Jake
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Luego de asegurarme de que Emma entrara al edificio, regresé al auto, y retomé mi camino. La calle estaba tranquila, con apenas un par de faroles encendidos proyectando sombras largas en el pavimento. Suspiré, sintiendo el cansancio acumulado en cada uno de mis músculos.
Una ligera lluvia comenzó a caer mientras manejaba de regreso a casa, pero ni siquiera eso me distrajo. Pensaba en Emma, en cómo me había hecho sentir algo que no había experimentado en mucho tiempo.
Clair de Lune de Claude Debussy sonaba en la radio, pero no era eso lo que me tenía atrapado. Era su risa. la forma de sus ojos brillaban al contar alguna anécdota absurda de su trabajo, la forma en que su nariz se arrugaba, cómo se sonrojaba, . Todo en ella me llamaba la atención de manera que no podía ignorar.
¿Qué demonios me pasa?
La respuesta era obvia, pero no lo admitiría en voz alta.
¿Qué tiene esta mujer que me tiene así?
El semáforo se puso en rojo y frené. Miré por la ventana, las gotas de lluvia caían al mismo ritmo que mis pensamientos.
¡Suspiro!
Recuerdo cuando entre aquel cafe donde nos conoceriamos por primera vez. Entre aquel lugar , de inmediato la vislumbre sentada en una mesa apartada. miraba a su alrededor, como si estuviera buscando a alguien.
Me detuve un momento, para poder detallarla mejor, llevaba un vestido azul marino que se amoldaba a su cuerpo, aunque no podía ver mucho desde donde estaba, su pelo caía en su espalda, de un color castaño. Se veía nerviosa.
Decidí acercarme, al hacerlo le pregunté si ella era Emma, respondió que sí, así que tomé asiento frente a ella, al hacerlo pude verla de frente y por Dios que es hermosa.
¿Por qué me hizo esto?
Me había cautivado sin hacer nada. Ni una palabra, ni una mirada. Solo estar ahí, con esa presencia que te atrapa. Y ahora estoy aquí, pensando en ella a cada segundo.
Vuelvo a la realidad al escuchar el claxon de los coches al semáforo colocarse en verde nuevamente.
No puedo evitar preguntarme ¿cómo alguien en su sano juicio puede abandonar a una mujer así? inteligente, hermosa, divertida, tierna.
Tal vez por eso no dudé en aceptar su propuesta, claro eso y que también necesitaba a alguien que se hiciera pasar por mi novia.
Aceleré por costumbre. Pero mi mente seguía dando vueltas. ¿Qué me pasaba? Yo no era un tipo emocional, nunca lo había sido. Pero con ella… era distinto.
No pude evitar reírme de lo absurdo de la situación. yo, el tipo que juraba no volver a caer en dramas, ahora estaba metido hasta el cuello en una historia que parecía sacada de una novela romántica.
Emma me hacía sentir… vivo. De alguna manera.
Cuando llegué a mi edificio, estacioné y me quedé unos minutos dentro del auto, mirando cómo las gotas caían sobre el parabrisas.
Me bajé del auto, respiré hondo. El aire frío me golpeó el rostro, y sentí cómo me despejaba un poco, aunque el caos en mi cabeza seguía.
Al llegar a mi departamento, dejé la chaqueta en el perchero, fui directo al mini bar y serví un trago de whisky. Lo bebí de un solo golpe y sentí el ardor descendiendo por mi garganta.. Necesitaba algo fuerte para calmarme. Pero no ayudó. Mis pensamientos volvían a ella. Todo volvía a ella.
Me senté en el sofá, y aunque trataba de pensar en cualquier otra cosa, mis pensamientos regresaban a ella, una y otra vez, su risa, su mirada que me atraía como un imán…
Ella no tenía ni idea de lo que provocaba en mí. j***r, esa mujer me tiene a sus pies y no lo sabe.
¿Qué tenía Emma que me dejaba en este estado?
Tomé otro sorbo de whisky, sintiendo el calor recorrerme. Cuanto más bebía, más me daba cuenta de lo ridículo que era todo esto. ¿Cuándo empecé a sentir esto?
Mi teléfono vibró. Era un mensaje de ella.
“Jake, solo quería agradecerte por hoy. No pensé que me divertiría tanto. Gracias.”
Sonreí. Lo leí dos, tres veces, ¿Cómo le decía que había disfrutado cada segundo?
Finalmente, me decidí. Escribí algo simple.
"No tienes que agradecer. A mí también me gustó… bastante."
Esperé la respuesta. “Escribiendo…” apareció en la pantalla, y mi corazón latió más rápido.
"Entonces, ¿quedamos en repetirlo?"
Leí el mensaje un par de veces. No pude evitar reír. Escribí rápido.
"Definitivamente, lo repetimos."
Puse el teléfono sobre la mesa, y caminé hacia el balcón.Necesitaba despejarme, encontrar algo de lógica en todo esto. Apoyé las manos en la barandilla fría y respiré hondo.
No podía sacarla de mi cabeza. Me preocupaba lo fácil que había sido estar con ella.
¿Cuándo fue la última vez que me sentí así con alguien?
Traté de pensar en el pasado, en otras relaciones, pero ninguna me hizo sentir... así. Algo en Emma rompía las barreras que había levantado durante años.
Escuché mi teléfono vibrar desde la mesa y, sin pensarlo, regresé al interior. ¿Un mensaje de ella? Revisé la pantalla, pero solo era una notificación de correo. Suspiré, un poco decepcionado
Volví al balcón y me quedé allí un buen rato, observando la ciudad en silencio. ¿Y ahora qué? pregunté en mi mente. ¿Qué se suponía que iba a hacer con todo esto?
El aire fresco me despejaba un poco, pero no lo suficiente. Pensé en lo fácil que había sido reírme con ella, sentirme a gusto.
Suspiré, mirando las luces de la ciudad como si ellas fueran a darme las respuestas.
Mi teléfono vibró de nuevo. Lo revisé pensando que era ella, pero esta vez era un mensaje de un amigo que quería organizar una salida para el fin de semana. Lo dejé de lado; no podía pensar en otra cosa más que en ella.
Volví a mirar la noche, tratando de entender qué era lo que Emma despertaba en mí. Cada vez que cerraba los ojos, podía verla, escuchar su risa y ver cómo sus ojos se iluminaban. No había nada en ella que pudiera dejar pasar por alto, y eso me asustaba. ¿Estaba dispuesto a permitir que alguien rompiera mis defensas? Si no es que ya estaban rotas.