Capítulo 6: Padres responsables

2769 Words
Estoy realmente muy caliente, Sebastián varias veces se sentaba sobre mis piernas y se rozaba contra mi entrepierna cuando nuestra hija no estaba cerca, pero como esta se encontraba con nosotros en casa, no podíamos excedernos. Debíamos ser pacientes, la tensión entre los dos era bastante evidente, pero no podíamos, Isabel no tiene un hermano o hermana con la que jugar, por ello constantemente nos buscaba y obviamente nosotros pasábamos tiempo con ella como una forma de consentirla. Por otro lado, los fines de semana son los únicos días donde podemos pasar tiempo con nuestra hija, por ello, a pesar de que deseábamos exceder nuestras caricias, no podíamos. Hoy el día estaba estupendo para utilizar la piscina, así que como el bañador de Sebastián le marcaba un culo exquisito, no podía evitar mirarlo con descaro a medida que se encontraba boca abajo mirando su móvil mientras tomaba un poco de sol. Isabel se estaba bañando en la piscina, así que de vez en cuando la mirábamos con tal de verificar que ella estuviese bien, siendo responsables en todo momento. –Deja de mirarme– habló Sebastián sin despegar sus ojos de su móvil. –No puedo evitarlo, ese bañador te queda muy bien– me excusé. –Me veo mejor sin ropa– me aseguraba, algo que obviamente sabía que era verdad– mi amor, deja de mirarme así– pidió, por ello desvié la mirada. –¿Cuánto falta para que se duerma? –pregunté observándola jugar en la piscina con sus flotadores y muñecas. –Muchísimo...–respondió levantándose con tal de acomodarse en mi butaca bajo una sombrilla de sol– debemos resistir... –agregó en un suspiro antes de mirarme con deseo, pero rápidamente desvió la mirada controlándose. –¿Y un polvo rápido en la ducha? –pregunté. –Quiero más que un polvo...–respondió regresando sus ojos a los míos– te quiero muy adentro... Llenándome completamente de ti...–jadeó cruzándose de piernas, mientras que yo sentía como mi pene reaccionaba a sus palabras, pero rápidamente nos obligamos a enfriarnos. Debemos ser unos padres responsables, no podemos mirarnos con tal lujuria cuando claramente nuestra hija se encuentra a un par de metros de nosotros, además el dejarla sola en el jardín de casa no es una opción. –Papá– me nombró nuestra hija saliendo de la piscina– ¿me prestas tu teléfono? –me preguntó. –No, me lo romperás– respondí. –Pero quiero llamar a mi padrino– lloriqueaba, tratando de convencerme. –¿Para qué? –preguntó con curiosidad Sebastián. –Quiero jugar con mis primos– respondió. Sebastián y yo nos miramos rápidamente, esta era una oportunidad divina, por ello prácticamente corrí a buscar mi móvil y se lo entregué luego de marcarle a Jack. –Padrino– habló Isabel al nada más ver que su llamada era atendida. –Hola preciosa– saludaba Jack soltando una risita– ¿a qué se debe tu llamada? –¿Puedo hacer una pijamada con Lilith? –preguntó, mientras que Sebastián y yo nos emocionábamos aún más por las palabras de nuestra hija. –Claro, estoy relativamente cerca, así que en unos treinta minutos paso a recogerte ¿vale? –le proponía. –Vale, adiós– le respondió regresándome mi teléfono. –Prepararé tu bolso– avisó Sebastián prácticamente corriendo a su habitación. Yo me encargué de guardar sus juguetes con los que jugaba en la piscina, mientras que Isabel se daba un baño, más tarde me tocó peinarla y con cierta paciencia esperamos a que Jack se llevara a nuestra pequeña. Esto era genial, tendríamos mucho tiempo para manosearnos, por ello sabíamos que de cierta forma nuestra hija nos ha regalado un día de descontrol, que gustosamente aprovecharíamos al máximo. Sólo espero que de último momento no se arrepienta... [......] Jack fue bastante puntual, él estaba en la compañía de su familia y como Lilith deseaba usar el baño, entraron a nuestra casa con la intención de hablar un poco mientras mi pequeña con mucha emoción hablaba con Chris. Ella se veía feliz, adora pasar