Regresé a la casa con Sharon, aguanté su interrogatorio en el trayecto. Compartimos la comida guardada en el microondas, no nos importó compartir, yo no tenía mucha hambre y mi acompañante por lo intrigada apenas picó. Ha especulado tanto por la bomba que olvidó comer. Saqué pan de la alacena para acompañar el plato de espaguetis. Llené los vasos de jugo y ella comenzó a sonar sus uñas en el vidrio. Yo estaba ganando tiempo. —Por la demora, lo misteriosa y nerviosa, la bomba es contigo, ¿cierto? —sonreí de puros nervios. —¿Qué comes que adivinas? —dejé el jugo en la mesa, senté. —Suéltala. —Se metió el primer bocado de comida. —Me he enamorado. —Sus ojos brillaron no por sorpresa sino porque se lo contaba. —Hasta que por fin se lo cuentas a tu mejor amiga. —¿Se me nota mucho? —Han pa

