Capítulo 16: La Emboscada de los Mercenarios (Narrado por Kai Blackwood)

2015 Words
El amanecer en la puna era un velo de niebla espesa, el sol luchando por perforar las cumbres del Ausangate como un Alfa reacio a mostrar su fuerza. La veta mística latía en la cueva principal, su fulgor plateado amplificado por la alianza tejida –Silverfang, Ceniza y Salvajes fusionados en un tapiz de lealtad sangrienta y placer compartido, aullidos que aún resonaban en mis oídos como gemidos de la noche anterior. El ritual en el termal había sido fuego eterno: Elara montándome en la roca humeante, su coño empapado deslizándose sobre mi polla venosa mientras Zara lamía sus muslos chorreantes, lengua trazando surcos violetas que se rompían en luz pura, Lira enredada con betas mixtos en tríadas que hacían chapotear el agua con embestidas brutales. "¡Fóllame eterno, hierro –hazme chorrear pa' que la horda pruebe la luz tejida!", había gemido Elara, caderas girando en círculos que ordeñaban mi semen en chorros calientes, goteando por sus nalgas pa' mezclarse con los jugos de Zara convulsionando a su lado, su propia polla –no, su coño apretado frotándose contra el mío mientras yo embestía, el termal bebiendo nuestro éxtasis colectivo como néctar divino. La manada había rugido en orgía de unión, coños y pollas fusionados en ritmos crudos que rompían ecos residuales, la plata pulsando con cada clímax como si la Pachamanca se corriera con nosotros, fortaleciendo lazos en placer que hacía brillar la veta como faro en la niebla. Pero la euforia se rompió con el rugido de motores lejanos –no camiones oxidados de cholos, sino bestias mecánicas de Lima, bulldozers masticando tierra con hambre de soles falsos, camiones blindados escupiendo humo n***o que olía a gasolina y codicia capitalina. El guardia capturado de anoche había hablado antes de que Lira le arrancara la garganta: "La empresa manda mercenarios –no mineros, sino tipos con rifles automáticos, drones zumbando como mosquitos del diablo, y explosivos pa' arrasar la cueva en una hora. El capataz era cebo; vienen por la plata que brilla como puta en fiesta, pa' venderla en mercados negros y construir torres en la ciudad". Zara había gruñido, su piel oliva tensa, venas violetas templadas pulsando con rabia: "Mercenarios limeños –carajo, los vi en minas del sur, con botas lustradas y ojos de asesinos pagados, oliendo a billetes sucios. Mi jauría mordió neumáticos antes, pero con drones... necesitamos trampas aéreas, enredaderas encantadas pa' enredar hélices". La manada se había movilizado al alba, betas mixtos tejiendo enredaderas con runas de plata en los riscos altos –espinas encantadas que crecían como garras vivas, listas pa' atrapar drones como moscas en telaraña. Lira lideraba el flanco este, su loba rojiza veloz patrullando con cinco betas Silverfang, ojos miel entrecerrados con astucia pícaro: "Yo muerdo talones de camiones, Alfa –los hago chocar como bestias en celo, pa' que la plata no caiga en manos de falsos ricos". Zara al oeste con Ceniza, su ceniza esbelta acechando con ferocidad nómada: "Mis hilos violetas ahora luz –cegaré faros y enredaré máquinas, pa' que prueben garras andinas". Los Salvajes en retaguardia, mugrientos pero leales, mordiendo neumáticos y dinamita con fauces hambrientas: "Por la alianza follada, Alfa –sangre humana pa' la veta, como bebimos su codicia anoche". Elara y yo al centro, nuestro lazo sincronizando cada paso –su n***o ágil flanqueándome, pelaje vetado de plata rozando mi gris en toques que encendían chispas, el recuerdo del ritual latiendo en mi polla semi-dura bajo el pelaje. "Juntos, Kai –como en el termal, tu polla embistiéndome mientras la horda lamía, ahora embestidas de colmillos pa' romper acero limeño. Si vienen con drones, les arrancaré hélices con dientes, pa' que la plata no caiga en manos de torres falsas". Su voz mental era ronca, cusqueña pura, con ese fuego que me hacía querer montarla ahí, en la quebrada, pa' que la manada oliera nuestra unión fresca antes de la sangre. Los mercenarios llegaron rugiendo al eclipse parcial, convoy de cinco camiones blindados escupiendo polvo, bulldozers masticando el camino con cadenas dentadas, drones zumbando arriba como mosquitos con ojos rojos de cámaras, guardias en techos con rifles automáticos escupiendo balas que silbaban en la niebla. El capataz grande –un limeño fornido con traje barato y bigote engominado, ojos avaros brillando bajo casco– gritó por megáfono: "¡La veta es nuestra, indios del diablo! ¡Dinamiten la cueva y llévenla pa' Lima –plata pa' bolsillos de los que mandan, no pa' lobos salvajes!". Sus hombres –veinte mercenarios con botas lustradas y acentos capitalinos, oliendo a colonia barata y pólvora fresca– bajaron con picos explosivos, drones filmando el terreno pa' guiar los bulldozers. La emboscada estalló como volcán en furia: Lira y betas Silverfang saltando del este, su rojizo veloz derribando el primer camión con mordida en neumático, garras destripando el motor en chispas y humo n***o. "¡Por la manada follada, muerden mi flanco y mueren, cabrones limeños!", aulló, colmillos cerrándose en la garganta de un guardia que disparaba a ciegas, sangre arterial brotando como fuente que salpicó su pelaje. Zara al oeste, Ceniza flanqueando con luz violetas cegando faros de bulldozers, hilos encantados enredando hélices de drones que caían zumbando como moscas aplastadas. "¡Prueben mi alianza tejida, humanos falsos –garras en sus máquinas, pa' que la plata no caiga en torres de mentiras!", rugió, destripando un mercenario con zarpazo que abrió pecho en chorro rojo, rifle cayendo con gorgoteo final. Los Salvajes en retaguardia, fauces hambrientas mordiendo talones de camiones, dinamita aplastada en bocas que escupían explosivos inofensivos al río. "¡Sangre pa' la veta, como bebimos su codicia en el ritual –muérdanme y prueben colmillos salvajes!", gruñeron, derribando vehículos en choques que hacían rugir metal como alaridos ahogados. Elara y yo al corazón, nuestro lazo sincronizando embestidas como en el ritual –mi gris embistiendo al bulldozer principal, mandíbula cerrándose en cadenas dentadas pa' romperlas como leño, garras rasgando neumáticos en chorros de aire y goma. "¡Por la plata que bebió nuestro semen, máquina del diablo –muere pa' que no arrases lo nuestro!", rugí, mientras Elara mordía el brazo del conductor, sangre rancia inundándonos la boca, el hombre gritando limeño roto: "¡Lobas del infierno, el patrón nos paga por plata, no por esto!". Ella sacudió la cabeza, colmillo rasgando arteria: "¡Por mi viejo Ramiro, cabrón –tu codicia humana no toca nuestra veta follada!". El bulldozer se volcó, chocando contra un camión en explosión de metal y fuego que iluminó la quebrada como eclipse roto. El capataz grande saltó de su jeep blindado, rifle automático escupiendo balas que rozaban mi pelaje, ojos avaros inyectados en pánico bajo el casco. "¡Fuego a discreción, idiotas –la plata vale millones, no se dejen morder por perros andinos!". Pero el lazo con Elara me guió –su n***o flanqueando, mordiendo su pierna pa' derribarlo, yo cerrando colmillos en su hombro, hueso crujiendo como grava bajo bota. "¡Prueba mi hierro, limeño –tu plata falsa no vale mi Luna!", escupí, voz gutural, mientras Elara remataba con zarpazo en garganta, gorgoteo final ahogándose en sangre que goteó al suelo, rifle cayendo inerte. Los mercenarios se rompieron, rezagados huyendo en jeeps destrozados con gritos de "¡Demonios de la sierra, el patrón nos jode!", dejando drones caídos y máquinas volcadas pa' que el termal las apagara con vapor burlón. La victoria fue sangrienta y dulce, la manada rugiendo en círculo de lealtad, pelajes enredados lamiendo heridas mutuas, la plata latiendo más fuerte en la cueva cercana, bebiendo sangre humana como ofrenda pa' templar la alianza. Lira se transformó, humana ahora, curvas sudadas brillando con sangre salpicada, pechos subiendo con jadeo de batalla, una sonrisa pícaro cruzando labios manchados: "Flanco este limpio, Alfa –mordí tres gargantas, sus rifles pa' fundir en runas. Pero el guardia capturado jadea –'la empresa manda refuerzos, con helicópteros y francotiradores, pa' el mediodía. Quieren la veta intacta, pa' explotarla legal con papeles falsos'". Zara se acercó, lamiendo sangre de su hocico, ojos violetas claros brillando con rabia templada, su cuerpo esbelto marcado por arañazos nuevos que quería lamer yo mismo. "Refuerzos limeños... carajo, helicópteros con rotores que cortan niebla, francotiradores en riscos con miras láser. Mi jauría los evadió en minas pasadas, mordiendo cables pa' que caigan como moscas, pero con la veta brillando por nuestro placer tejido –tu semen en Elara, mi lengua en sus muslos, el éxtasis que la plata bebió–, vendrán con mapas satelitales y explosivos guiados. Alfa Kai, tu hierro planea –¿fortalecemos la cueva con enredaderas aéreas pa' enredar rotores, o emboscamos el camino con pozos ocultos pa' que helicópteros caigan y los destripemos en el aire?". Elara se transformó a mi lado, humana desnuda bajo el sol, curvas reluciendo con sudor y sangre, pechos altos subiendo con jadeo, caderas anchas tensas, semen residual goteando por sus muslos como armadura de batalla. Se pegó a mí, mano bajando a mi polla semi-dura pa' apretarla suave, ojos verde-esmeralda fijos en los míos con ferocidad que me endurecía al instante. "Juntos, Kai –como en el termal, tu polla embistiéndome mientras la horda lamía, ahora embestidas de garras pa' romper rotores limeños. Si vienen con helicópteros, les arrancaré cables con dientes, pa' que la plata no caiga en manos de mapas falsos. Pero antes de fortificar, hierro –fóllame rápido contra este risco sangriento, hazme sentir tu polla pa' templarme pa' los francotiradores. Quiero tu semen goteando por mis muslos mientras muerdo miras láser, pa' que huelan nuestra unión y se caguen en sus botas lustradas". No dudé. La empujé contra el risco manchado de sangre humana, mis patas traseras levantándola, polla dura empujando su entrada empapada de un golpe crudo, llenándola profundo mientras el río chapoteaba abajo con burla. "Crudo, Luna –te follo pa' armarte, embestida rápida pa' que sientas mi hierro en cada zarpazo que des". Caderas chocando brutales en ritmo que hacía salpicar sangre y agua, su coño apretándome como puño de fuego, mis colmillos rozando su cuello pa' morder suave, lengua lamiendo sudor salado. "¡Sí, cabrón, embésteme –hazme chorrear rápido, sella el lazo pa' la invasión aérea!", gimió ella, caderas empujando de vuelta, uñas rasgando mi pelaje en surcos que ardían dulce. El placer subió como rayo, su clítoris rozando mi pubis con cada thrust, mis bolas golpeando su culo en slap húmedo. "¡Córrete, sombra –apriétame pa' ordeñarme, siente mi semen armándote!". El clímax nos golpeó rápido –ella convulsionando, jugos chorreando por mis muslos mezclados con sangre, yo derramándome en chorros calientes que la llenaron hasta rebosar, goteando al río que lo bebió con pulso de luz cegadora. La manada se preparó al mediodía –enredaderas aéreas tejiendo redes en riscos pa' enredar rotores, betas mixtos patrullando cielos con saltos calculados, la plata latiendo como corazón de guerra amplificado. Los mercenarios llegaron zumbando –helicópteros cortando niebla con rotores furiosos, francotiradores en puertas disparando balas que silbaban, drones filmando pa' guiar explosivos. La emboscada fue sin piedad: Zara cegando rotores con luz violetas, redes de enredaderas enredando hélices que caían girando como moscas aplastadas, Lira mordiendo talones de aterrizajes forzados. Elara y yo al corazón aéreo, nuestro lazo sincronizando saltos –mi gris derribando un helicóptero con zarpazo en rotor, Elara mordiendo el piloto, sangre goteando mientras gritaba "¡Por la veta follada, muere con alas rotas!". Los francotiradores cayeron en pozos ocultos, rifles silenciados en gorgoteos, drones explotando en chispas que iluminaron la puna como fuegos artificiales rotos. La horda se rompió al mediodía, helicópteros volcados en el río, mercenarios huyendo con gritos de "¡Brujos de la sierra, el patrón nos jode con plata embrujada!". La victoria fue sangrienta, la plata bebiendo sangre y metal pa' brillar eterna, pero un drone capturado transmitió: "Refuerzos estatales –policía y militares, con tanques y órdenes oficiales pa' 'proteger' la veta como patrimonio". El lazo latió, fuego renovado. "Fortalezcamos pa' el estado, manada –la eternidad muerde gobiernos también".
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