...Narra Isaac...
¿Qué tiene de malo vivir juntos? No es que como si le hubiese pedido matrimonio, al contrario, es sólo una propuesta para que se mude conmigo ¿por qué entró en pánico?
Llevamos varios años de relación ¿Cómo es posible que aún le preocupe que el resto de sus compañeros lo miren con desprecio por seducir al jefe? No sé cuál es la lógica, ya que ambos sabemos que eso no ocurrirá, simplemente está pensando demasiado.
Pero bueno, tampoco puedo obligarlo a vivir conmigo, es obvio que en mi casa tendrá muchas más comodidades y es un gran paso para nuestra relación, incluso creo que decírselo al resto ya viene siendo hora, aún más cuando ya no tenemos excusa para retrasarlo.
Salir con Philip es complicado, ya que es demasiado profesional en su trabajo como para rechazar la idea de vivir conmigo, sólo porque estaría viviendo con su jefe.
¡Es muy frustrante! Estoy incluso pensando retirarme, así le dejo todo el liderazgo a mi hijo de una vez por todas, aunque al mismo tiempo, aún es demasiado pronto para retirarme.
Ag... ¿Qué tiene de malo vivir juntos? Las parejas normalmente viven juntas luego de varios años, pero no sé cómo convencerlo.
–Supongo que no me quieres lo suficiente– murmuré en voz alta mientras que él conducía de camino a mi casa, llevándome luego de resolver unos negocios importantes.
Desde que somos pareja me siento a su lado, en el asiento de copiloto, pero como estoy fingiendo estar enfadado, me senté en los asientos traseros.
–¿Qué? –soltó confundido, pero desvié la mirada mirando por la ventana con tal de ignorarlo– no sean infantil– agregó, pero continué ignorándolo, a pesar de sentirme ofendido por su comentario, ya que él cuando se enfada conmigo hace exactamente lo mismo.
Cuando no tenemos problemas, Philip es verdaderamente dulce, o al menos mis ojos lo ven de esa forma, nosotros somos una pareja más reservada que no expresa su amorío de una forma notoria, no somos dos idiotas enamorados que disfrazan su relación con corazones, flores y todas esas cosas de adolescentes, aunque sin duda me ha hecho experimentar los mejores orgasmos de mi vida.
Se lo he hecho en múltiples ocasiones, él sabe cómo seducirme y me regala vistas increíblemente excitantes que me mantienen embobado por días, sin embargo, cuando nos enojamos, somos bastante inmaduros.
–¿Has dicho que no te quiero lo suficiente? –preguntó, pero continué ignorándolo– ¿sólo porque no quiero vivir contigo? –agregó.
Nosotros estábamos pasando por el descampado entremedio de unos árboles que llevaba a mi casa, estaba oscuro y deshabitado, por ello sabía que luego de bajarse del auto, no se iría, más bien esperé pacientemente con tal de ver como abría la puerta trasera metiéndose conmigo detrás.
Philip apagó el auto, estábamos a oscuras en un completo silencio, mientras que él trataba de conseguir mi mirada.
–Isaac– me nombró con impaciencia.
Yo me estaba divirtiendo, en realidad, adoro "enfadarme" por la forma en la que él me busca con tal de reconciliarnos, cuando en realidad, desde un principio no me siento enfadado.
Soy bastante paciente, enfadarme le tomaría mucho más que rechazar mi propuesta de vivir juntos, sin embargo, es divertido hacerle creer que lo ha conseguido.
Supongo que el ser padre soltero, criar a un niño extremadamente travieso y, además, estar a cargo de una mafia me ha dado un superpoder que muchos envidiarían.
–Mírame, Isaac– pidió, pero obviamente no obedecí.
Pasaron unos minutos en donde ambos nos quedamos en un completo silencio, se podían oír ruidos externos e incluso el crujido de algunos árboles que eran mecidos por el viento. Obviamente no cortaría el silencio, estoy en un papel dramático que podría hacerme entender por qué no quiere vivir conmigo.
–Joder– soltó con mayor impaciencia, subiéndose sobre mis piernas mientras que el diablillo de mi cabeza decía "Hazte el difícil" mientras que el angelito decía "Dale amor", pero para que no entraran en discordia, planeaba hacerme el difícil para luego darle amor.
–Hay más asientos, quítate– le dije mirándolo a la cara.
–Me quitaré si dejas de ignorarme– me decía, por lo que desvié la mirada ignorándolo, en realidad, no quería que se quitara, tan sólo estaba haciéndome el difícil– Isaac, para por favor– me pedía posicionando sus manos en mis mejillas.
