…su padre gruñendo “El hierro protege, hijo —pero solo si el corazón sabe a quién pertenece su filo.” La visión se disolvió como neblina que vuelve al río, y el humo regresó a su danza lenta, serpenteando entre el círculo como si los antiguos respiraran a través de él. El chamán abrió los ojos —dos lunas lechosas que ardían con fulgor plateado— y su voz retumbó en la cámara como tambor enterrado bajo siglos de polvo: —La plata ha hablado. El pacto está completo. La manada está entera. Y el vientre de la Luna ha despertado. Un murmullo recorrió a la manada como una ola viva —Lira llevando una mano al pecho, Zara temblando como si sus venas violetas escucharan un llamado secreto, los Salvajes inclinando las cabezas con respeto primitivo. Los lobos etéreos que flotaban en el humo alzar

