Leo el libro que llevo en la mano y entro al aula donde unos pocos han comenzado a llegar, me siento en
las sillas de adelante y en ese momento Andrés García, se sienta a mi lado ruedo los ojos
— Eh guapa, ¿Cómo has estado? ¿Quieres pasarte por mi casa, esta tarde? — pregunta, pongo una
sonrisa en mi rostro y lo miro
— Gracias Andrés … Créeme NO era necesario lo de guapa, porque créeme sé que lo soy, y agradezco tu
invitación, pero tengo que trabajar — digo y entonces entra la maestra Sara Pimentel, ni idea de ese
apellido pero sonaba muy Pimentel, si muy peculiar, pero genial.
— Espero que todos hayan estudiado para el examen de hoy — dice y felizmente saco mi cartera y mis
lápices, me separó de mi compañero y espero por las hojas de preguntas y respuestas.
Para ser honesta, he mantenido un promedio de 4.1 si, podría ser mejor pero no me quejo, no solo debo
pensar en mis estudios sino en muchas otras cosas más y aunque han habido proposiciones para mí
persona en este lugar, hasta ahora nadie ha llamado mi atención, si tengo curiosidad, y creo que en ocasiones la ficción y la realidad, pueden tener una delgada línea que las separa, que simplemente se pasa por alto pero bueno, no es momento de pensar en ello.
El examen parece de esos que se hacen solos, tan fácil que podría hacerlo con los ojos cerrados,
agradezco las horas después del trabajo en la biblioteca de la universidad, leer tantos libros en griego
me había ayudado, termino mi examen en menos de los esperado, incluso le doy varias vueltas para
corregir y lo entrego a la señora Pimentel, entonces en ese momento …
«Señorita Airyn Gongora, por favor presentarse en dirección, repito, por favor presentarse en dirección»
dice la voz del director por el altavoz, las miradas recaen sobre mi y me siento como si estuviese
enfrente de un juzgado.
— Debes ir Airyn ha de ser algo importante — dice la maestra y haciendo un gesto de disculpa me retiro
Las manos me sudan frío y si no he hecho nada malo, pero que te llamen a dirección te pone nervioso,
tocó la puerta que está custodiada por dos gigantescas moles d músculo, trago en seco y entonces...
— Adelante, señorita Gongora — dice el director
Abro la puerta y los hombres no me quitan la mirada, los miro y — Disculpen, ¿SOY o me parezco? —
pregunto y estos retiran la mirada, regreso mi atención a las cuatro personas que están en la oficina de
dirección, un hombre algo mayor de traje con una mirada penetrante y algo gélida y una mujer que
parece latina hermosamente arreglada están allí, pero también están el director y su secretaria.
— Señor me llamó, ¿Puedo saber qué pasa? — pregunto
— Señorita Góngora, el señor Antonescu, está aquí para hablar con usted — dice indicándome al
hombre de traje que parece enfadado conmigo, la mujer parece hacerle gestos de que se relaje y me da
un par de sonrisas amables.
— Señor Antonescu, soy Airyn Gongora, ¿En qué puedo servirle? — digo extendiendo mi mano, el
hombre adopta una postura algo relajada pero como imponiendo está extraña aura de autoridad.
— Señorita Góngora, estoy aquí porque mi hijo estuvo involucrado en un accidente en el cual usted fue
participe — dice y en ese momento siento mi sangre helarse
¿Qué debo decir? Quizá me va a pedir una compensación y por el traje que veo y la ropa de su esposa
NO será nada económica.
— ¿Hay algo que pueda hacer? — pregunto
La señora Antonescu saca lo que parece ser una carpeta de su elegante bolso y con una sonrisa se lo
entrega a su esposo, quien me extiende la carpeta.
— Esto, es lo que puedes hacer — dice y abro la carpeta, dice CONTRATO, abro mis ojos de para en par
al ver la suma de dinero, no tengo que pagar nada, en su lugar ¿Van a pagarme? Pero ¿Por qué?
— Señor Antonescu, tengo un trabajo de medio tiempo, tiene razón debo ser responsable de mis
acciones, pero tampoco puedo abandonar mis responsabilidades — digo, el señor Antonescu parece no
dar crédito a mis palabras.
— Hmm, bien, entonces deja que mi esposa se encargue de eso, tú vendrás luego de clases a nuestra
casa, se te explicará lo que debes hacer — dice y dando mi más amable sonrisa
— Así será señor — digo, el director y la secretaria parecen algo nerviosos.
«¿Acaso me perdí de algo?» me pregunto, entonces la señora Antonescu le pide a su esposo que le
permita acompañarme fuera de la oficina.
— Ay lamento mucho la actitud de mi esposo, jovencita, pero ese niño es su único hijo mayor y no concibe que
nada malo le pase — dice amablemente
— Señora Antonescu, no era mi intención, que su hijo saliera herido, Ahm, haré lo que pueda para
cumplir con las condiciones de su esposo — digo y ella niega
— No te dejes engañar por su apariencia, pareces ser una buena jovencita, seguro que le caerás bien —
dice intentando animarme
Me encojo de hombros — Si usted lo dice — digo y ella sonríe — Por favor, firma cuanto antes y
entrégalo cuando llegues a nuestra casa, mi esposo es una persona muy organizada — dice
— Eso haré, si usted se encarga de Federico por mi — digo
— No te preocupes, eso mismo haré, y ¿Puedo llamarte Airyn? — pregunta
— Puede llamarme como guste — digo y entonces me pide que regrese a clase.
Antonescu, ese apellido no es Español, al menos, NO que yo sepa, suena más polaco o rumano,
aunque los polacos son más como "ski", ¿Dónde rayos me había metido? La señora Antonescu se veía
amable pero me sentía juzgada por su esposo, ahora, NO me quería ni imaginar lo que pensaría su hijo
de mí por lo que le había ocasionado.