La abuela salió de la habitación, no sé ni porque me molestaba en cerrarla con llave cuando ella podía abrirla con un simple pensamiento. Desperté súper temprano, aún no quería verlo, por eso llamé a Sharon. —Buenos días, dormilona. —Fue lo primero que dije al contestar su celular. —¡Dormilona! —gritó—. Ni siquiera son las seis de la mañana. Debe ser algo muy gordo para llamar a esta hora. —Arréglate, nos iremos de compras. —¿Qué? Debe sonar muy extraño escuchar esa palabra de mi boca. Jamás he sido una mujer de las que van de compras. —Ya escuchaste, hay algo muy importante que debes saber, además necesito planear. —¿Qué es? —La imaginé sentada en su cama. —En media hora paso por ti. —No, no, no. ¡No seas tan indolente de dejarme así por media hora! Por lo menos adelántame el ch

