S2: Huida

822 Words
Estefanía Ese día supe que todo lo que quería Athan era protegerme. Solo para no volverme una carga para él, le hice caso en lo que me pidió. Pude ver a la distancia que las cosas no habían salido bien, no solo por la cantidad de policías que llegaron a la casa, sino por haber visto a Athan esposado. Quería evitar que se lo llevaran, pero sus palabras se cruzaron por mi cabeza, evitando que lo hiciera. Si lo hago, terminaría encerrada por ser su cómplice y no podría ayudarlo. Ni siquiera sabía qué hacer, pues no podía regresar a esa casa. Tras un largo tiempo pensando, la única decisión que pude tomar fue hacer todo lo posible de regresar a la casa de mi padre. No tenía dinero, aun así me arriesgué a pedir un taxi para que me llevara y luego mi padre le pagara lo que sea. Mi papá estaba en casa, pero todo estaba patas arriba. Descansaba en ese viejo sofá con unas latas de cerveza recostadas en su pecho. El suelo estaba repleto de latas usadas y el olor a cigarrillo fue lo primero que me sacudió. Él no estaba en estas condiciones cuando me tocó irme. Sí se tomaba sus cervezas, pero no con este total descontrol. Esa mujer me lo dijo, pero no le creí. Busqué dinero en su cartera, ya que la había dejado sobre el centro de mesa y le pagué al taxista. Me disponía a despertar ahora a mi papá, pero su actitud fue muy errática. Vine buscando su ayuda, pensando que la tendría, pues siempre estuvo para mí antes, pero ahora solo parecíamos dos completos extraños. No parecía importarle que estuviera aquí, tampoco se veía interesado en preguntarme las razones por la cual había regresado a casa. Se sentó en el sofá, rascando su cabeza y refunfuñando. Sus únicas palabras luego de haber balbuceado, fueron: «prepara la comida». No hubo un saludo, un abrazo o un recibimiento cálido de su parte. Antes era muy dulce conmigo, pero ahora se estaba comportando muy extraño. Hice caso omiso a su actitud, y pensando que todo se le pasaría comiendo algo, fui a la cocina y noté que no había casi nada en la nevera. ¿Qué ha pasado aquí mientras no he estado? Escuché sus pasos al entrar a la cocina y me volteé. —Por tu maldita culpa… — rechinó los dientes, suspirando profundamente—. Todo este desastre es tu culpa— su lengua parecía enredada. —¿De qué estás hablando, papá? —Esa miserable mujer me lo ha quitado todo— sus ojos se veían llorosos—. Si no me hubiera empeñado en tener una familia con ella, sin duda alguna, estaría viviendo una mejor vida, que teniendo que partirme el lomo trabajando para dárselo todo. Si hubiese sabido que rogarle a ella para que aceptara traerte a este mundo iba a conllevar este sufrimiento, hubiera preferido que se sacara ese renacuajo de ahí dentro. —¿Por qué me hablas así, papá? Yo no tengo la culpa. —Por supuesto que la tienes. Te pareces tanto a ella. Tal parece que vivir con ella te ha pegado sus malos hábitos— se guardó la billetera en su bolsillo—. Has venido a mí creyendo que tienes un banco. —No, papá. Las cosas no son así. Déjame explicarte… Su fuerte mano agarró mi brazo y me trajo casi arrastrada a la puerta, tan pronto la abrió, me sacó de la casa de un empujón que me dejó sentada en la entrada. —Lárgate de mi casa y vete con ella. Estas puertas están cerradas para ti y para esa mujerzuela. Para mí las dos están muertas y enterradas — cerró la puerta y escuché el cerrojo al otro lado. Me levanté a toda prisa, sin poder creer que realmente mi padre había sido capaz de echarme de su casa y de tratarme de esa manera. Le toqué la puerta desesperada, tratando de explicarle desde el otro lado, pero por más que lo hice, no se dignó a escucharme o a abrirme. No sé ni cuántas horas estuve sentada en la entrada esperando a que me abriera. Hacía mucho frío y mi ropa no me cubría bien de ello. Guardaba la esperanza de que cuando se calmara, me dejaría explicarle las cosas, pero la verdad es que no lo hizo. Lo que me llevó a tomar la decisión de levantarme fue el sonido de lo que parecía ser una patrulla de la policía. Crucé la carretera y en el matorral de la vecina de enfrente me escondí, creyendo que seguiría de largo. Para mí sorpresa, la patrulla se detuvo frente a la casa de mi padre. No puede ser que hayan dado conmigo tan pronto. Yo quería explicarle las cosas por mi cuenta. Ahora pensará lo peor de mí. Seré una vergüenza y una deshonra para él.
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