hacia allá nos dirigiremos. ¿Algo más que quiera preguntarme señor Prado? — Si Kassidy, tengo una pequeña duda, ¿no te preocupa que todas esas persona sepan que estás caminado junto a dos fantasmas? — Sólo yo puedo verlos a ustedes, señor Prado, para ellos solamente soy una extraña loca hablando con amigos imaginarios que no existen. — ¡Interesante! Finalmente llegarían a la cerrajería que en vida le perteneció al señor Justino Prado, pero que luego de su lamentable fallecimiento al ser atropellado por un automóvil, todo el local le quedaría a su amada esposa Aleyda Prado quien ha sido la persona encargada de sacar adelante al negocio familiar; Kassidy tocaba la puerta de la casa de al lado de la cerrajería donde el fantasma de Justino le aseguraba que encontraría a su esposa. — Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarte? — preguntó la señora Aleyda al abrir la puerta — ¡Kassidy! qué linda sorpresa, pasa por favor. — ¿Usted me conoce? — preguntó Kassidy extrañada al ingresar a la vivienda. — Claro tesoro, ¿quién no conoce a la famosa niña que regresó milagrosamente de la muerte? — explicó la señora Prado — ¿cómo sigue tu madre? — Continúa muriéndose con cáncer, escuche señora Prado, he venido hasta aquí porque tengo algo muy importante que decirle — aseguró. — No me imagino que pueda ser. — Es sobre su esposo Justino Prado. — ¿Qué tienes que decirme tú de un hombre que murió antes de que nacieras tesoro? — ¡Demonios odio este trabajo! , muy bien señora prado, digamos que de alguna manera muy extraña y misteriosa que no estoy dispuesta a explicar, su esposo se comunicó conmigo para que yo le sirviera como canal de comunicación con usted. — ¿Esto es una especie de broma o algo así? — Creame que yo soy la primera que desearía que fuera una broma. — Ese miserable no dejó más que enormes deudas a esta familia, me he pasado las últimas dos décadas de mi vida tratando de salvar esa vieja cerrajería de la quiebra, pero ya este último año ha sido totalmente imposible, como te habrás dado cuenta, está cerrada debido a que se ha vuelto imposible mantener en pie a esa fábrica de deudas que dejó al morir. — Bueno, le aseguro que él está en esta habitación en este preciso momento, y me ha confesado que tiene algo muy importante que decirle. — Esto es una completa falta de respeto Kassidy, me temo que voy a pedirte que por favor salgas de mi casa en este precioso momento — dijo la señora Prado sentándose indignada en el sofá de su sala. — Dile "mi hermosa lirio blanco" — susurró el fantasma del señor Justino — No le diré eso a una señora que podría ser mi abuela, eso sería muy extraño — respondió Kassidy en baja voz mientras que la señora Aleyda la observaba extrañada pensando que la joven estaba completamente loca. — Por favor confía en mí — insistió el señor Prado. — En serio odio este trabajo — dijo Kassidy antes de prepararse para decirlo — mi hermosa lirio blanco. — ¿Cómo dijiste? , nadie me había llamado así desde que Justino murió, ¿cómo supiste que ese era su apodo para conmigo? — Dile sobre el lunar en su espalda en forma de estrella — insistió el señor Prado. — Yo me voy de aquí — dijo Kassidy dando media vuelta. — Por favor, por favor Kassidy, sólo así terminarás de convencerla. Confía en mí. — ¡Rayos! ..... El señor Prado me dice que usted tiene un lunar en forma de estrella en la espalda. — Es cierto, ¿cómo lo supiste? — preguntó la señora Aleyda bajando su bata de abuela para mostrar su peludo lunar en forma de estrella provocando gesto de asco en Kassidy y ocasionando vómito en Carl a pesar de que sea imposible que los fantasmas vomiten. — ¡Es tan hermosa! — expresó el señor Prado con admiración de enamorado. — ¿Ahora sí me cree? — preguntó Kassidy con cara de tener nauseas. — ¿En serio está aquí? , ¿puede verme y oírme? — preguntó Aleyda. — Efectivamente, ahora mismo la está mirando con ojos de enamorado. — Por favor preguntale cómo le ha ido estos veinte años muerto. — no quiero que sepa todas las cosas terrible que he pasado, lo desesperante que se siente que nadie pueda verte, la fría oscuridad que te rodea cuando todos duermen y no sabes a donde ir, el olvido carcomiendo tu espectro lentamente; mejor dile que eso no importa, solo quiero que sepa que la he extraño muchísimo, y anhelaba volver a charlar con ella — confesó el señor Prado. — El dice qué eso ya no tiene importancia, solo quiere que usted sepa que la ha extrañado mucho y que deseaba volver a hablar con usted. — Pero si me ama tanto, ¿Porqué