Fascinación

1310 Words
—¿Lo dices en serio? —Me siento como un volcán a punto de erupcionar. ¿No lo sientes? —¿Qué dices, Athan? — se volteó hacia mí sorprendida. Notando su confusión, arrinconé su cuerpo contra la pared, llevando su mano a esa zona que tan caliente y dura estaba. No me sentía en sí, la verdad es que me estaba dejando llevar por las emociones y su cercanía. Sus mejillas, especialmente sus orejas, se enrojecieron con suma facilidad. Había dicho muchas cosas sobre su apariencia, pero la verdad es que estaba ciego. No sé qué ha cambiado. Lo único que puedo asegurar es que ese rostro y esa expresión tan dulce que hace, es de muchas maneras atractiva. Humedeció sus labios y ese brillo tan peculiar lo vi como una invitación. No pude detener el impulso, esas ganas tan caóticas de probarlos. Tan carnosos, tan suaves, tan húmedos. Es el primer beso que le doy a una mujer, y jamás imaginé que pudiera provocar tantas sensaciones en todo el cuerpo. De mi garganta se escaparon varios incontrolables gemidos. Tengo la sensación de flotar, mi mente y mis pensamientos se han nublado y todos mis sentidos se han vuelto sensibles. Ese roce tan apasionante entre nuestros labios era extasiante. El néctar de su saliva era adictivo, no podía apartarme de su boca. Su mano se adentró en mi pantalón y pude sentir el calor de ella mezclarse con el mío. Se siente totalmente diferente, algo fuera de este planeta; una sensación extremadamente fascinante. No se podía comparar jamás y nunca con la despreciable sensación que tuve con esa bruja. La forma tan delicada en que me tocaba y tan despacio, me tenía alucinando. Mis manos se fueron soltando poco a poco y lo que antes no me atreví a hacer por vergüenza o por atrevido, terminé haciéndolo. Era inevitable que las cosas no escalaran rápidamente. Era algo desconocido para los dos, aun así, estoy seguro que ella también estaba sintiéndose como yo. Sus pezones lo confirmaban con solo verlos, pero su dulces y suaves gemidos lo hacían más evidente. Nos vimos tentados por la cama, es como si hubiera tenido un imán y nos hubiera atraído a ella. Tenía su cuerpo debajo del mío justo como la deseaba tener. Definitivamente se veía mucho mejor que esa visión que tuve. Sus piernas abiertas, esos muslos tan grandes al descubierto, ambos manguillos abajo, dejándome contemplar sus hermosos senos y su expresión tan tímida. Llevé sus dos manos por arriba de su cabeza y las presioné contra la cama, acaparando seguidamente su cuello. Lamí pausadamente su cuello hasta llegar a su barbilla. Su piel se erizó y pude sentir su temblor. Maldición, quiero hacerla mía… Lo que nos interrumpió fue el fuerte sonido de algo en cristal cayéndose. Evidentemente no fue en nuestro cuarto, sino el del lado, pero acabó con nuestra calentura y concentración. —Debe estar enojada. ¿Será que nos escuchó? — preguntó fatigada. —No lo creo. Ya hubiera venido, ¿no crees? —Así no se puede. —Te entiendo. No te preocupes. Se me ha espantado el calor — reí tontamente. —A mí también — sonrío y me le quedé observando. Es la primera vez que sonríe de esa manera y se ve muy hermosa. —¿Te molesta si me quedo a dormir contigo? —¿Y está bien que lo hagas? Digo, mi mamá está en el otro cuarto. —¿Y crees que me importa lo que ella piense o diga? Esta vez solo vamos a dormir. Pronto tendremos oportunidades de sobra para terminar lo que comenzamos, ¿no? Asintió varias veces y reí. —La comida debe estar fría. Será mejor que la calentemos — le dije. —Ya se me había olvidado la comida. —Ten por seguro que a mí también. En la mañana siguiente pensé encontrar a Estefanía a mi