Uno de los chicos fue herido en una pierna, aunque mató a su adversario. Ya no había muchos enemigos, bajé el escudo. Quedaban ocho del Norte, los jóvenes comandados por él tal Yajaht siguieron peleando. Milnay extendió sus manos y los carros que obstaculizaban el paso fueron arrojados a cada lado de la carretera. —Es una autopista ¿Dónde están los vehículos transitando? —buena pregunta, la de Sharon, la comandante ayudó al joven herido, lo llevó a uno de sus autos. —No lo sé, hay muchas cosas que ignoro y en parte porque en el fondo no le creía a la abuela. —La sacaré de aquí por el barranco. —comentó Milnay cuando ingresó al auto—. Es increíble su energía. Metió el acelerador hasta el fondo. Hice una venía modesta. En otro momento a lo mejor brincaría de la emoción, pero en este inst

