¿Qué le habrá pasado para sentirse así con las fotos?
Y ahora yo ¿Por qué estoy pensando tanto en eso? Que más me da lo que ella sienta o deje de sentir cuando las ve, yo sólo tengo que pensar en mi, en lo que yo sentiré cuando esté en la exposición.
Mi amor cuanta falta me haces, creí que iba a ser más llevadero con el paso del tiempo, pero es todo lo contrario y más ahora que las exposiciones están por inaugurarse y tienen tanto de ti, de todos esos viajes que teníamos planeados para hacer juntos, tanto de todo lo que nos gustaba ver.
*Te amo. - Le digo mientras le hago el amor como tanto nos gusta, con cada roce de nuestra piel, con cada gemido invadiendo esta habitación.
- Te amo. - Me dice cuando nuestros cuerpos se rinden a todas estas sensaciones recibidas mientras nuestros cuerpos quedan exhaustos por todo lo que sentimos.*
Abro los ojos con un dolor en el pecho que últimamente me va acompañando mucho. - Amor, como me gustaría volver atrás para decirte todo lo que me hace sentir tu ausencia, como extraño tu respiración para yo poder respirar junto a ti, tanto dolor desde que te has ido, tanta soledad, tanto silencio sin ti a mi lado, te necesito amor te necesito como nunca llegué a imaginarme.
El sonido del teléfono me saca de mis pensamientos, retiró las lágrimas que habían salido de mis ojos y dejó aquella foto que le tome en aquel mirador que tanto me gustaba a mi pero a ella no, pongo la foto en su nuevo lugar y voy en busca de el.
- Holaaa Teito, ¿Cómo estas? - Dice mi hermana sin dejar que yo le salude bien.
- Hola Mari. - Digo sin mucho ánimo.
- ¿Qué te pasa? - Pregunta del otro lado.
- No me pasa nada. - Le digo con ganas de colgar la llamada.
- Hey!!! A mi me hablas bien que soy mayor que tú. - Me regaña como últimamente se le ha hecho costumbre por mi pocas ganas de hablar con alguien.
- Vale, tranquila señora estoy bien y no me pasa nada. - Digo con sarcasmo.
- Ja, ja que gracioso, tampoco es para que te pases. - Me dice riendo.
- No estoy de humor, dime que quieres y ya está. - Estoy muy cortante en estos momentos y ella más que nadie debería saberlo.
- Me enteré que ya tienes la nueva publicista. - Dice de la nada.
- Si, llego hoy al estudio, ¿Sólo para eso me llamas? Después hablamos ¿Si? - Antes de cortar la llamada.
- Teo no cuelgues. - Como me conoce ya que le iba a colgar. - No llamo solo para eso, llamo para saber cómo está mi hermanito, me preocupo por ti al igual que todos en casa y Antonio también se preocupa por ti. Teo, no puedes seguir así de arisco con las personas que te quieren ayudar, que te queremos ayudar.
- ¿Y cómo me van a ayudar? ¿ Me van a devolver a Karla? ¿Van hacer que tenga a mi hijo en los brazos? Porque si no recuerdas estaba embarazada y ya abría nacido mi hijo o hija, pero tengo la mala suerte de no poder tenerlos conmigo, Mari, me gustaría que me dejen tranquilo sufriendo todo lo que tengo que sufrir y estar encerrado en estas cuatro paredes, porque en el momento que salgo por esta puerta tengo que fingir que no pasa absolutamente nada, que todo está perfecto cuando no es así. - Le estoy gritando a mi hermana. Cierro los ojos y trago fuerte, respiro profundo y me tranquilizo. - Perdóname, no quise gritarte.
- Por lo menos te has desahogado. - Ella me dice sin tomar importancia lo que dije antes.
- La verdad es que me siento más tranquilo. - Digo respirando y limpiando las lágrimas que siguen recorriendo mis mejillas.
- Te estás secando las lágrimas ¿Verdad? - Pregunta y no hago más que reír.
- j***r, como me conoces. - Le digo riendo.
- Eres el peque, ¿Cómo no te voy a conocer? Aparte de que conmigo eres un libro abierto.
- Gracias Mari. - Digo de la nada.
- ¿Gracias? Ja, mañana le vas a pedir disculpas a Ale y a esta chica que ahora no recuerdo su nombre por lo borde que te has comportado hoy con ellas ¿Entendido?
La escucho y es que no puedo creer lo que me está pidiendo Mari a Ale, bueno ya con ella hablaré pero con la chica ¿Qué le voy a decir si ni siquiera la conozco?
- ¿Estamos? - Me vuelve a preguntar al notar mi silencio.
- Estamos. - Le digo sin más.
