Cuando volví a mirar a Rita la mayonesa ya estaba en mi ropa, sentí frustración, enojo, un millón de emociones mal intencionadas junto a unas ganas enormes de regañarla, pero solo conseguiría formar un escándalo y creo que no era lo mejor bajo estas circunstancias.
Cálmate Beth, no vayas a arruinar las cosas, no es el momento, no quieres quedar en vergüenza frente a toda esta gente, repetía una y otra vez a ver si podía calmarme. No quería ni ver la mancha porque eso significaría que mi enojo incrementaría aún más, creía que el chico al que estaba observando no se había dado cuenta de lo sucedido, pero, al contrario, se había percatado de la escena...
_Elizabeth, te das cuenta de que te manchaste la ropa, ¿Verdad? – dijo mamá de la manera menos discreta del mundo, es más, creo que llamó la atención de todos en el lugar.
_Sí mamá, si me doy cuenta de la mancha, gracias por notarlo también. Voy al baño, permiso. – ironicé mientras seguía tratando de mantener la calma, aunque cada vez se me hacía más difícil, ¿Qué voy a hacer ahora?
Mire al chico y para mi desgracia seguía mirándome, un poco antes de levantarme le sonreí para ver cómo reaccionaba, pero solo se quedó serio, mirando expectante a lo que sucediese luego, era extraño, no había duda de eso. A lo largo escuchaba a mamá decir lo difícil que se le hacía hablar o mantener una conversación conmigo. Pero, lo que mi mamá y papá ignoraban era que yo había renunciado a mi grupo de amigos, bueno, eran dos, pero el punto es que me costó demasiado conseguirlos. Los dejé por ellos y por su estúpida mudanza. Acepté todas las consecuencias de este viaje, abandoné a mis amigos, perdí a uno de los seres más importantes para mí, mi mascota, Max. Y sin contar que nos mudábamos al campo, todas las comodidades que antes teníamos las habíamos perdido.
Creo que ni mi mamá ni a mi nos gustaba hablarnos porque cada vez que lo hacíamos terminábamos peleando, no sé, creo que nunca fui la hija que siempre deseo tener o a veces sólo pensaba que yo no era su hija, después de todo no conozco a otra madre que trate a su hija cómo a mí me tratan. Me dirigía al baño para sacarme la mancha, que de por si era gigante. De pronto me di cuenta que no sabía dónde se encontraba el baño, busqué a Gladis y me apuntó donde era.
Entre en el baño, la mancha sí que era grande, estuve mucho rato tratando de quitarla, pero me era imposible hacerlo, recuerdo que hasta mamá llamó por celular para saber dónde estaba, que por qué me demoraba si solo era una estúpida mancha de mayonesa, o algo así dijo ella, yo solo le respondí que la condenada no quería salir y estuve en el baño unos diez minutos más, tratando de removerla o de que se notara menos, también era imposible, creo que nunca más me pondré unos pantalones tan claros. Me disponía a salir cuando...
_ ¿Qué es esto? – dije, pues sentí algo realmente fuerte golpearme, cerré los ojos ante el impacto y cuando los volví a abrir me di cuenta que era el mismo chico de antes.
_Perdón. – dijo con una voz ronca, no parecía ser de él.
_T... Tú. – tartamudeé, nunca pensaría que era él ni tampoco imaginé que su voz fuera tan ronca. – Perdón… no te vi. – volví a decir, esta vez un poco más calmada que antes.
_Okey, no fue tu culpa, eres nueva por aquí, ¿verdad? – preguntó con su tono de voz tan peculiar, no sé si está tratando de parecer interesante o si en realidad era su voz.
_S... sí, pero eso no es... re... relevante, creo. – volví a balbucear, no lo puedo creer Elizabeth. Me di una bofetada mental por reaccionar de esa manera.
_Claro, ¿Cómo te llamas? – preguntó nuevamente, ¿Me está atacando con preguntas o solo es mi parecer? Decidí responder de todas formas, no creo que sea un psicópata o algo así.
_E... Elizabeth, pero prefiero que me digan Beth o Ela. – comenté luego de decirle mi nombre, no puedo creer que me dieran un nombre tan formal, aunque de todas formas a veces me hacía sentir especial, no sé por qué.
_Perfecto. – respondió él. Estaba totalmente serio, ni siquiera una mueca, algo que pudiera indicarme cómo se sentía en estos momentos, pero no expresaba nada.
