CAPÍTULO 4 "ENCERRADA"

1489 Words
La línea invisible que separa éste mundo terrenal del plano espiritual resulta ser muy delgada, pero es imposible de cruzar, no hay una fuerza en el universo tan poderosa como para ser capaz de regresar a alguien de la muerte, o al menos aún no ha sido descubierta; eso la hace tan única, tan rotunda, tan inevitable, desde el inicio de la humanidad, hemos soñado con ser eternos, con ser inmortales, con ser estrellas que brillen infinitamente sin conocer un final, lamentablemente es sólo una idea absurda que siempre termina recibiendo una fuerte bofetada de realidad cuando morimos; pero existen casos extraordinarios como el de Kassidy Ferdinal, quien estuvo alrededor de seis horas en el más allá logrando regresar milagrosamente a este lado del universo. Ningún científico en el mundo pudo explicar a ciencia cierta este maravilloso acontecimiento, lo cierto es que nadie puede experimentar ese tipo de eventos sobrenaturales sin que esto le afecte espiritualmente, y el caso de esta joven no sería la excepción, desde que comenzó a tener uso de razón notó que podía ver, oír, y hablar con personas que los demás no veían, al principio fue muy difícil para ella entenderlo, pero siempre fue una niña muy inteligente, rápidamente supo que eso podría traerle problemas, así que dejó de decirle a sus amigos sobre ese don tan peculiar que poseía, y que le permitía interactuar con fantasmas, provocando que ninguno de sus compañeros de clases quisiera hablarle por miedo, fue cuando terminó por convertirse en la chica rara de la escuela, esa que siempre andaba sola y callada. Pero lo que nadie sabia era lo amigable que eran muchos de esos espectros con ella, incluso algunos eran sus mejores amigos, ella solamente podía visualizar a las almas que se encontraban atrapados en este plano terrenal, condenadas a vagar errantes debido a una muerte misteriosa o algún asunto pendiente que hayan dejado antes de fallecer, y la única manera de ingresar al más allá era concluyendo correctamente con ese asunto que lo mantenía atado a esta dimensión, muchos llevaban décadas buscando la manera de lograrlo, pero resultaba imposible debido a que nadie podía verlos ni escucharlos, por eso no era de extrañar que todos ellos acudieran a la pequeña Kassidy en busca de ayuda. Kassidy Ferdinal descubría con mucho dolor la terrible enfermedad que padecía su madre gracias a la extraña esfera que le obsequió el señor Piedamonta, un letal cáncer estaba devorando lentamente su estómago sin que ella ni siquiera lo notara, el sufrimiento de la joven se acrecentaba debido al hecho que no podía decirle nada, su madre debía descubrirlo de manera natural; los días pasaban y Kassidy moría de las ganas por contarle a su madre la lamentable verdad que había descubierto, pero las reglas eran muy claras, y nadie sabía mejor que ella cuán grave era romper las reglas del inframundo, solamente le quedaba esperar el momento mientras la preocupación no la dejaba dormir por las noches. Esa mañana Kassidy se levantaba muy temprano para asistir a la escuela, tomaba asiento junto a la mesa de la cocina para desayunar antes de comenzar su día observando a Serenity terminar de prepararle esos huevos revueltos que a ella tanto le encantaba. — Buen día mi amor, ¿como pasaste la noche? — preguntaba Serenity dulcemente a su hija mientras servía el desayuno. — Muy bien mamá, algo estresada por los últimos exámenes que he tenido, es todo — respondió Kassidy amablemente con una sonrisa. — Qué bueno hija, es lo normal en la vida de una adolescente — dijo en medio de un gesto de dolor mientras suspiraba sentándose. — ¿Te encuantras bien mamá? — preguntó angustiada. — Si hija, no te preocupes, es solamente un cólico, ya se me pasará. — Debías pensar seriamente en asistir a un médico mamá — sugirió. — Tú sabes muy bien que Peter apenas aporta para los gastos de la casa hija, seguramente no aceptará darme dinero para que yo asista innecesariamente a un médico — aseguró Serenity — él lo llama "lujos innecesarios", me sorprende lo tacaño que se a vuelto con el pasar de los años. — Es en serio mamá, quiero que hagas lo que tengas que hacer para asistir a un especialista lo más pronto posible — dijo Kassidy muy seriamente mirándola a los ojos fijamente. — Esta bien... hija — respondió ella muy extrañada por la seriedad de su hija. — Me tengo que ir, no quiero llegar tarde a la escuela. — ¡Hija, espera!  — Dime mamá — expresó deteniéndose antes de cruzar la puerta. — Kassidy, por favor trata de llegar justo a la hora por favor, sabes que a Peter le molesta que llegues tarde a casa, el sabe muy bien cual es tu horario escolar. — Si mamá, los he escuchado discutir durante la noche por mi culpa, lo siento — dijo Kassidy con tono de arrepentimiento. — No te preocupes mi amor, sabes que mientras viva siempre te protegeré, pero también debemos de tratar de evitar problemas con Peter. — No tienes porqué soportarlo toda la vida y lo sabes — exclamó Kassidy con rabia. — Kassidy por favor ya hablamos sobre ese tema y conoces mi posición, ambas tenemos mucho que agradecerle a él. — No quiero discutir contigo más nunca mamá, quiero disfrutar cada segundo a tu lado... ¡Te amo! — dijo Kassidy regresando para abrazar fuertemente a su madre mientras lloraba sin razón aparente. — ¡Oh, mi pequeña Kassidy! — respondió besándola en la frente — yo también te amo, te amo muchísimo. Los días pasaron y el dolor en el estómago de Serenity continuó haciéndose cada vez más agudo e insoportable provocando que se retorciera de manera agónica buscando un poco de alivio, Peter Strambur insistía en que solamente eran cólicos menstruales muy fuertes, que sería un verdadero desperdicio de dinero asistir a un especialista para que les dijera lo mismo que ya él estaba diciendo, llegaría el día del cumpleaños de Peter, él tenía una tradición para celebrar el aniversario de su nacimiento, simplemente asistía a un hermoso parque en el centro de la ciudad donde realizaba un pequeño paseo; precisamente ese era el plan esa fresca mañana en la que el sol brillaba y la brisa acariciaba sutilmente los árboles moviendo sus hojas suavemente. Serenity hacía un enorme esfuerzo por acompañar a su cónyuge en un día tan especial para él, tratando de mentalizarse que no sentía ningún dolor cuando en realidad estaba sufriendo inhumanamente con cada paso que daba; ella simplemente quería complacer a su pareja en ese paseo que había estado planeando por meses, su frente empapada en sudor hubiera sido motivo suficiente para cualquier otra persona para volver a casa automáticamente, pero para el déspota de Peter Strambur solo significaba cansancio debido a la caminata, la destrucción de algunas personas comienza cuando intentan tercamente sobrepasar sus límites naturales en pro de no demostrar debilidad. Serenity Ferdinal terminaría desplomándose en pleno parque central delante de una multitud que corría en su ayuda. La sombra de una camilla que ingresaba lentamente a la maquina de resonancia magnética, un doctor que contaba la terrible verdad acerca de una enfermedad espantosa que no tiene cura, una Serenity que lloraba siendo abrazada por su cónyuge mientras temblaba del miedo sintiendo la muerte respirando en su nuca, un reloj que agota paulatinamente sus granos de arena representando el tiempo de vida que le restaba a esta buena mujer que nunca hizo mal a nadie, es imposible consolar a quien lo sabe todo perdido porque mientras tú respiras aliviado esperando el siguiente amanecer, ellos disfrutan cada bocanada de oxígeno sin saber si será la última. El tiempo pasó lentamente, asfixiando sin piedad a la pobre Kassidy que miraba con dolor como su madre se consumía cada día más postrada en una cama de la cual no se podía levantar, las cosas con su padrastro Peter Strambur se habían tornado bastante turbias debido a frecuentes discusiones que se suscitaban a cada momento. Ese día Kassidy llegó diez minutos más tarde de lo acordado en su horario escolar debido a un pequeño embotellamiento de tráfico en su camino de regreso a casa. — ¿Se puede saber dónde diablos estabas metida? — preguntaba Peter con un tono que reflejaba molestia. — Deja de fingir que eres mi padre, porque no lo eres — respondió Kassidy también muy molesta. — Eres menor de edad y vives en mi casa, y mientras tu mamá esté postrada en esa cama, yo soy tu representante oficial, así que debes hacer lo que yo diga, ¿entiendes? — ¡Jamás! , ¡jamás me dejaré amedrentar por un déspota como tú — gritó fuertemente. — Eso lo veremos mocosa malcriada — dijo Peter tomándola fuertemente del brazo aprovechándose de su superioridad física para meterla en el sótano contra su voluntad, dónde la dejaría ENCERRADA bajo llaves.
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