tiempo con sus primos y sin duda, los tres se llevan muy bien, además no suelen ser esa clase de niños que pelean entre ellos cada cierto tiempo, al contrario, son bastante unidos y eso facilita mucho las cosas. Estábamos en el salón de casa cuando inesperadamente me llamaron, algo que consiguió llamar la atención de Jack quien con una sonrisa burlona me observaba, algo que no me extrañaba, ya que tenía mi funda es de unicornio, aunque para mi suerte, Lilith hizo aparición dando aviso que ya se podían ir. –Cada vez estás más puto– me dijo Jack una vez que terminé mi llamada– te están saliendo plumas– agregó riendo, mientras que yo lo fulminaba con la mirada. –Me lo regaló Isabel– le dije mientras que él tomaba mi teléfono para ver el diseño de cerca mientras carcajeaba. –Combina contigo–me molestaba, poniéndose de pie queriendo marcharse mientras el resto imitaba su acción– realza tus ojos– agregó mientras carcajeaba. –¿Padrino, tú también quieres una? –le preguntó mi hija con emoción, consiguiendo que hubiera un silencio casi funerario, de todas formas, ella salió corriendo y a los minutos regresó– toma, la blanca será para ti– le decía mientras Jack entreabría los labios con sorpresa, sin saber qué decir. –¿Ahora qué? –le pregunté, viéndolo con diversión. –¿No te gusta? –le preguntó mi pequeña un poco triste, ya que Jack no le recibía su obsequio. Obviamente con tal de quedar bien frente a mi pequeña, se puso de cuclillas y le recibió su obsequio, incluso lo puso en su teléfono haciéndola feliz, elogiándola por su increíble regalo, lo que consiguió que mi hija lo abrazara diciéndole "Te quiero, padrino" algo que consiguió que lo mirara con cierto enfadado, de todas formas, es mi pequeña y él consigue robarme su amor. –No puedo creer que puedas hacer cosas muy malas, pero con los niños sean un encanto– comenté. –¿Celoso? –me preguntó poniéndose de pie, ubicándose junto frente a mí, viéndome con diversión–también te puedo dar atención...–agregó, acercando innecesariamente su rostro al mío mientras deslizaba su mano por mi pecho, algo que me hizo retroceder mientras que Noah y Sebastián nos miraban con mayor atención. –Pregunta random–soltó Sebastián– supongamos que no son primos y que pueden tener sexo ¿Quién iría arriba? –preguntó consiguiéndose la mirada de ambos. Jack y yo nos quedamos en silencio, supongo que estábamos pensando en lo mismo, algo que fue confirmado cuando puso su mano sobre el bulto de mi entrepierna añadiendo un "Yo" algo que no desmentí. –¿Por tamaño? –preguntó Noah, a lo que Jack le guiñó el ojo como confirmación. –¿No serían versátiles? –preguntó Sebastián. –No, a tu esposo le faltan un par de centímetros para que siquiera me lo plantee– le respondió, mientras que yo le daba un amistoso golpe en el brazo. –Nos mide lo mismo, no seas pendejo– le dije haciéndolo reír. –¿Cómo sabes? –me cuestionó Sebastián. Jack y yo nos quedamos en silencio, mirándonos antes de mirar a Sebastián, no sabíamos si era adecuado decirlo, pero preferimos dejarlo con la duda, ya que por suerte ya se iban. ...Narra Sebastián... Como no deseábamos parecer tan obvios con respecto a quedarnos a solas, los acompañamos hasta el auto en donde puse las cosas de mi hija en el maletero, incluso durante unos minutos actuaba como un padre responsable mientras que mis pensamientos sólo podían imaginarme gimiendo sobre la cama. La conversación no tomó más de dos minutos, pero con lo desesperado que estaba lograba impacientarme, aunque una vez que se alejaron me adentré con Víctor a nuestra casa, donde comenzamos una batalla de besos en la entrada, incluso nos manoseábamos desesperadamente sabiendo que, desde ahora, no requeríamos de un control. Sinceramente, me sentía muy caliente, mi interior palpitaba y me sentía mojado, lo único que deseaba era tenerlo dentro para acabar lo de esta mañana, por ello, corrí hasta la habitación y sin esperar demasiado, le puse un condón queriendo recibirlo sin mayor dificultad. Gracias a lo de esta mañana su pene no tendría dificultades en entrar, al contrario, sabía que podría deslizarse entre mis paredes y hacer un desastre con mi cuerpo, dejándome aún más caliente. –Rápido... rápido...