Como no le hice caso, comenzó a buscar la forma de calentarme, él sabía que dejaría de ignorarlo si estaba lo suficientemente caliente como para no recordar la principal razón por la que me enojé.
Al principio comenzó rozándose contra mis piernas, pero luego bajó la cremallera de mi pantalón deslizando su mano dentro para así sacar mi pene al exterior.
–La vaca lola, la vaca lola, tiene cabeza y tiene cola–comencé a cantar mentalmente con tal de no reaccionar al movimiento de su mano.
Mi mayor problema fue cuando se quitó los pantalones y se sentó sobre mi pene sin importarle que no estuviese completamente duro, Philip sabía que lo lograría una vez yo lo sintiera por dentro.
–mmmgh...–gimió apretando sus labios a medida que deslizaba mi pene con cierta dificultad entre sus paredes.
La canción de la vaca lola no me estaba funcionando, por lo que decidí cantar en voz alta –En un bosque de la china...ah... la chinita se perdió– haciéndolo reír a carcajadas y gracias a esto, detuvo completamente sus movimientos permitiéndome estabilizarme un poco, al menos hasta que comenzó a mover sus caderas y no pude controlar la reacción biológica de mi cuerpo.
Sin duda esta batalla él la estaba ganando, no importaba qué hiciera ahora, él tenía la corona y sus gemidos mezclándose con mis suspiros me hicieron entender que, cada vez me estaba enamorando más.
–¿S-Sigues enfadado...? –preguntó tratando de controlar los suspiros que se escapaban de su boca.
–Sí...–respondí deslizando mis manos por sus caderas–pero ahora mismo estoy en receso...–añadí.
–mmh... m-me... aseguraré de... –incrementó la velocidad de sus movimientos de cadera– alargar ese... ¡ah...! receso...
Bueno, no me siento del todo derrotado, él está convenciéndome con su cuerpo, por lo que técnicamente estamos empatados, ya que entre más lo evito, más placer me brinda. Supongo que el fingir enfado tiene muchísimas ventajas, ahora comprendo por qué él lo hace.
Mi único inconveniente es que, hacerlo en un auto es incómodo, no podemos acomodarnos con facilidad y el auto se mueve demasiado, incluso las ventanas se empañan volviendo el aire más denso.
Quisiera ponerlo debajo de mi cuerpo para golpear con mayor profundidad su interior, pero como el espacio es más reducido, simplemente me queda disfrutar de los coquetos movimientos de cadera que están complaciéndome ahora mismo.
No sé si tendré oportunidad de hacerlo otra vez, pero en mi casa, de hecho, es muy probable que luego de dejarme en casa se marche utilizando a su hijo como excusa para no quedarse a dormir. Algo que para variar entiendo.
En fin, decidí centrarme en el placer, mi mente se desconectó completamente y terminamos corriéndonos casi al mismo tiempo, dejándonos jadeantes.
Yo tenía ganas de más, pero ambos acomodamos nuestras vestimentas y continuamos con nuestro trayecto como si nada hubiese ocurrido, incluso cuando llegamos a mi casa, él utilizó uno de los baños de invitados con tal de limpiarse adecuadamente.
Mientras él se alistaba para irse con mayor comodidad, yo me duchaba para luego meterme bajo las sábanas, sabiendo perfectamente que antes de irse, subiría para despedirse.
–Isaac– me nombró al cabo de unos veinte minutos.
Él abrió la puerta de mi habitación y se apoyó en el marco con tal de mirarme desde la distancia, creía que diría algo, sin embargo, se quedó observándome un largo instante antes de acercarse y sentarse a la orilla de mi cama, quedando cerca de mí para verme.
–¿En qué piensas? –pregunté curioso por la forma en la que me miraba.
–En lo atractivo que eres...–respondió casi embobado.
–No ganarás mi perdón con halagos– le dije formando una sonrisa en mis labios.
–Ya sé que quieres vivir conmigo, pero te conozco, cumplirás cada uno de mis deseos y nos llenarás de lujos innecesarios, haciéndome sentir inútil porque no me dejarás cubrir la mitad de los gastos– me explicaba.
Intenté desmentir sus palabras, pero tenía razón, era totalmente verdad cada una de sus palabras.
–No necesitas cubrir nada– dije viendo como rodeaba los ojos.
–No me gusta la idea de recibir sin ser capaz de dar nada–agregó.
