Atentado en Pedro Aguirre Cerda Tras encender el motor y ponerse en marcha el elegante auto logró evadir las autoridades y la revisión médica debida. La suave piel de Carlos Alberto bajo la manga de su camisa dejó ver su dorado reloj irlandés en su muñeca. Absorta en ese trozo de piel cubierto por la suave capa de vello masculina le hizo recordar el tacto de sus manos al acariciarla en su propiedad y una parte alocada de sí mismo, deseó regresar a casa a su lado y empezar de nuevo, escuchar sus clásicos preferido de Chopin y dormir en su regazo con la mente completamente en blanco. Sin pensamientos que enturbien su felicidad. Parpadeó cuando él hizo un cambio de velocidades y extendió su mano hasta el estéreo digital en donde puso a sonar uno de sus clásicos preferidos. Su Contador había

