Me puse muy roja, esa era su letra, y el descarado me miraba con picardía. Sentí la mirada penetrante de mi vecino, quien después de pasar y leer lo mismo que yo, llegó a su puesto. No sé cómo lograba darse cuenta de todo a su alrededor. —El profesor llegó. Comparto dos clases con quien será mi novio dentro de una semana y en ambas logró sonrojarme como jamás lo habían hecho. Ahora entendía el porqué mis compañeros se reían y me miraban. Llegué a la cafetería con Sharon, le conté lo acontecido. —¿Puedo sentarme con ustedes? —preguntó. No sé qué era lo que había dicho Larry, pero la sensación fue peor que antes. Todos nos miraban con insistencia, hasta Jerónimo tenía su frente arrugada. Él se sentó con su grupo de estudiantes vagos y mujeres fáciles, sin embargo, no dejó de mirarme. —¡