–Me puedes pagar con tu cuerpo– hablé de forma coqueta.
–La mitad de los gatos– mencionó– por favor, sólo te pido eso.
–Hmm...–pensé– el 15%
–40–dijo como contraoferta.
–10– le bajé.
–15– trató de decir, con tal de que no le siguiera bajando.
–5–dije.
–30% más un 20% que será pagado con sexo– propuso.
No pude evitar sonreír, me gustaba la idea, al menos la parte del sexo, aunque intenté bajar el 30% y lastimosamente, Philip también bajaba el porcentaje de sexo.
Lo peor es que sé que me limitará las veces en donde pueda tocarlo, incluso sé que si no acepto también me limitará los besos y sin duda adoro besarlo.
–Un 20% y un 5% de sexo– dijo al cabo de una larga discusión de ofertas.
–¿Y ese 5% equivale a...?
–Sexo una vez a la semana– me respondió.
–Joder...–solté pensando en una forma de convencerlo, de lo contario, pero conociéndolo, seguramente me dejará con sexo una vez al mes si no acepto su oferta.
¿Desde cuándo es tan bueno para los negocios? Esto ya no es divertido, el marcador está a su favor nuevamente, pero al menos he conseguido que acepte vivir conmigo.
...Narra Noah...
Ha trascurrido una semana desde que Jack ha regresado a mi vida, sin duda estoy muy feliz y como no estoy trabajando actualmente como profesor, tengo mucho tiempo libre para pasarlo con él y tener citas que me mantienen embobado.
Él está buscando la forma de reconquistarme, así que luego de que nuestros hijos se vayan al colegio, nosotros aprovechamos de pasar tiempo juntos y se asegura de llenarme de amor. Sigue sin ser tierno de una forma empalagosa, pero al menos me dice que me ama más seguido.
Soy totalmente consiente de que esto no durará mucho, de hecho, debo buscar trabajo nuevamente y regresar a la normalidad, además sé que como todo un adulto responsable continuará con su trabajo, por ello, sólo me queda disfrutar del tiempo que pasamos juntos.
Por ahora me estoy dejando consentir, incluso regodeo un poco haciéndole las cosas un poco más complicadas, esperando que busque la forma de hacerme feliz y sin duda, como me conoce, sabe perfectamente qué debe hacer.
Hoy me ha traído a un Spa donde me han dado un increíble masaje, además de otra clase de tratamientos que me hacen sentir un rey, sobre todo ahora que estamos en un jacuzzi con un agua que, según los especialistas, tiene propiedades medicinales.
–Hoy tenemos una cena con mi padre– me informó mientras miraba la pantalla de su teléfono.
–¿En su casa o en un restaurante? –pregunté mientras él escribía en su teléfono.
–En su casa– respondió viéndome por fin– asumo que me presentará a su pareja.
–¿Tu padre tiene pareja? –pregunté con sorpresa.
–Según yo, sí– me respondió– pero por más que he preguntado, no me ha querido decir quién es.
–Ya no podrás molestarlo con Titán– murmuré viendo como expandía su sonrisa.
–¿Quién me lo impedirá? –preguntó haciéndome reír.
Jack dejó su teléfono sobre la superficie que había alrededor de la bañera, para así rodear sus brazos alrededor de mi cuerpo y apegarme de una forma coqueta, evidenciándome a través de sus ojos sus intenciones.
No pude evitar mirar en dirección a la salida, nosotros estamos en una habitación con luces que cambian de color durante ciertos segundos, algo que le permitía deslizar sus manos por mis piernas y dirigirlas peligrosamente hacia arriba, a medida que depositaba dulces besos en mi cuello.
–Aquí no...–susurré buscando su mirada.
–Un año...–me dijo acercándose a mis labios– me he contenido un año– añadió.
–No es mi culpa que no me lo hayas querido decir– dije desviando la mirada con tal de hacerlo rogar un poco.
–Te veías tan sexy cuando fingías ser rudo...–murmuró con diversión.
–Ahora sé utilizar armas, así que cuidado con lo que dices– le dije queriendo sonar enfadado, pero no pude evitar reír tras verlo a los ojos.
–Demasiada charla, siéntate encima– demandó bajando su bañador, dejando salir su erección que deseaba rechazar, pero un par de segundos después, no pude evitar aceptar gustosamente mientras él me envolvía con fuerza creando los movimientos que me mantenían excitado.
Supongo que un poquito no hace daño...