8. El fruto de todo mi trabajo inútil

2478 Words
Madison Solo han pasado unos días, pero parece que ha pasado un año desde la última vez que vi a Xander. Un año largo, enojado y supurante. Nunca ningún cliente me había hablado así. Jamás. Ni siquiera el cliente que me manoseo abiertamente y sugirió que mi parte femenina sería un excelente complemento a sus servicios publicitarios. Al menos fue dulce y empalagoso. Pero ¿Xander Parker? Olvídense de todo eso. Es tan corrosivo como el ácido. Lo que significa que oficialmente no debería importarme el, ni su ridículo vello en el pecho, ni ninguno de sus comentarios mordaces e hirientes. Excepto que me importa. No porque quiera ganarme a ese cascarrabias. Me enfurece que piense que estoy inflando su factura. Es lo peor que me pudo haber dicho. Y lo peor es que me siento engañada. Engañada porque podría haber jurado que él y yo estábamos conectados como adultos normales antes de que el hiciera ese giro de ciento ochenta grados sin gracia. Esa maniobra le puso el máximo a la tarjeta de puntuación de imbécil. Está científicamente verificada, como si necesitara pruebas. Xander Parker es el imbécil número uno. Así que me voy al océano de las citas. Por el, me sumerjo tan profundamente que tendré que llevar un tanque de oxígeno adicional. Porque cualquier otra persona, podría encontrar muchas parejas potenciales en aguas poco profundas, pero no, este nivel de imbécil exige sumergirse en el abismo. Llamé a un servicio de entrega de comida para que me llevaran sushi a la fosa de las Marianas, donde me voy a buscar apareja. El equipo de buceo estaba disponible en la puerta de entrada. Cundo finalmente salgo a tomar aire, estoy cubierta de un hollín n***o místico que surge como consecuencia de emparejar a almas gemelas desprevenidas. Está bien, tal vez estoy siendo un poco dramática, pero todo es verdad, menos el hollín. Es una proceso profundamente creativo que involucra elementos tanto físicos como desconocidos. No bromeo cuando le digo a la gente que soy la mejor en la industria, porque lo soy. Según una reseña de Yelp, soy como un algoritmo que tuvo sexo con un psíquico. Y estoy usando hasta la última gota de mis habilidades para este idiota increíblemente sexy en el que ya no pienso para nada, muchas gracias. Después de mi paso por la trinchera de las citas, este portafolio que he preparado para Xander es genial. Tengo seis parejas de amor auténticas esperándolo. Son tan buenas que va a reconsiderar lo que sea que lo tiene obsesionado con ser un cascarrabias. Sinceramente, es desconcertante. El hombre podría encontrar una esposa simplemente apareciendo en la biblioteca pública y gritando: “¿Quién quiere casarse legalmente con mis bíceps?”. Seguro que treinta mujeres se presentarían con un anillo de compromiso y un recibo de la reserva de un lugar para una boda. Y, sinceramente, antes de que sacara la carta del rey de los imbéciles de su mazo de médicos raros, yo habría considerado unirme a la fila. Si, también hubiera podido fingir que no era ya mi cliente. Además, tengo una visión para mi futuro. Y no implica ser Don Draper del mundo medico ni fingir un matrimonio para un colegio de médicos. Implica un sólido historial de citas, un largo proceso de planificación de la boda y la implementación de cada aspecto especial de mi vida y la de mi futuro marido en un tema cuidadosamente seleccionado para el que ya he elaborado cuatro prototipos. Si, yo era la chica que planificaba su boda en sexto grado. Completa con exámenes M.A.S.H. y todo. Amo tanto el amor y quiero que mi propia historia de amor sea tan romántica y épica como sea posible. Así que, en realidad, es bueno que el hombre este decidido a rechazar el amor y el afecto, aunque su mueca de entrenamiento por si sola pudiera convencer a una monja de rechazar sus votos. Como testigo de su entrenamiento de pesas el otro día, puedo dar fe de que estuve a una gota de sudor en el bíceps de arrancarme los pantalones y caer convenientemente sobre su pene. Gracias a Dios, Xander me mostró su verdadero rostro esa noche. Justo cuando estaba a punto de ver a Madison, podría ser el hombre perfecto después de todo, me recordó que perseguir clientes nunca es una buena idea. Y menos aún este cliente. Si a eso le sumamos el hecho de que encontrarme con mi viejo amigo Brad, el fisicoculturista más amable que jamás hayas visto para dar un divertido paseo por el camino de los recuerdos y ponerlo al día sobre lo que me pasó en Milwaukee, he acumulado suficientes recuerdos tristes en ese estúpido gimnasio como para justificar no volver nunca más. Pero tal vez el verdadero problema fue cuando acepté subirme a la máquina de muslos. Se abrió un portal que convirtió a Xander en un idiota furioso. En conclusión: probablemente no debería hacer mas ejercicio. Bien. No es como si fuera a colarme en el elegante gimnasio de Xander nunca más. El dolor me recorre de nuevo. Tengo una opinión muy alta de mí misma y de mi trabajo, y del hecho de que, si se desprestigian descaradamente en mis métodos, me dolerá durante un tiempo. Por lo tanto, no solo necesito emparejarlo por razones contractuales, sino que también necesito que suceda lo antes posible por razones personales. Cuanto antes salga de mi orbita, mejor. Es mezquino, trabaja demasiado y es demasiado sexy. No solo eso, es fascinante, que es la parte más frustrante de todo. No debería querer saber más sobre el hombre que dijo que nuestra reunión era inútil. Pero, maldita sea si quiero. ¿Y cuál es la verdadera señal de que soy una casamentera romántica sin remedio? Puede que él no crea que necesita amor ni romance, pero aún así pienso demostrarle que está equivocado, incluso después de lo malo que ha sido. Aunque Xander no cree que necesite nada más que lo que está en el papel, creo que tiene una oportunidad en el amor. Y a pesar de lo mucho que secretamente quiero trepar a este hombre como una ardilla perseguida por un gato salvaje hasta un árbol, quiero que encuentre a alguien que sea genial para él. Porque durante la última semana de estar cerca de él, de conocerlo, veo la chispa en el que se ha apagado por su agotamiento y su constante estado de ánimo. Y esa chispa amenaza con convertirse en una llama cuanto más le prestó atención. Lo que significa que estos partidos no podrían haber llegado en mejor momento. Todo lo que tengo que hacer es dejarle el portafolio, implorarle que revise las coincidencias y luego fijaremos una última reunión para que revisemos los próximos pasos en profundidad. Un pedazo de pastel que no tiene sentido. Esta es la cosa más fácil que he tenido que hacer. Las palmas no sudan en absoluto. ¿Por qué? Porque mis obligaciones cara a cara con este tipo sexy estan casi terminadas. Me dirijo a su oficina justo antes de la hora del almuerzo, porque Anna me dijo que esa sería la mejor oportunidad que tendría de encontrarlo. Mi pulso comienza a acelerarse mientras me estaciono en la clínica. Cuando llego a la zona de recepción, me falta el aliento. Puede que necesite que el Dr. Xander me examine cuando llegue. No, puede que exija la examinación. Pero el peso del portafolio en mi bolso me recuerda mi misión. Hay seis mujeres que estan esperando que el las mire con esa mirada azul hielo y les prenda fuego en la bragas. Él va a convertir una de ellas en la señora del doctor Parker. Las palabras se convierten en un mantra a medida que subo en el ascensor hasta su piso. Mis piernas se vuelven gelatina cuando entro en la oficina de cardiología y estoy bastante segura de que estoy a punto de derretirme hasta quedarme sin ropa cuando llego al escritorio de Anna. No sé qué decir. Muevo la boca inútilmente mientras ella asiente, con el teléfono pegado en la oreja. Odio que cada centímetro de mi cuerpo este esperando verlo, escucharlo, como una fan que espera a Harry Styles. Pero todavía no he podido razonar con mis entrañas. —Todavía no ha llegado— susurra mientras tapa el auricular del teléfono. —Pero volverá pronto— Todo lo que puedo ver mientras camino cerca del escritorio de Anna es la camiseta gris que usó en el gimnasio, las mangas estirándose alrededor de sus bíceps. Tuve un destello de vello en la axila esa noche, que he imaginado no menos de diez vece desde entonces. ¿Por qué el vello de la axila es sexy? Técnicamente hablando, es una zona bastante desagradable. Todo sudoroso, cálido y maloliente. ¿Pero en Xander? Ni siquiera me importa. Dame todo el Eau de Imbécil. Y no solo eso. Habría perdido el dinero que me había ganado con este proyecto por echarle un vistazo a sus abdominales. Habría pagado más por pasar la punta de mi dedo índice por cualquier surco que hubiera encontrado en ellos. Los ásperos matices de su voz me hacen detenerme a mitad de camino, y solo entonces me doy cuenta de que estado mordiéndome una uña. Enderezo la espalda, preparándome mentalmente para verlo de nuevo. Recordándome a mí misma la forma en que dijo que nuestra cita en el gimnasio no tenía sentido. Resoplo, intentando recuperar algo de mi ira anterior, pero todo mi disgusto se disuelve cuando lo veo, detenido al final del pasillo, con su bata blanca a la vista. No viene hacia mí, si