–le pedía, aferrándome a su cuerpo con mis brazos, mientras que él me embestía, obedeciendo mis peticiones. Nosotros no tardamos en compartir nuestros gemidos y jadear en la boca del otro, ni mucho menor tardamos en corrernos, sin embargo, como tenemos mucho tiempo libre, Víctor se quitó el condón, me puso en cuatro sobre la cama con tal de volver a comenzar. Los minutos siguieron avanzando, mi cuerpo estaba lleno de marcas de besos y él tenía unas cuantas mordidas que le proporcioné, pero a pesar de perder la noción del tiempo, incluso a pesar de sentirme empapado en sudor y de fluidos que han salido de mi cuerpo, aún a pesar de todo seguíamos calientes casi como si no lo hubiésemos hecho durante años. Hemos tenido toda clase de posiciones, unas más incómodas que otras, contra la cama, contra la pared, incluso en el suelo y finalizamos en la bañera, pero... me siento insaciable. Sólo nos detuvimos para beber agua, cuando vi la hora eran las seis de la tarde, aún nos quedaba mucho tiempo para jugar, por ello, se aprovechó de que mi cuerpo estaba completamente limpio para intentar algo diferente. Víctor sacó uno de los vibradores que teníamos guardados en una caja dentro del armario, sabía que era para mí debido a que era un pene de aproximadamente diez centímetros con un grosor considerable, el cual tenía una potencia de vibración que mataría a cualquiera. En lo personal, no me gustaba, su intensidad era demasiado potente como para lograr controlarme, sin embargo, Víctor me recostó sobre la cama e introdujo el vibrador en mí mientras que, se aseguraba de acomodarse cerca de mi boca. Yo no pude evitar lamerme los labios cuando lo vi sostener su prominente erección, la cual metió en mi boca a medida que activaba las vibraciones del vibrador, ahogándome en placer. Mi cuerpo se estremecía, mis caderas se meneaban mientras que mi boca era embestida por su pene con cierta fiereza, lo peor es que me estaba encantando utilizar ambas partes de mi cuerpo, me sentía un completo pervertido, ya que, a pesar de estar prácticamente ahogándome con su pene, seguía saboreándolo gustosamente. –¡mghh...! –gemí posicionando mis manos en sus caderas, siguiendo el movimiento de su pelvis que se encargaba de embestir mi boca– mmmh... ah...–suspiré cuando lo quitó, dejándome descansar unos segundos antes de volver a meterlo. La potencia del vibrador claramente era demasiado electrizante para mi gusto, era demasiado potente como para que mi cuerpo pudiera controlarse, no es que no se sienta bien, pero es algo que me imposibilita controlar mis gemidos y consigue que me corra muchas veces. Víctor me mira desde lo alto, él sostiene mi cabeza y observa cuan deseoso estoy por esto, incluso me siento avergonzado por lo mucho que disfruto tener su pene en mi boca a la vez en la que tengo un objeto en el culo. ¿En qué clase de pervertido me he convertido? Lo peor es que, la gota que derramó el vaso fue cuando se acomodó de una nueva forma para complacer mi pene con su boca. Ahora temblaba como perra en celo, esto era sin duda demasiado, no podía evitar gemir y estremecerme sintiéndome alarmado de sentir su boca recorriendo mi erección por completo. Víctor se ayudaba de su mano para hacerlo con más agresividad, estaba siendo demasiado bueno y a pesar de que me dolía la mandíbula, quería más. Sabía que pronto llegaría al orgasmo, el vibrador estaba tocando mi próstata con velocidad, era cosa de segundo para que lo hiciera, por ello, con cierta timidez llevé mi mano a mi entrepierna, queriendo alejarlo, pero Víctor no deseaba parar. –¡Haah...! –jadeé sacando su pene de mi boca– V-Víctor...