Capítulo II - IN FRAGANTI

1340 Words
— Airyn, deja de perder el tiempo querida, qui hay mucho que hacer — exclama Ruedo los ojos, aquí ven un ejemplo de ver el punto n***o en lo que se hace, NUNCA he llegado tarde a mi empleo y una vez lo hago me gano la regañina de mi jefe, elevó mi mirada al cielo luego de haberle puesto el candado y entro a la pastelería, me pongo el gracioso pero peculiar uniforme. Un par de chicas entran en medio de risas al local y piden rollos d canela light, parece que hablan de chicos y acostones, niego y pienso en lo abiertas que son. «Joder, si hablo de ello sería para decir que no me he acostado con nadie en más de tres años» pienso sintiendo mis mejillas arder. Cielos me estoy oxidando, rio y me voy a la zona de bebidas para preparar un par d batidos bajos en grasa para las dos chicas, amo la pastelería y atender a las personas, y aunque estudio lenguas antiguas y me encantaría Ser maestra de literatura y escribir un bestseller, aún me falta un largo camino para ello, si tuviera suficiente dinero crearía mi propia pastelería con un concepto literario muy especial, en fin, el caso es que cada cliente que entra a esta tienda tiene una historia, me preguntó como seria si pudiese escribir un libro donde todas sus vidas convergieran … en este lugar, algunos encontrarían amigos, otros amantes, otros tal vez el amor y así, pero no es el caso, les sirvo los batidos a las chicas que me miran por debajo de sus hombros, si, a decir verdad esto me molesta un poco, no me conocen , no creo que tengan porque juzgarme con sus miradas de arpía. «Carajo, ahora soy yo quien esta juzgándolas» pienso y me doy una cachetada mental, mientras veo sus magníficos cuerpos, si, ojalá pudiese tener uno así, quizá llamaría más o atención y no pasaría desapercibida, pero surge la pregunta ¿Cuántos libros leería, como miraría a las personas, en que invertiría mi dinero? En pocas palabras ¿En que me convertiría? Si, lo sé el físico no define tu personalidad, pero si estás chicas me miran así, vaya que se nota lo vacías pero llenas de si mismas que están. Regreso al mostrador y veo a mas personas llegar entre ellos el señor Gonzáles y su esposa, quienes siempre piden un capuchino caliente y galletas de avena, cuando los veo, ya ancianos Pienso en si han pasado muchos años juntos y si realmente esa clase de amor existe o si son pocas las personas que viven de esa manera, mis padres no fueron así, y supongo que corro con el mismo destino que mi madre. Les sirvo el pedido al señor y la señora Gonzáles y como es usual, me piden que me quedé a charlar con ellos. — Niña, ¿Cómo es que te vas de aquí tan tarde sola? — preguntan luego d que les digo la hora a la que salgo de trabajar. Sonrío y les muestro mi llavero mágico — Puedo verme pequeña pero soy peligrosa, se meten conmigo y les aplicó gas pimienta — digo y ambos se echan a reír. Al verlos así, me preguntó como habrían sido las cosas si el hombre que me dio la vida no nos hubiera dejado, entonces... — Mesera, mesera — dice una de las chicas con una goma que mascar en la boca — Si, ¿En que puedo ayudarte? — pregunto levantándome de la silla — Quisiera pagar la cuenta, por favor — dice — Por supuesto, son 8 euros con 50 — dice y deja un billete de 10 euros … —Quédate el cambio, como propina — dice —Gracias, regresen pronto — digo y entonces se une a su amiga — Jajaja, que atuendo más estúpido — dice — Lo sé y ¿Viste como nos miraba? — comenta la otra Lo que hace que me pregunte ¿Acaso las mire demasiado? Si y aquí viene el temor a lo que dicen, "¿que importa lo que piensen de ti Airyn, eso no cambia las cosas?" es lo que siempre dice mamá. Pongo mi mejor sonrisa en la cara y regreso con los Gonzáles quienes me miran con algo de pena, les sonrió y le resto importancia al asunto. — No se preocupen, estoy bien— digo y limpio la mesa donde las dos chicas estaban sentadas. Los Gonzáles siguen cómodos en su mesa mirando por la ventana y yo decido llamar a mi mamá. — Hola mamá, si, seguro aún sigues en tu trabajo, quiero que sepas que estoy bien, perdón por no llamarte temprano, estuve en un accidente vehicular y llegué tarde a trabajar, no te preocupes, no me pasó nada, parece que nadie resulto herido — digo miro la hora del reloj en La pared, 45 minutos y mi jornada de trabajo acaba, suspiro y los Gonzáles me hacen un gesto para que regrese a su mesa. Ambos me miran y me entregan un billete de 20 euros. — Airyn, toma, toma un taxi hasta tu apartamento, después de todo, no es bueno que andes en bicicleta sola a altas horas por el lugar en el que vives — dicen Sonrío — No me atrevo a aceptarlo, les servirá en otro momento — digo —Oh querida, sabes que a mi esposo no le gusta que lo rechacen, tómalo, ya nos lo pagarás algún día — dice la señora Gonzáles y me resigno. — Bien, pero se los pagaré — digo. Federico sale de la cocina y mira al reloj — Airyn, puedes retirarte, ¿Dejaste la caja organizada? — pregunta — Si señor, está todo bien, las facturas del día están en la carpeta que me pediste y el sistema está actualizado con las existencias de insumos, si no es más, ir a cambiarme — digo, y haciendo un gesto de despedida a los Gonzáles, me voy a los baños para cambiarme. De pronto las imágenes del Accidente de horas de la tarde vienen a mi mente, ¿Cómo es que ese chico había podido pararse así nada más? No era Edward Cullen, los vampiros no existen y tampoco los superhéroes, ¿Quién carajos era y como había hecho aquello? Al menos se habría rostro una costilla, un escalofrío me recorre el cuerpo solo de pensarlo, y entonces me quito el uniforme raro de la pastelería y me pongo mi ropa, llamo un taxi y lo pido con maleta para poder llevar mi bicicleta. A decir verdad, España es un país muy hermoso, pero como es de hermoso también hay zonas donde suele ser muy peligroso, además ser latina no lo hace más fácil, suele haber mucha discriminación en algunas personas y eso no lo hace muy difícil, para ser honesta nunca me hubiera imaginado que viviría en Europa, después de todo mi madre y yo no éramos las personas más adineradas pero mis buenas notas y mi personalidad de nerd me trajeron hasta aquí, me había ganado una beca en una universidad para estudiar literatura y lenguas Antiguas, mamá no quiso venir conmigo, dijo que en nuestro país era feliz y que yo era la joven y la que podía aprender catalán o gallego en caso de ser necesario, que ella solo sería una carga para mí, niego y salgo del baño, el taxi me espera y los Gonzáles me observan hasta que subo al auto y este se comienza a alejar, le doy la dirección al conductor y vuelvo a viajar al momento del accidente y ¿Si me metí en algún problema? Y ¿Si eran personas importantes? El auto y la motocicleta que vi no eran cualquier cosa y además de eso, la mirada del otro chico al ver al de la motocicleta hizo que la sangre se me helara. «¿Con quien carajos me había metido sin quererlo?» pienso mientras trago el nudo que se me forma en la garganta.
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