- Bien, hablamos otro día, cuidate mucho y descansa que ahora viene toda una odisea con Las fotos y la exposición. Y ya Teo, deja la foto tranquila.
- ¿De qué foto hablas? - Pregunto a sabiendas de que me está hablando.
- De la foto de Karla que tienes en tu mano ahora mismo. Teo, de verdad no te hagas más daño.
- Te quiero Mari. - Le digo y cuelgo la llamada, miro la foto y la vuelvo a dejar en la mesita.
Voy a la cocina para buscar una copa de vino y me voy directo al estudio para perderme la melodía de algunas canciones mientras vuelvo a mirar las fotos de la exposición.
Una copa, dos, tres, cuatro, cinco y no me di cuenta cuando me quedé dormido en el sillón y me despierto con el sonido de una llamada entrante, busco el teléfono y no lo encuentro y me levanto para seguir su sonido hasta llegar a la cocina y allí está en la encimera.
- Hola. - Digo sin mirar quien llama.
- Teo, ¿Estás bien? ¿Se puede saber donde estas? - Me habla una voz que nunca había escuchado y se le nota desesperada.
Miro la pantalla para ver el nombre y sólo veo números y a la vez veo la hora y son las once de la mañana.
- No se quien eres, pero estoy en casa, me quedé dormido ¿Pero tú quién eres? ¿Por qué tienes mi número?
- Teo soy Diana, te esperamos. - Me dice y termina la llamada.
Recuerdo que ayer le dije a Mari que le pediría disculpas por como me comporte con ella y con Ale. Me voy al sofá y me siento con la cabeza entre mis manos para después llamar a Ale.
- Teo, ¿Cómo es que aún estás en la casa? - Pregunta nada más contestar.
- Hola Ale, yo estoy bien gracias por preguntar y tú ¿Cómo estás?
- Deja tu sarcasmo, ¿Qué te ha pasado?
- Anoche estaba en el estudio y me dormí muy tarde y no puse el despertador. - Le digo y ella se ríe. - ¿Se puede saber de qué te ríes?
- Me río de ti Teo ¿Cuánto hacía que no se te hacía tarde? Mmmm, deja que piense, mmmm, la verdad es que no recuerdo. - Dice y sigue riendo.
- Deja de burlarte de mí, me voy a duchar y salgo a encontrarlos. - Digo y terminó la llamada para meterme a la ducha.
- Hola. - Saludo al entrar.
- Hola. - Responden todos a la vez.
- Teo, para mañana tenemos una agenda muy completa. - Me dice Diana al llegar donde estoy, mira por donde, ahora recuerdo su nombre, claro después que me lo dijo esta mañana.
- Lo sé Diana. - Me mira a los ojos y me dedicó una sonrisa y recuerdo que tengo que guardar su número para que no vuelva a pasar lo de esta mañana.
Me quedo mirándola sin expresión alguna a ver si se intimida y deja de mirarme, pero no, sus ojos verdes son tan penetrantes que no puedo dejar de mirarlos.
- ¿Me puedes traer una pastilla para el dolor de cabeza? Por favor. - A parte de que si me duele la cabeza es la excusa que busco para que sea ella la que aparte la mirada.
- Ahora la traigo. - Dice y se va.
- Tío ¿Qué ha sido eso? - Pregunta Alberto a risa y lo miró con desaprobación.
- ¿Qué ha sido qué? Sólo le pedí una pastilla para el dolor de cabeza. - Digo restando importancia a lo que acaba de suceder que ni yo mismo entiendo.
- Sabes a qué me refiero, a esas miradas que se dieron.
- No te hagas ideas, sabes que no tengo ojos para nadie.
- Hermano, ya es tiempo de que por lo menos pienses en rehacer tu vida.
Me quedo mirándolo y aunque se que tiene razón no le digo nada.
- Aquí tienes la pastilla Teo. - Dice Diana al entrar.
- Gracias. - Digo tomando el vaso que me entrega junto a la pastilla. - ¿Me puedes dar la agenda por favor?
- Si, ahora la traigo y revisamos todo lo que necesites. - Dice riendo y se va.
- Te lo seguiré diciendo, date otra oportunidad. - Me dice Alberto cuando se aleja.
- Hace un tiempo ya me di una oportunidad y mira como estoy. - Digo y le doy la espalda.
- Sólo te digo que te des una segunda oportunidad hermano, no puedes seguir así. - Me dice y cuando le voy a responder entra Diana.
- Aquí estoy, ¿Ya podemos empezar a trabajar? - Dice sentándose en la silla que está frente a mi y dejando la carpeta en la mesa.
- Cuando quieras. - Digo sin más, pero la palabra disculpa está en mi cabeza y es todo gracias a mi hermanita.