Narra Alexander No podía creer que había llegado al punto de arrastrar a mi primo a esto, pero aquí estábamos, espiando a Wang en su cita con el maldito Hassan Collen. Aprieto la carta de comidas en mis manos al sentir como la furia corría por mis venas al ver cómo ese maldito rubio tocara la mano de Christine de manera disimulada, pues ella parecía no notarlo entre tantas sonrisas que le dedicaba al imbécil. Athom carraspea para llamar mi atención y entonces finjo que nada pasa, pues no le había dicho nada sobre mi misión secreta y no quería parecer un psicópata al decirle mi verdadero motivo para estar en ese lugar. —¿Rollitos primavera? —cuestiono sin bajar mucho la carta de mis manos, pues aquello me ayudaba a cubrir mi rostro y no ser descubierto por Christine. —Sí, y además un