no que se ha detenido y está charlando con alguien. Una mujer mayor que habla tan bajo que no puedo oír lo que dice. —Por supuesto, por supuesto— le dice el Dr. Xander asintiendo. Me acerco a ellos sin poder evitar querer saber más. —Lo trataste con tanta amabilidad— dice la anciana. —Y yo…no puedo expresarte cuanto significa eso para mí— —Señora Wilson, la salud de su marido es lo más importante para mí y lo digo enserio. Estaré en contacto contigo todos los días para ver cómo se recupera— La señora Wilson se seca la cara; tal vez estaba llorando. Me duele el corazón por un momento, pero todo explota en mi pecho cuando el abraza a la pequeña señora. Su voz se apaga cuando murmura: —Gracias— en su pecho, la muy afortunada, y antes de que tenga tiempo de actuar con naturalidad, él se dirige hacia mí, ajustándose el puño de la manga de la bata. —El doctor Parker— comienza a decir Anna mientras pasa rápidamente a mi lado. Me agarro a la pared para apoyarme. Es vetiver y caoba. Está repleto de feromonas y me ignora por completo. Se dirige a su oficina, dejando la puerta abierta de par en par. Miro entre la pueta y ella, frunciendo el ceño. —¿A caso el…acaso el me vio? — —Te dejé la puerta abierta— entona Xander desde la oficina. Miro hacia adentro. Está de pie detrás de su escritorio, con las puntas de los dedos juntas sobre la superficie, mimándome como si no pudiera creer que no lo entienda. —No escuches el tono— dice Anna en voz baja, como si no quisiera que Xander la escuchara. —Piensa solo en las palabras— Lo que sea necesario para coexistir con esta hombre maravilloso. Estas deben de ser sus técnicas de supervivencia. Entro en su oficina y cierro la puerta detrás de mí. apenas levanta la vista de su escritorio cuando me acerco, manteniendo su postura incluso cuando me deslizo hacia la silla frente a él. Parece distraído, pero de alguna manera dolido. —¿Está todo bien? — pregunto. Parpadea un par de veces, sin mirarme. —No exactamente— —Fue un momento sorprendentemente dulce— le digo. —No sabía que tenías la capacidad de ser amable con la gente— Este comentario no tiene el efecto deseado. Su rostro se endurece. —¿Estás siendo sarcástica? — —Escuché lo que le dijiste a esa mujer allá afuera— parece que aún no entiende lo que es notable, así que añado: —La mayoría de los médicos que conozco no pasarían ni un segundo más de lo necesario con un paciente. Y hasta la abrazaste. Así que ahí hay una pegatina de un osito de peluche dorado— —Osito de peluche— repite mientras se sienta y la niebla que lo mantenía cautivo comienza a disiparse. —Si, créeme, necesitas tantas pegatinas de ositos de peluche como puedas conseguir— Se humedece el labio inferior, que casi me deja embarazada en el acto. —No quiero ninguna de ellas— —Si, bueno tu comportamiento en general se beneficiaria de tener un par de ellas por ahí, si sabes a lo que me refiero— Su mirada azul me atraviesa. —¿Quién lo dice? — —Oh, no sé, ¿prácticamente cualquiera que tenga que entrar en contacto contigo? — No debería hablar con el sobre esto. Debería dejar que sea un idiota y seguir con mi día. Pero hay algo en Xander que me invita a seguir adelante. Puede que sea un poco brusco, pero tengo una lima de uñas y se cómo usarla. —La gente que importa podrá manejar mi comportamiento en general— dice, flexionando la mandíbula. —Genial. Me alegra saber cuál es mi postura— Me muerdo el labio interior mientras busco en mi maletín la carpeta de partidos. —No dije que no pudieras controlarme— su voz suena áspera como en whisky. Y así, la electricidad recorre el aire. Lo miro y frunzo el ceño. Esta insinuando que soy una de las personas que importan, y al insinuación hace que pise el freno. Necesito desesperadamente completar mi misión y partir. Pero ahora, quiero seguir este desvió. —Escucha, tengo que hacer esto rápido. Tengo muchos otros clientes a los que atender, gente que está realmente entusiasmada con el trabajo que hago y el enfoque que adopto. Así que te dejo esto— dejo el portafolios en el escritorio, claramente consciente de que no ha apartado la mirada de mí. Ni una sola vez. Y su mirada está empezando a dejar marcas de quemaduras. —¿Qué es? — —Tus opciones— le ofrezco una sonrisa obviamente falsa. Intento encontrar ese punto medio entre profesionalismo y sarcasmo, pero el me lo pone difícil. Destruyo por completo la normalidad cuando se llevó las cosas al carril de los imbéciles, así que creo que tengo el derecho a devolverle lo que me da. —Aquí está el fruto de todo mi trabajo inútil— …
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