_ ¿Qué...? ¿Qué dijiste? – pregunté. Y parece que no se había dado cuenta de lo que había dicho antes.
_Nada, ya me tengo que ir, un gusto conocerte, Elizabeth. – cuando escuché mi nombre pronunciado por esos labios y con esa voz mi piel se estremeció de una manera que ni yo podía explicar.
_Pero ¿Cuál es tu n...? – quería preguntar su nombre, porque se fue sin siquiera presentarse, pero me vi interrumpida por mi mamá, estaba muy confundida en estos momentos.
_Hija, tu comida se enfriará, ven rápido. – era muy raro en ella que me llamara hija, sólo lo hacía para disimular, o por que papá le había dicho de cosas.
Fui, me senté y comí mis papas de manera rápida, me estaban apurando ya que se estaba haciendo tarde y teníamos que llegar a la casa que sería nuestro nuevo hogar temprano, o por lo menos antes de que oscureciera. Comí, mi papá pagó y nos subimos al auto, me sentía de una manera que ni yo podía explicar y como la mayoría de las veces no le di importancia, porque seguro después de un rato se me quitaba. En el auto estaba mamá, Junior y Rita, me puse los audífonos y puse una canción, sí, desamor nuevamente, en verdad me gustan mucho esas canciones.
Miré por la ventana y ahí estaba ese chico que me había encontrado afuera del baño, nunca pensé que me hablaría y justo eso hizo, no lo sé, pero algo en él hace que lo encuentre perfecto, serán sus ojos grises, su cara pálida o llena de seriedad o su voz ronca que me sorprendió. Aun siento su mirada en mí, tratando de atravesar cada barrera que tengo en mi interior, la pregunta es si podrá derribarla o no. Me quedé hipnotizada por completo en ese momento en que nuestras miradas se juntaron, ni noté cuando papá entró en el auto, él chico Rosternat hizo un gesto de despedida con la mano y yo correspondí.
_ ¿Qué haces? – preguntó Junior mientras asomaba su cabeza por la ventana para ver lo mismo que yo.
Me volví a mirar a Junior para hacer un gesto de que no sabía a qué se refería para luego volver a mirar afuera y darme cuenta de que no había nadie, bueno, le puse chico Rosternat porque no sé su nombre.
_No... no hago nada. – respondí después de unos segundos.
Él no volvió a responder, me deje llevar por la música, era algo genial, a medida que la música avanzaba, lo hacía el auto, miraba expectante hacía el exterior, era maravilloso el lugar, algo me llamaba a estar en ese campo, bajo ese cielo n***o y esperar, esperar a que las gotas de lluvia cayeran para luego salir corriendo, tal vez me sentía así porque nunca he estado en el campo, prácticamente, desde que tengo memoria, hemos vivido en la ciudad, toda la familia era de allá. Por eso se me hacía raro lo de la herencia, ni siquiera sé cómo se llamaba la señora, solo sabía eso, que era una mujer.
De pronto vibró el celular, sabía lo que era, se estaba descargando. Solo le quedaba un quince por ciento y no sabía para cuándo estaríamos en la casa.
_ ¿Cuánto falta para que lleguemos papá? – dije, pero no recibí respuesta alguna. - ¿Mamá?
_No lo sé Elizabeth, por favor sigue escuchando música.
_Okey y quieres que mantengamos una conversación. Déjame decirte que así nunca lo lograrás.
_Ya llegamos. -dijo de pronto papá. -Pueden ir a escoger su habitación.
Salí del auto y vi que la casa era de segundo piso, genial, entré y se notó demasiado que la casa era de un adulto mayor, bueno, había polvo, cosas antiguas, muebles, espejos, santos, cruces en cada puerta y ventana. No sé por qué, pero subí las escaleras y más de cuatro habitaciones y eso significaba que dejaría de compartir con mis hermanos, como fui la primera en subir, sería la primera en escoger habitación. Me quedé con la más espaciosa y además tenía baño en su interior, creo que todas las habitaciones lo tenían.
La casa me parecía quitando el hecho de que estaba llena de objetos antiguos. Ya era tarde, estaba oscureciendo y ya no podía desempacar mis cosas, pero sí saqué las muñecas viejas del lado de la cama, algo en ellas me incomodaba, tal vez era porque se parecían a la muñeca que salía en la película de Annabelle, es como si hubo niños en la casa porque hubo demasiados juguetes, aunque no era posible porque si no, ellos hubieran heredado la casa, no yo.