-¡Qué bien! Así que estaban juntos. ¡Oh, mi amigo como siempre!- exclamó mientras daba palmadas celebrando aquella escena lleno de ira.
-No es lo que piensas.- dijo Caleb en un intento por apaciguar aquellas turbulentas aguas que se avecinaban. Pero cuando terminó de decir aquello, recibió un golpe de puño directamente en la nariz.
-¡No por favor! ¿Qué haces?- gritó ella desesperada.
Becca trataba de calmar a Alex que estaba furioso. Caleb ni siquiera se defendía y aquel seguía dándole puñetazos. La muchacha se colocó en medio, defendiendo a Caleb y mirándo a los ojos a su amigo le pidió que se marchara. El muchacho no quería dejarla sola con Alex pero ante la insistencia de la joven se marchó preocupado. Ella le dijo que hablaría con Alex, quien parecía un león enjaulado casi imposible de controlar. Tan cegado estaba que no podía ver el estado en el que se encontraba Becca.
-¡Ya basta! No sabes lo que haces.- le dijo devastada.
-¿Cómo que no sé? ¿Por qué me hiciste esto? ¿Qué quieres que piense? No me respondes las llamadas, nunca estás en casa. Yo solo vine porque quería darte una sorpresa. Y pensé que algo te había pasado, pero mira fui yo el sorprendido. En cuanto vi la camioneta de Caleb, algo me inquietó por eso decidí quedarme aquí fuera y esperar a ver que sucedía.- dijo molesto.
-¿Pero cómo puedes pensar que estábamos haciendo algo que te pudiese dañar? No tienes ni idea de lo que has hecho. No sabes por lo que he pasado. Caleb solo me ha estado ayudando durante estos días.- sollozaba la muchacha.
-¿Y qué fue eso de “te quiero”? ¿Acaso no te has dado cuenta cómo te mira? ¿ De cómo te ama?- interrogó enfurecido.
-¿Pero qué estás diciendo? Es solo mi amigo. Por favor, deja de hablar de esa manera. Me estás haciendo mucho daño. Si vas a seguir así no quiero volverte a ver.- gritó mientras lloraba destrozada con cada palabra que salía de la boca de Alex.
-¿Qué, ya no quieres verme para ir a encontrarte con él?-
-¡Basta! Vete ahora mismo.- gritó molesta pero sobre todo herida.
-¡No me voy a ir!- dijo desafiante.
La muchacha no resistió más y llorando corrió hacía adentro de la casa.
-¡No creas que me iré! ¡Becca, Becca ven aquí!- gritó enojado.
Al oír todo aquel escándalo, Eloísa salió para hablar con Alex. Pensó que era momento y él debía saber toda la verdad. Becca subió a su habitación y cerró la puerta con tal furia que cayó el cuadro de girasoles que estaba colgado en el pasillo. El dolor que aquello sumaba a su corazón era demasiado e insoportable. El muchacho que aún permanecía afuera, caminaba de un lado hacia el otro embravecido.
-¡Alex, por favor, tranquilízate! Le dijo Eloísa.
-¿Cómo me pide eso ahora? No puedo creer lo que me hizo. ¡Yo la amo con todas mis fuerzas!- sus ojos ardían en cólera.
-Pero no te hizo nada. Ninguno de los dos te hizo nada. ¿Cómo puedes hablar de esa manera? Tienes que recobrar la calma y la cordura hijo- exclamó ella.
Él no dejaba de ir de un lado al otro resoplando y con los puños cerrados con fuerza.
-Tengo que decirte la verdad, aunque mi nieta se enfade conmigo, pero no puedes seguir creyendo lo que no es. ¡Es absurdo!- Dijo molesta.
-¿Qué es lo que me tiene que decir? Hable por favor- la apresuró.
Eloisa una vez más le suplicó que se calme ya que en el estado en el que se encontraba era imposible hablar.
-A Becca… a Becca le sucedió una desgracia…- dijo mientras las lágrimas comenzaron a caer imparables de sus ojos.
-¿Qué?!- exclamó sorprendido.