lado, pues recuerdo acostarme con ella a dormir, pero no estaba en el cuarto. Aunque planeaba ir al mío para tomar una ducha y asearme, escuché unas voces que provenían de abajo y bajé las escaleras sigilosamente. —No me hagas reír. ¿Qué podría verle un hombre a una niña como tú? ¿Te has mirado alguna vez en el espejo? Eres fea, gorda, inexperta y torpe; una combinación poco atractiva, para no decir: cero llamativa. No nos parecemos en nada tu y yo. Mira ese cabello maltratado, sin peinar, esa piel tan seca y sucia. Examinemos tu forma de vestir, ni siquiera te vistes como una chica. ¿Tu padre te enseñó a vestirte como camionero? ¿Qué se podría esperar de ese viejo alcohólico y sinvergüenza? No supo cómo criarte y educarte bien. Quiso que fueras idéntica a él; con su mismo estilo anticuado. —Al menos se hizo cargo de mí, no como otra que decidió ser primero mujer antes que madre. —Escúchame bien, escuincle. Si te dejé con ese infeliz, fue porque me daba asco ver lo que salió de mis entrañas. Tu padre no servía, tampoco es que hubiera tenido una razón para quedarme ahí. En aquel entonces quiso quedarse contigo, pero ahora él mismo decidió rendirse y ceder la custodia absoluta tuya. ¿Sabes por qué? porque el alcohol es mucho más importante que mantener a una gorda patética como tú. Hasta a tu padre le das vergüenza. Es una lástima que tenga la mala suerte de ver y mantener a este feto andante. Debí abortarte en aquel momento que me enteré de que estabas creciendo dentro de mí, así me ahorraba la vergüenza. Estefanía se mantuvo en silencio por unos segundos y se volteó a sacar la olla de la estufa. Quería intervenir y callarle la boca a esa bruja maldita, pero a su vez, deseaba saber qué respondería ella. Juro que si se queda callada ante esas palabras tan hirientes, me molestaré y mucho. Sentí el mismo dolor al tener recuerdos de ese viejo maldito que se hacía llamar mi padre. Es como oírlo por segunda vez. —Tienes razón. Pero tú eres la menos indicada para hablar de eso. Podrás ser bonita, pero ¿de qué vale esa belleza, si por dentro estás podrida? Dime una cosa, ¿qué se siente ser tan hermosa, perfecta e importante, si alguien más te ha robado el marido que le robaste a otra? Gloria le dio una bofetada a Estefanía, pero esta vez sí se defendió, agarrándole la mano y torciéndola hacia la espalda. —Todo lo que se hace mal, la vida se encarga de pasar factura. Me parece que eres igual de insignificante que yo, así que fíjate que no somos tan diferentes, Sra. Gloria— la agarró por el cabello y Gloria trató de soltarse—. En lo único que me sentiré satisfecha es en darte el privilegio de verte al espejo de hoy en adelante y así puedas contemplar tu fealdad; la misma que nos hará totalmente diferentes — restregó su rostro en la hornilla eléctrica y el grito de Gloria fue tan fuerte, que tuve miedo de que los vecinos hubieran podido oírla. Solo fueron unos instantes, cuando Estefanía la empujó contra el suelo tan fuerte, que el golpe que recibió en la frente con la encimera la dejó retorciéndose como una lombriz. Dejó de gritar fuerte, pero aún en ese viaje que tenía se quejaba. No intervine porque estaba impactado. Desconocía a la mujer que mis ojos estaban viendo. Definitivamente no era la misma que durmió conmigo anoche, pero a su vez, mentiría si no admito que por dentro me sentía maravillado por conocer otra faceta suya; una tan encantadora, única y perversa a la vez. No sé lo que siento dentro de mí en este momento, si es fascinación, amor, deseo, admiración o todo junto. Pero me gusta, me gusta mucho.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD