Odio
Advertencia: La siguiente historia tendrá contenido sensible, no apto para todo tipo de persona. Sugiero discreción.
Desde la muerte de mi madre, mi hogar se convirtió en un campo de batalla, donde solo sobrevive el más fuerte. Mis energías y tolerancia ya no son las mismas, cabizbajo acepto la derrota en el afán de que todo acabe pronto. La luz al final del túnel no la veo, he aprendido a caminar sin rumbo y a ciegas en la oscuridad.
Esa usurpadora ha tomado el lugar de mi madre. No satisfecha con destruir los pocos recuerdos que tenía de ella, su descaro y perversión lo ha llevado a otros extremos.
«Inútil», la palabra que mejor me define. «Impotencia», al no ser escuchado como deseo. «Suciedad», sentimiento que me agobia cuando la veo levantarse de mi cama.
Esa mujer es la culpable de que mi vida se haya vuelto más miserable de lo que en sí ya era.
«¿Qué se siente matar a una persona?». Era una pregunta muy curiosa que despertaba un sinnúmero de sentimientos en mi interior. Pareciera que esa ventana con la notificación en mi computador estuviese enviándome un mensaje; así lo percibía. Las letras eran tan llamativas y coloridas, era inevitable que pasara desapercibido.
Los testimonios de cada persona eran distintos, pero lo que nos volvía iguales, era la misma curiosidad que me generaba cada relato.
Ojalá fuera fácil poner fin a mis problemas. Si la solución estuviera al alcance de todos y la cobardía durmiera en algún lugar, no existirían tantas almas podridas.
Cerré la pantalla de mi computador, tras haber oído los pasos de lo que pensé que era mi padre. Sabía que vendría sin falta a darme un escarmiento, pues según él, así le llama a mostrar quien manda.
—Me jodo pagando la mensualidad de ese dichoso colegio, ¿y esta basura es lo que me traes? —me arrojó con el zapato y traté de esquivarlo—. Eres igual de inútil que tu madre — soltó las calificaciones sobre mi cama.
—No menciones a mi madre.
—Hijo de culebra no nace redondo. Tu madre no terminó sus estudios porque se dio cuenta de que tenía un talento inigualable. Sabía que abriéndole las piernas a cuanto hombre se le arrimara y manteniéndolos contentos, no tendría que trabajar por lo suyo, porque le darían todo. Ella quería vivir como rica sin estudiar, sin trabajar, y sin nada, solo a costa de mí y tal parece que tú vas por el mismo camino.
—¡A mí madre la respetas! — sus palabras me dolieron, porque a él no pareció nunca importarle la muerte de mi madre.
Su puño no lo esperaba, por lo que no pude evitarlo.
—¿Quién mierda te has creído, mocoso insolente? — con el cinturón que enrolló en su mano, me golpeó a diestra y siniestra, sin siquiera importarle dónde me daba.
Traté de taparme con la sábana, pero no quería dejar mi rostro al descubierto. El ardor de sus constantes azotes no era distinto a lo que día tras día he recibido de su parte.
Siempre he pensado que busca cualquier excusa para descargar su furia y frustraciones conmigo.
—Aquí el padre soy yo y soy el único que tiene derecho a levantar la voz — el último azote lo sentí en la cabeza, y dolía más de lo que pudiera describirlo—. Te vas a quedar en la habitación castigado hasta mañana. Y como te atrevas a salir, te voy a moler a golpes.
—Claro, porque es lo único que sabes hacer — murmuré.
—Que sea la última vez que me contestes.
Me quedé en silencio, no por miedo, sino porque me dolía mucho y no quería recibir más.
—Mañana viene tu hermana a quedarse con nosotros. Como bien sabes, es la hija de tu madre.
—Ella no es mi madre.
—Espero no sigas haciéndole la vida de cuadros a Gloria, porque si me entero, vas a desear no haber nacido.
Gloria, Gloria y más Gloria. Prefiere a esa mujer antes que a su propio hijo. Conmigo siempre tiene una careta, se comporta como un mismo demonio, en cambio con ella muestra dulzura. Ni siquiera con mi madre fue así. La odio con todas mis fuerzas.