A medida que ella le relataba los hechos ocurridos el rostro de Alex pasó de estar enceguecido y enojado a estar angustiado y quebrado. Sus ojos se cristalizaron e inevitablemente las lágrimas comenzaron a correr.
-Por eso es que Caleb estaba aquí acompañándola. Fue él quien la rescató de aquellas moustrosas bestias.-
-Pero… (una breve pausa), ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué me oculto tal atrocidad?- Preguntó abatido .
-Quiero hablar con ella, lo necesito. Por favor, ¡ayúdeme! Necesito estar a su lado.- Le rogó incesantemente.
-Voy a ver que puedo hacer, pero no depende de mí. Además lo que hiciste no estuvo bien.- le reprochó.
Alex esperó en la sala, estaba totalmente desesperado, y deseaba estar al lado de su amor. Le destruyó el corazón lo que Eloisa le había contado y se sintió muy mal por haber siquiera pensado todo lo que pensó de su amada. El dolor y la culpa lo estaban consumiendo sin piedad. No pudo aguardar más tiempo, los minutos le parecieron años. Corrió hacia la habitación de Becca. Ésta estaba recostada sobre el regazo de su abuela llorando inconsolable mientras Eloisa la sostenía entre sus brazos. Sus ojos al voltear y verlo se cerraban de lo hinchados que estaban de tanto llorar.
-Becca…- murmuró Alex.
Ella corrió la mirada hacia la ventana y luego le pidió que se retirara, no lo quería ver, no podía.
Eloisa se levantó del lado de la muchacha y alegó que tenía que bajar y apagar la estufa que aun seguía encendida.
-No abuela.- dijo ella.
Pero Eloísa se retiró, sabía que lo mejor era que hablaran.
-Perdóname por favor. Fui un tonto, me siento un completo miserable. Perdóname, te amo…- suplicó él arrodillado al lado de la cama.
-¿Cómo pudiste pensar que te estaba engañando con Caleb? Él solo ha sido mi mejor amigo. No sé si pueda perdonarte después de lo que dijiste y lo que le hiciste a él.- Le reprochó ella sin que las lágrimas dejaran de caer de sus ojos.
-Lo siento, no sé qué más puedo hacer. ¡Me equivoqué como un imbécil! No tenía la menor idea de lo que habías pasado, ¿por qué no me lo dijiste? Además, no sabía nada de ti y cuando los vi pensé en lo peor. No puedo entender que no me lo dijeras.- dijo con la voz entrecortada.
-Estaba esperando el momento para decírtelo.- respondió ella secando su rostro usando la manga de su camiseta.
-Yo tengo la culpa, lo sé. No debí haberte dejado ir sola aquella tarde. ¡Soy un estúpido!- exclamó mientras golpeaba su cabeza con el puño de su mano. Se culpaba por lo que le pasó a Becca.
-No, no digas eso. Tú no tienes la culpa. Esto pasó, pero seguro que pronto estaré bien.- Ella no quería que aquel se sintiera culpable por lo que vivió.
Él se acercó un poco más hacia ella, la tomó entre sus brazos y la abrazó tan fuerte que no quería soltarla nunca más. Así estuvieron por un largo tiempo hasta que ella se quedó dormida. Alex solo la miraba dormir, acariciando su mejilla y pensando en como le pudo haber pasado todo eso. La culpa lo carcomía inmensamente. Verla así, tan indefensa y no haberla protegido, le hizo pensar que él no la merecía en realidad. No lo había hecho y por eso había sucedido tal hecho. La veía tan vulnerable que el corazón se le rompía por aquella atrocidad. Es que > Pensó en vengarse a como sea de cada uno de esos hombres. Estaba decidido a hablar con Caleb para disculparse y pedirle que lo ayude a encontrar a esos malditos y hacerles pagar por el daño que le causaron a su amada.
-¿Aún estás aquí?- preguntó somnolienta.
-¡La bella durmiente se ha despertado! Eloisa ha preparado una rica cena, bajemos que nos está esperando para comer juntos.- exclamó el muchacho con una gran sonrisa.
-¡No tengo hambre!- exclamó ella.
-Pero debes comer algo, vamos. O ¿quieres que traiga hasta aquí la cena?- Preguntó él.
-No. ¡Está bien! Voy a bajar.- respondió más animada.
-¡Está delicioso abuela! La puedo llamar así ¿verdad?- Dijo él muchacho sonriendo de oreja a oreja.
-Gracias querido. ¡Claro que sí, me puedes llamar abuela! ¡Es un gusto que estés aquí esta noche y saber que todo está mejor entre ustedes.- dijo ella con el rostro lleno de alegría
-Así es abuela. Gracias…- exclamó Becca con una inmensa sonrisa.
Después de haber degustado el postre, un rico helado de chocolate con nueces, ambos ayudaron a la abuela a recoger la mesa.
Luego los dos enamorados salieron al jardín. La noche estaba cálida, la luna radiante como siempre, pero los ojos de Becca no eran los mismos, es decir, no eran sus ojos, no era su mirada. Parecía que se había perdido y sus ojos sin brillo lo reflejaban. Alex no soportaba verla así, esa no era la Becca que había conocido. Intentaba hacerla reír, pero si ella lo hacía era solo para complacerlo, no porque realmente sintiera ni quisiera hacerlo y él lo sabía.
-¡Que hermosa está la noche!- exclamó Alex extendiendo sus brazos.
-Si, hermosa como siempre.- dijo ella contemplando el inmenso firmamento estelar.
-Si, pero no es más hermosa que tú- replicó contemplando a su amada con los ojos llenos de amor.
Ella se sonrojó al instante y su mirada se volvió a perder en el suelo.
-Pero, ¿Qué haremos mañana?- Preguntó el muchacho.
-Mmm… no lo sé.- respondió desanimada.
-Podemos ir a la casa de mi hermana. ¿Qué te parece?-
-Emmm, la verdad es que me gustaría quedarme en casa.- dijo casi como en un susurro.
Pero él no se daba por vencido.
-¡Vamos Becca! Vas a ver que te va a encantar, el lugar es precioso.- exclamó insistente.
-Emmm….- logró decir cuando él la interrumpió y dijo:
-Caleb y los demás chicos también pueden venir, ¿qué dices?- preguntó esta vez.
-La verdad que sería muy lindo, pero no tengo ánimos.- respondió ella cabizbaja.
-Está bien, en otra ocasión iremos, no te preocupes.- Le tomó las manos y las besó con delicadeza.
-Creo que es hora de que me vaya, no te vaya a regañar la abuela.- dijo con una pequeña carcajada.
-Tienes razón.- sonrió ella de igual manera.
El muchacho quiso besarla pero ella lo rechazó voltenado su rostro. Así que él solo se despidió diciéndole que volvería al día siguiente después del almuerzo. No podía antes, dado que tenía un compromiso que cumplir. Ella solo asintió con la cabeza. El corazón del muchacho se estremeció de tristeza.
Pero en cuanto él se dio la vuelta para marcharse, Becca no lo resistió más y corrió hacia él, lo abrazó desde atrás muy fuerte y le dijo que no quería que se fuera. Deseaba que estuviera con ella. Alex se dio la vuelta y ella se acercó lo suficiente para besar sus labios. Aquel beso hizo que el tiempo se detuviera por un instante. Todo a su alrededor no tenía sentido alguno, solo estaban los dos allí en medio del jardín.
Mirándola con ternura a los ojos le dijo:
-Te amo, y voy a estar aquí contigo porque es lo que más quiero en el mundo. Mi Becca.-
Los ojos de la muchacha comenzaron a brillar como antes y juntos ingresaron a la casa. Se quedaron recostados en el sofá de la sala para que al poco tiempo se dejaran atrapar por los brazos del sueño profundo.
A la mañana siguiente, Alex se despertó muy temprano, antes de que el sol se pusiera y como no quería despertarla le dejó una nota explicándole que tenía que volver a su casa porque debía cumplir con un compromiso. Besó la tibia mejilla de su amada y en un susurro le dijo:
-Te amo.-
Al salir de la casa fue directo a ver a Caleb. Necesitaba hablar con él y pedirle disculpas por lo ocurrido. Cuando llegó éste se encontraba lavando la camioneta.
-¡Caleb!- Gritó Alex al bajarse de su auto.