sólo me dejó un negocio endeudado?, ¿dónde está todo el dinero que ahorró por años? — cuestionó la señora Aleyda. — Cuando todo se vino abajo, y me comencé a llenar de deudas, el banco quería despojarme de el dinero que estaba en mis cuentas, pero yo fui mucho más astuto que ellos sacando los miles de dólares que había ahorrado por años, y escondiéndolos en un lugar seguro donde pudieran estar a salvo, tenía pensado qué Aleyda y yo nos marcháramos a vivir juntos a una paradisíaca isla como ella siempre lo soñó, lamentablemente mi muerte llegó de manera repentina acabando con todos mis planes, es por eso que he estado vagando errante por dos décadas; por favor dile que el dinero está enterrado junto al árbol de manzanas que está en el patio — dijo Justino. — Por favor venga conmigo — pidió Kassidy amablemente dirigiéndose al árbol de manzanas en el patio. Kassidy caminó hasta tomar una pala de jardín delante de la mirada extrañada de la señora Aleyda. — ¡Es justo allí! — señaló el señor Justino Prado apuntando con su dedo índice el punto exacto donde Kassidy debía cavar, y efectivamente así lo hizo. — ¡Uy que miedo! , estamos desenterrado el tesoro de un viejo muerto — dijo Carl mientras que el señor Prado lo miraba inexpresivo admirando el tamaño de su estupidez. Luego de unos minutos cavando, Kassidy extraería una caja con miles de dólares dentro, en total ciento cuarenta y tres mil dolares que cambiarían por completo el estilo de vida de la señora Aleyda. — ¡Santa madre de Dios! — dijo la señora Aleyda cayendo de rodillas con ese dinero en sus manos. — Por favor dile que ese dinero es para que viva decentemente estos tres años de vida que le restan — dijo el señor Prado. — Dice el señor Prado que este dinero es para que cambie su estilo de vida y ayude a todo aquel que le sea posible — dijo Kassidy sonriendo, sabiendo que no podía decirle eso. — Gracias querida Kassidy, eres un verdadero ángel, solo dile por favor una última cosa antes de marcharme al más allá; dile que la estaré esperando en el paraíso. — Él la estará esperando en el paraíso pacientemente señora Aleyda. — ¿Dónde está? , ¡daría lo que sea por volver a verlo. — La está abrazando justo ahora — confesó Kassidy. La señora Aleyda se abrazó a ella misma fuertemente tratando de responder el tierno abrazo de su esposo quien la amaba intensamente, un amor infinito que ni siquiera la misma muerte pudo apagar, el también la abrazaba fuertemente a pesar de no poderla tocar físicamente, y así ese momento quedaría como una pequeña coma haciendo pausa en esta linda historia de amor que seguramente continuaría en el más allá por toda la eternidad, el señor Prado se desvaneció lentamente mientras que la señora Aleyda yacía arrodillada abrazándose a sí misma mientras Kassidy secaba con su mano una brillante lágrima que rodaba por su mejilla. — Te lo agradezco muchísimo querida Kassidy, hoy estoy sintiendo una paz enorme en mi corazón, una tranquilad que no sentía desde hace muchos años cuando dormía feliz en los brazos de mi amado esposo, ahora puedo vivir pasivamente teniendo la certeza de que volveré a verlo en el más allá, algún día cuando yo también muera. — Si señora Aleyda, tres años no es mucho tiempo. — ¿cómo dices? — ¡Nada! , olvidelo, debo volver a casa. — Bueno querida, no tengo como agradecerte lo que has hecho por el alma de mi esposo. — No se preocupe, ese es mi trabajo, que tenga una linda noche — dijo Kassidy saliendo de la casa de la señora Aleyda acompañada de Carl. — ¿Qué es esa luz roja en tu bolsillo? — preguntó Carl curiosamente señalando el bolsillo derecho del pantalón de Kassidy. Kassidy metió su mano para sacar la pequeña esfera que no dejaba de brillar de manera titilante encendiéndose y apagándose una y otra vez sin cesar. — ¡No lo sé! , ¡nunca había hecho eso! — dijo Kassidy extrañada observando la pequeña esfera en la palma de su mano, para mirar con rareza el rostro de Carl posteriormente sin entender nada de lo que estaba pasando. De vuelta en su casa, pudo subir a su habitación milagrosamente si toparse con el déspota de su padrastro, una vez allí trataba de descansar luego de un día bastante estresante, cuando un nuevo fantasma atravesó su pared repentinamente, esta vez era un joven extremadamente guapo y vestido elegantemente quien sin tartamudear preguntó — ¿Tú eres Kassidy? — Eso creo — respondió Kassidy asombrada con tanta belleza, era el hombre de sus sueños, era EL CHICO PERFECTO
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