–no nombré. –Sigue chupando– me ordenó. En ese momento estaba tan caliente que obedecí, sabía que me correría, pero Víctor era quien mandaba, al menos en un momento como este. –¡mmmgh...! –gemí moviendo incontinentemente mis caderas, embistiendo su boca de la misma forma en la que él embestía la mía– ¡mghhh! ♥ No puedo verme la cara, pero a juzgar por mis comportamientos, estoy con los ojos prácticamente en blanco, deseando acabar con aquel hormigueo de placer que me estaba volviendo loco. Mis músculos se contraen, no puedo más, estoy realmente muy excitado ahora mismo... ...Narra Víctor... Ag... mierda, no puedo aguantar más, sus gemidos ahogándose con mi pene me están volviendo loco, lo peor es que me encanta la forma en la que mueve sus caderas y se sacude completamente cargado en excitación. Supongo que esta idea ha sido la mejor que he tenido en toda mi vida, aunque ya no puedo más, Sebastián es muy bueno con su boca, mi cordura siempre se va a la mierda cuando juguetea con ella, incluso cuando roza con su lengua la punta de mi pene sabiendo que me correré. –¡mmmh...! –gimió apretando mi pene con cierta fuerza a medida que eyaculaba en mi boca. Sus caderas se maneaban, quería molestarlo un poco, mantener incluso el vibrador por más tiempo dentro de él, pero me empujó y se retiró el vibrador por su cuenta con tal de montarme con fiereza gimiendo a viva voz completamente excitado. Yo estaba a nada de correrme también, pero trataba de controlarme con tal de disfrutar del movimiento de sus caderas, mientras su culo se devora por completo mi pene. –¡Ah...! ♥ ¡nnngh...! –gemía dirigiendo mis manos hasta sus nalgas, obligándome a apretarlo mientras él me apretaba con las paredes de su culo– ah... Víctor...–suspiró. Su rostro con las mejillas sonrojadas, los ojos brillosos y con los labios entreabiertos, sin duda me resultaba hermoso, incluso deseaba registrar con mi cabeza cada facción de su rostro memorizándolo por el resto de la eternidad. –Ah... sí... sí...–gimió moviendo sus caderas más deprisa–se... se siente muy rico...–añadió. –¡mmmh! –gemí nalgueándolo– me dejarás seco...–añadí haciéndolo sonreír. –Dentro... ¡nngh...! –pidió mientras lentamente me estaba corriendo dentro de él– ¡ahh...! Sebastián se aferró a mi pecho jadeante mientras sufría de espasmos de placer que esparcían mi corrida dentro, ahora ambos estábamos jadeantes esperando a que nuestros cuerpos se enfriaran para volver a ducharnos. Luego él se puso mi camisa y bajamos en busca de algo para comer, yo me encontraba con mi bañador nuevamente, por lo que mi pecho estaba expuesto para su deleite a medida que le cortaba fruta para que comiera. Sebastián estaba bastante tranquilo, él me miraba con una sonrisa, casi embobado y cuando pensé que pararíamos para descansar un poco más, se subió sobre la isla y me abrió sus piernas. –Ven...–dijo estirando su entrada– quiero hacerlo hasta que ya no salga nada... –Joder...–dije aceptando su petición– no sé cómo lo haces, pero...–rocé mi pene en su entrada– no importa lo que haga, tú tienes el completo control de mi cuerpo...–añadí penetrándolo. –Eres mío, mi amor...–dijo envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello– si quiero que no mires a nadie, debo tenerte bien alimentado. –Hmm...–solté dibujando una sonrisa en mis labios, sus palabras tienen lógica, ahora entiendo por qué nadie me resulta lo suficientemente interesante como para llamar mi atención. Cuando me casé no pensé que sería así, pero sin duda, adoro saber que mi esposo se asegura de cumplir todos mis apetitos sexuales. –Espero estar a la altura para que tal belleza divina no se me escape– dije en voz alta, viendo como sonreía con cierta timidez. Me encanta ese lado de él, no importa que tan pervertido sea, no se inmuta ni se avergüenza, pero cuando le digo algo bonito que lo halaga, se pone tímido y hasta se sonroja. Mi amado es tan adorable.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD