El atardecer teñía las cumbres del Ausangate de rojo fuego, como si la puna misma sangrara por las heridas de la alianza que habíamos tejido en el termal –Silverfang, Ceniza y Salvajes fusionados en un tapiz de lealtad cruda y placer compartido, aullidos que aún resonaban en mis oídos como gemidos de la emboscada de mediodía. Los mercenarios limeños yacían destrozados en la quebrada, cuerpos con botas lustradas y rifles automáticos esparcidos como leña rota, el río termal lamiendo sus restos con vapor burlón que olía a pólvora quemada y codicia ahogada. Kai estaba a mi lado en el risco alto, su gris plateado replegado en humana, torso cobrizo sudado y marcado por arañazos míos que brillaban rojos bajo el sol poniente, polla semi-dura colgando pesada entre muslos musculosos que recordaban embestidas brutales. "Luna, la horda humana cayó, pero su eco trae más –el guardia jadeó de refuerzos estatales antes de que Lira le arrancara la garganta. Tanques y órdenes oficiales pa' 'proteger' la veta como patrimonio falso", gruñó, voz ronca con acento puneño que se espesaba con rabia y deseo residual, mano bajando posesiva a mi cadera, dedos rozando el semen seco que aún goteaba por mis muslos de la follada rápida contra el risco.
Me pegué a él, mi piel morena reluciendo con sudor de batalla y jugos mezclados, pechos altos subiendo contra su pecho, pezones endurecidos rozando sus cicatrices en chispas que me ponían húmeda de nuevo. El lazo latía en mi vientre como un pulso entre mis piernas, templado por el ritual pero avivado por la sangre fresca –el capataz grande gorgoteando su último grito limeño mientras mis colmillos rasgaban su arteria, Kai destripando el bulldozer con garras que crujían metal como hueso. "Juntos, Kai –como en el termal, tu polla embistiéndome mientras Zara lamía, ahora embestidas de garras pa' romper tanques estatales. Si vienen con órdenes falsas, les arrancaré insignias con dientes, pa' que la plata no caiga en manos de gobiernos que venden montañas por soles. Pero antes de fortificar, hierro –fóllame lento aquí, en el risco al atardecer, hazme sentir tu polla pa' templarme pa' los tanques. Quiero tu semen goteando por mis muslos mientras muerdo cañones, pa' que huelan nuestra unión y se caguen en sus uniformes verdes".
No esperó palabras –me levantó contra el risco cálido, mis piernas enredándose en su cintura, su polla dura empujando mi entrada empapada de un golpe lento y profundo, llenándome centímetro a centímetro mientras el sol poniente lamía nuestras pieles como lengua de amante. "Crudo y lento, Luna –te follo pa' armarte, embestida pa' que sientas mi hierro en cada zarpazo que des contra el estado". Caderas moviéndose en ritmo deliberado que hacía chapotear jugos contra la roca, su coño –no, mi coño apretándolo como puño de fuego, sus colmillos rozando mi cuello pa' morder suave, lengua lamiendo sudor salado mientras yo arqueaba, pechos rebotando contra su pecho. "¡Sí, cabrón, embésteme profundo –hazme gemir al atardecer, sella el lazo pa' la invasión verde!", jadeé, uñas rasgando su espalda en surcos que sangraban placer, caderas girando pa' ordeñarlo. El placer subió como crecida lenta, mi clítoris rozando su pubis con cada thrust, sus bolas golpeando mi culo en slap suave. "¡Córrete conmigo, sombra –apriétame pa' ordeñarme, siente mi semen templándote!". El clímax nos golpeó en ondas –yo convulsionando primero, jugos chorreando por sus muslos, él derramándose en chorros calientes que me llenaron hasta rebosar, goteando al risco que lo absorbió con pulso de luz poniente.
Jadeando, nos separamos, mi coño palpitando con su eco, semen goteando por mis piernas como armadura de batalla. Lira se acercó desde el este, su rojizo replegado en humana, curvas sudadas brillando con sangre salpicada, pechos subiendo con jadeo de vigilia, una sonrisa pícaro cruzando labios manchados: "Flanco este listo, Alfa –trampas de enredaderas en riscos pa' enredar rotores de helicópteros que vengan con los tanques, pozos ocultos pa' que caigan vehículos como moscas en miel. Mordí dos rezagados mercenarios, sus rifles pa' fundir en runas que cieguen miras láser. Pero el guardia capturado jadeó más –'refuerzos estatales al anochecer, con tanques verdes y órdenes de 'expropiación por patrimonio nacional', francotiradores en cumbres y drones pa' mapear la cueva. Quieren la plata intacta pa' explotarla con máquinas legales, vendiendo 'turismo ecológico' mientras nos envenenan con gases'".
Zara del oeste, su ceniza esbelta transformada, piel oliva tensa con arañazos nuevos que quería lamer, ojos violetas templados brillando con rabia aliada, caderas estrechas tensándose: "Oeste fortificado –hilos de luz violetas tejiendo redes aéreas pa' atrapar drones, espinas de plata en caminos pa' pinchar tanques como globos. Mi jauría mordió talones de jeeps huyendo, pero el eco del guardia huele a verdad –estatales con uniformes verdes y estrellas falsas, oliendo a billetes sucios y órdenes de Lima. Vienen con tanques que mastican rocas, francotiradores en riscos con miras que ven en la niebla, gases pa' ahogar lobos en la cueva. Alfa Kai, tu hierro planea el contraataque –¿emboscamos el convoy en el paso estrecho pa' destripar tanques antes de que lleguen, o los dejamos avanzar y los follamos con garras en la cueva, pa' que la plata beba su sangre verde como bebió nuestros jugos en el ritual?".
Los Salvajes de retaguardia, mugrientos pero leales, se reunieron gruñendo, un alfa macho de pelaje sucio ahora limpio transformado, cuerpo marcado por mordidas frescas: "Retaguardia armada –pozos con estacas de hueso pa' que caigan tanques, fauces listas pa' morder cañones. Mordimos dinamita de mercenarios, pero estatales traen más –tanques con orugas que aplastan riscos, gases que queman pulmones como ají del diablo. Por la alianza follada, Alfa –sangre verde pa' la veta, como bebimos su codicia anoche".
Elara se pegó más, su mano bajando a mi polla aún sensible, apretando suave pa' encender chispas, ojos verde-esmeralda fijos en los míos con ferocidad que me endurecía al instante. "Emboscada en el paso estrecho –el río nos cubre, niebla del atardecer esconde nuestras garras. Lira al este pa' francotiradores, Zara oeste pa' drones, Salvajes retaguardia pa' tanques. Tú y yo al corazón, Kai –nuestro lazo rompe acero como rompió mi maldición, embestidas de colmillos que dejan uniformes verdes pa' trapos. Si usan gases, les arrancaré máscaras con dientes, pa' que la plata no caiga en manos de 'patrimonio nacional' falso".
La manada rugió bajo, pelajes erizándose, el atardecer tiñendo fauces de rojo victoria. Al anochecer, el convoy estatal rugió –tanques verdes masticando el camino con orugas dentadas, francotiradores en techos escupiendo balas que silbaban, drones zumbando con luces rojas de miras, órdenes limeñas gritando por radios: "¡Avancen, carajo –la veta es patrimonio, pa' el estado y los que mandan en Lima! ¡Gases si ven lobos!". La emboscada estalló como alud: Lira y betas Silverfang saltando del este, su rojizo veloz derribando francotiradores con mordidas en cuellos, rifles cayendo con gorgoteos. "¡Por la manada tejida, muerden mi flanco y mueren, verdes falsos!", aulló, colmillos cerrándose en gargantas, sangre arterial brotando como fuente que salpicó su pelaje. Zara al oeste, Ceniza flanqueando con luz violetas cegando drones que caían girando, hilos tejiendo redes que enredaban rotores en chispas. "¡Prueben mi alianza, estatales –garras en sus miras, pa' que la plata no caiga en órdenes de mentiras!", rugió, destripando un guardia con zarpazo que abrió pecho en chorro rojo, radio cayendo con estática ahogada. Los Salvajes retaguardia, fauces mordiendo orugas de tanques, estacas de pozos hundiendo vehículos en tierra que los tragaba. "¡Sangre verde pa' la veta, como bebimos su codicia –muérdanme y prueben colmillos salvajes!", gruñeron, derribando un tanque en volcado que explotó en bola de fuego.
Elara y yo al corazón, lazo sincronizando saltos –mi gris embistiendo el tanque principal, mandíbula cerrándose en cañón pa' doblarlo como lata, garras rasgando blindaje en chirridos de metal roto. "¡Por la plata follada, máquina del estado –muere pa' que no arrases lo nuestro!", rugí, mientras Elara mordía el cuello del conductor, sangre rancia inundándonos, el hombre gritando limeño roto: "¡Lobas del infierno, el general nos paga por plata nacional!". Ella sacudió, colmillo rasgando arteria: "¡Por mi viejo Ramiro, cabrón –tu 'patrimonio' falso no toca nuestra veta!". El tanque se volcó, chocando contra otro en explosión que iluminó la puna como eclipse roto, gases liberados disipándose en niebla que lamíamos con fauces.
Los estatales se rompieron al anochecer pleno, tanques volcados en el río, francotiradores cayendo en pozos, drones explotando en chispas que cayeron como estrellas muertas. La victoria fue sangrienta, la plata bebiendo sangre verde y metal pa' brillar eterna, pero un radio capturado crepitó: "Refuerzos internacionales –ONU y empresas extranjeras, con expertos y satélites pa' 'estudiar' la veta como maravilla mundial, pa' explotarla con drones y excavadoras globales".
El lazo latió, fuego renovado. "Fortalezcamos pa' el mundo, manada –la eternidad muerde fronteras también".