No fue follada cruda que quemaba como relámpago efímero que ilumina y se va, sino abrazo profundo y lento que era ritual propio de celebración plena y poética que perduraba como la plata misma –la atraje contra mi pecho, cuerpos desnudos bajo el crepúsculo filtrado, mi piel cobriza envolviendo su morena como corteza protegiendo fruto maduro que madura en silencio con paciencia de ríos que nutren orillas erosionadas, manos trazando su espalda en círculos lentos que dibujaban runas invisibles de quechua antiguo con la delicadeza de viento que acaricia hojas sin romperlas, labios rozando su sien en besos suaves que sabían a chicha fermentada y promesas eternas, no urgentes como truenos que retumban cumbres con prisa que rasga, sino pacientes como ríos que tallan cañones con gotas constantes q

