_Al contrario. – contestó casi al instante y luego lo tenía abalanzándose sobre mí, sus labios se rozaron con los míos y de manera suave me besó. _ ¡Ay! – grité, cuando uno de sus pies rosó mi tobillo, dolía intensamente, y para rematar, había roto un momento especial entre Edrian y yo, me sentía avergonzada. Me ayudó a sentarme de nuevo y de la nada besó mi frente y me acurrucó a él, era tan tierno cuando se lo proponía, sin duda me encantaba este chico. _ ¿Te sientes mejor? – preguntó mirando mi tobillo y con cierto temor en su mirada, no sabía si mentirle para hacer que se sintiera mejor o si hablar con la verdad. _No, aún no. – mencioné optando por la última opción, tomé sus mejillas en mis manos cuando iba a taparse la cara con las suyas. – Edrian. – dije. – Esto no es tu culpa. –

