Capítulo II

4991 Words
La joven se apresuró en caminar por el pasillo hasta llegar a las escaleras traseras, de esa manera llegaría antes con la princesa, y también se evitaría el encontrarse con el príncipe. Éste ya tenía en mente el plan de la dama, y llegó de inmediato con ella, tomándola por su brazo, la giró de inmediato y la mantuvo en cercanía, pero no era para nada comprometedora, era peligrosa. Amanda estaba asustada, nunca había pensado estar en esa situación. –¿Qué piensa hacer, señorita Amanda? –Lamento decepcionarlo, pero no debo notificarle mi actuar, si me permite– jaló bruscamente su brazo, sacándolo del agarre desesperado del príncipe. Noah se limitó a tensar su mandíbula y dejar que la dama bajara con rapidez aquellos escalones. Lo único que podía pensar era en apresurarse a llegar con la princesa, antes de que su entrometida dama llegara a conversar con ella y dejarlo en descubierto. La verdad es que esta situación no era nueva, pero siempre había sido precavido con sus conquistas, nunca nadie sospechó, salvo su padre, él le advirtió que era peligroso mantener un secreto así durante tanto tiempo. También le pidió que se detuviera antes de siquiera pedir la mano de la princesa, pero él no escuchó, y ahora todo estaba en riesgo. –Princesa– Noah hizo una reverencia en saludo, a lo que ella respondió de igual manera –. Me es grato saber que me ha permitido tener esta conversación con usted, en privado. –Me ha sorprendido su petición, pero no ha sido motivo de preocupación. El príncipe se acomide a colocar su mano en la espalda de ella, para dirigirla hacia el centro del jardín, donde no serían ni vistos, y mucho menos molestados por alguien que pasara, y con "alguien", Noah sólo pensaba en la dama de compañía, o en ese momento, su peor preocupación. –Princesa, me temo que no podré ocultar más todo lo que tengo guardado en mi pecho, porque quiero expresarme de la mejor manera, y necesito hacerlo antes de siquiera caer en una desesperación y frustración inimaginable. Alexandra se mantenía en un estado de sorpresa al ver la manera en que Noah se expresaba, ella veía el gesto de nerviosismo en él, lo cual le causaba cierto nerviosismo también. –Princesa Alexandra, tengo una fiebre creciendo dentro de mí cada vez que me acerco a usted, he pasado noches en vela, pensando en qué habré de decirle para que pueda fijar su atención en mí– sonrió y al fin subió su mirada hacia la princesa –. No ha pasado un día que no piense en usted, princesa; no hay otra ocupación en mi mente que en hacerla feliz por el mayor tiempo posible que esté con usted. Y por ello, es que hoy he querido conversar a solas con usted– Noah se agacha hasta hincarse en su rodilla y con la otra mantenía su brazo y hacía balance –, porque quiero... Quiero pedirle que me haga el increíble favor de ser mi esposa, y que me haga feliz por el resto de mi vida, así como yo me esforzaré por hacerla feliz. Alexandra tapó su boca con sus manos en un acto de sorpresa, no podía creer tan bellas palabras de parte de tal príncipe, amigo de infancia y el mejor joven que ha conocido. Su corazón palpitaba rápidamente y no podía pronunciar ni una sola palabra. –Príncipe... me temo que no puedo responder en este momento. Las esperanzas de Noah cayeron abismalmente, pero se mantuvo firme en su posición. –¿Puede aclararme si es un rechazo? –No, no, para nada. No puedo prometer nada en este momento, debido a que en unos días iré de viaje con mis tíos, durante todo el verano. Por ello, no puedo permitir que usted pase por meses de incertidumbre y confusión, lo estimo demasiado como para dejarlo pasar por ese sufrimiento. –Princesa– Noah se levantó y aprovechó para posicionarse más cerca de Alexandra y así poder tomar sus manos –. No hay más sufrimiento que saber que me ha rechazado, en cambio, si su respuesta está basada en el viaje, a mí me da una esperanza increíble, y debo informar que eso no me detiene en absoluto. Porque yo la amo, princesa, yo quiero pasar el resto de mis días con usted, y si un viaje está en medio, a mí no me importa en absoluto, porque eso es algo sin sentido si comparo con los años que viviré con usted. –Noah, no puedo prometerle nada, y me temo que no puedo pedirle que me acompañe en el viaje. Sólo puedo pedirle que haga lo que su corazón diga, pero con el consejo de su mente. –Alexandra– era la primera vez en que escuchaba su nombre pronunciado sin la etiqueta de "princesa" antes, y era una sensación nueva para ella –. Todo mi sufrimiento se esfumará si me dice que mis sentimientos son correspondidos, de esa manera quedará sellado mi corazón, con el único propósito de que usted sea quien lo vuelva a abrir. Alexandra se quedó estupefacta y temiendo que algunas lágrimas salieran por sus dulces ojos, pero no, ella seguía en un estado de sorpresa, aún procesando absolutamente todo lo dicho por el príncipe con una mirada encantadora y tierna. –Noah, no le pediré que espere por mí, porque eso sería egoísta de mi parte, pero, con gusto le aclaro que sus sentimientos son correspondidos, con eso puede descansar su angustia. –Oh princesa, no sabe lo feliz que me hace– Noah inclina su rostro hasta llegar a la mano de Alexandra y depositar un beso en ella, para después subir su mirada –. Estaré esperando con ansias su regreso. Ella sonrió con gran felicidad, no estaba comprometida, sin embargo, estaba segura del amor que él le tiene. Con sólo ver el rostro de Noah, ella sabía que la felicidad era algo mutuo, lamentablemente, ella no sabía con exactitud lo que él pensaba en ese momento. Noah claramente estaba feliz, estaba a punto de salir corriendo y gritarle a todos en aquel gran salón que la princesa lo ama, pero su felicidad no venía del corazón de un joven enamorado, venía de una mente ambiciosa y con hambre de poder. –Tendré que solicitar una audiencia con el Rey, de inmediato. Alexandra temió que eso fuera una mala idea. –No, príncipe– aclaró su garganta y continuó –. No creo que debe haber una audiencia para lo que acabamos de acordar, debido a que no hay ningún compromiso de por medio. El Rey le dirá exactamente lo que yo le comenté. –¿Está usted segura? Porque yo quiero que el Rey sepa de mis intenciones con usted, mi princesa, será lo mejor, y nos dará su bendición, ¿no lo cree usted así? Alexandra dudó de aquella respuesta, porque sabía que las miradas de su padre hacia el príncipe no eran de lo más amistosas, y ahora se encuentra en una encrucijada, pero esto se dará tarde o temprano. ¿Será bien recibido antes de aquel viaje? –Así lo creo– respondió. Noah se sonrió y la tomó de la mano para salir del jardín y así dirigirse con el Rey, evitando a toda costa la dama de compañía de su amada, y así sucedió, no hubo rastro de aquella joven durante el resto de la noche, que a los ojos de la realeza, fue uno de los mejores bailes del año. Amanda acompañó a la princesa para ir a dormir, ella alistó todo para el día siguiente y después se alejó, sin decir nada porque Alexandra estaba agotada y profundamente dormida una vez que su rostro tocó su almohada. Así que, Amanda decidió conversar con Dios y su conciencia durante la noche, era un gran debate, el corazón de la princesa estaba en medio de todo el lío, y ella lo que menos quiere es lastimarla, pero sabe que quien la lastimó es el príncipe. Aquel príncipe, conocido por sus obvios dotes, pero ella nunca se dejó engañar por aquello, aunque nunca se pudo quejar por su comportamiento hacia ella o hacia algún sirviente del castillo, pero después de lo que sucedió horas antes, ahora puede confirmar con total certeza de que todo el tiempo fingió su comportamiento para agradar a los reyes y su bella hija. Y con eso en mente, así despertó el siguiente día, decidida de hablar con la princesa, iba a prevenir un casamiento lleno de infelicidad, sobretodo, iba a evitar que el corazón de su amada amiga cayera en manos de alguien que no la merecía y que era seguro que iba a sufrir demasiado. En cambio, la princesa despertó más temprano de lo usual, ella ya estaba cambiada y tarareando una melodía de la noche anterior, cuando llegó su dama, que estaba en el lado opuesto de su estado de ánimo, pero Alexandra aún no tenía la más mínima idea de lo que pasaba. –Amanda, tendrás que decirme lo que te sucede, te prometo que si tiene algo que ver con Eric, lo hablaré de inmediato con él, ¡no soporto verle así! –Oh princesa– Amanda toma asiento en el banco a la orilla de la cama de la princesa –. Me aflige de gran manera lo que tengo por decirle, pero más que guardar mis palabras, me duele saber lo que podría causar en usted. –¡Por Dios, Amanda!– Alexandra tomó asiento de inmediato a lado de ella y la miró con preocupación, no sabía qué le afligía tanto, pero lo que menos quería es que se guardara esas palabras –. Dime en este momento lo que pasa, antes de que me imagine lo peor. –Señorita, me temo que… Dos golpes en la puerta interrumpieron el silencio de la alterada dama, aún así se levantó de inmediato con miedo de encontrar al príncipe del otro lado de la puerta, pero al abrirla pudo encontrar una pizca de paz, Eric es quien está del otro lado con su característico semblante sombrío. –Buenos días, vengo por la princesa, los reyes están en el salón esperando por ella, tal y cómo lo solicitó. –Perfecto– Amanda se dio la vuelta para avisarle a la princesa, pero ella ya estaba detrás de ella, escuchando todo. –Muchas gracias, Eric, iré en un momento, primero debo hablar con Amanda. –De acuerdo, la espero en la entrada del salón. Eric se retiró y eso dejó a la princesa con alivio, así podrá saber qué ocurre por la mente de Amanda. –Princesa, por favor, no acepte la mano del príncipe Chadburn. –Amanda, ¿por qué no quieres que acepte su mano? Tus palabras fueron otras el día de ayer. Alexandra mantenía su ceño fruncido sin saber qué pensar acerca del comentario de su amada amiga. –Princesa, anoche fue cuando confirmé mis sospechas, por ello no podía decir nada sin ningún argumento, pero me temo que me aflige saber que usted saldrá lastimada por las palabras que diré. –¿Esto es una cruel broma de tu parte? Porque estoy en un conflicto justo ahora, no puedo creer que quieras detener mi decisión, sabiendo perfectamente lo que mi corazón quiere. Por favor, dime cuál es la razón para que hayas decidido confrontarme de esta manera. –Princesa, créame que no hay nada más en mi corazón que aflicción por usted, esto no es una cruel broma, es mi advertencia para evitar que entre en un matrimonio que estará lleno de infelicidad, porque lo que ha pasado es que lo he visto, con mis propios ojos, he visto- –¡Detente! ¡No quiero escuchar más! Son sólo palabrerías sin sentido, palabras que vienen de lo más retorcido de tu alma, no quiero saber qué cruel y maliciosa mentira has inventado. ¡No quiero verte ni por un segundo más! Alexandra salió de su pieza, con algunas lágrimas brotando de sus ojos, no sabía por qué razón no dejó que terminara, pero su subconsciente sí que lo sabía, era claro que ella misma tenía dudas de su amor y por ende, su compromiso con Noah, pero cada vez que llegaba una voz a cuestionar, ella lo mandaba a callar, no había nada en qué pensar, ella lo ama y él a ella, fin de la historia. Pero su corazón estaba sufriendo en ese instante en que iba caminando por el castillo hacia el salón para ver a su padres, debido a la conversación inesperada con Amanda, a quien ella ama como una hermana, y ahora no quiere verla. Lo contrario con Amanda, ella se quedó en la pieza de la princesa, llorando en silencio mientras retoma su compostura y se iba para realizar sus deberes. –Princesa, ¿se encuentra bien?– El joven Eric se acercó a ella cuando la vio en la entrada del salón. –Perfectamente, Eric. ¿Mis padres se encuentran en el salón? –Sí, permítame– Eric abre las puertas del salón y así, entra Alexandra, con sus manos debajo de su pecho, jugando nerviosamente con sus dedos. La entrevista con sus padres ha sido para poder conversar acerca de lo sucedido con el heredero Chadburn, Alexandra espera llegar al acuerdo de que sus padres sepan los sentimientos de ellos dos y así, en el debido momento, ellos sabrán que Noah le hará la esperada proposición a la princesa. –¿Lo amas?– Le cuestionó el Rey. Alexandra, con sus manos sudorosas, asintió ante la pregunta. Ni su padre, ni su madre pudieron estar convencidos de aquella confirmación. –Alexandra, querida, eres una joven hermosa e inteligente, no creo que debas enfocar tus pensamientos en un matrimonio, tienes más responsabilidades en donde debes ocupar tu mente... es lo único que puedo decir al respecto. Su madre, habló con dulzura y firmeza, Alexandra se dio cuenta de que no fue tan bienvenida su noticia, sintió náuseas al instante en que las palabras de Amanda llegaron a su mente. –Querida, no quiero que entristezcas, sabemos que lo amas, y nosotros queremos tu felicidad, pero como bien lo has dicho, no podremos hacer nada al respecto hasta que regreses de tu viaje, y eso es lo que haremos, ¿muy bien? Ahora sólo enfócate en tu viaje y disfrutarlo. –De acuerdo, padre– Alexandra se levanta y hace las reverencias hacia sus padres –. Madre. Se despide y sale del salón, con el corazón despedazado y con las esperanzas arrastrando. "¿Por qué dudan de mi amor por Noah?", se cuestionaba, "Entiendo que no suelo ser muy afectiva, pero he mostrado lo suficiente para hacer notar mi especial atención hacia él. Si él lo notó, no veo el por qué los demás no". Alexandra llegó a su pieza y vio que Amanda no se encontraba ahí, no hesitó en salir de inmediato, fingió una actitud amigable para pasar el desayuno, mientras que por dentro el pensamiento de irse era más pesado, ya no aguantaba más días en el castillo, aunque al mismo tiempo sabía que en el segundo en que se fuera, lo iba a extrañar. –Eric, ¿podrías enviar esta carta? Eric leyó con detención hacia quién estaba dirigida, aclaró su garganta antes de responder. –Me temo, princesa, que se le ha prohibido cualquier tipo de contacto con la familia Chadburn. –¿Qué me está diciendo? ¿Quién lo ha prohibido? –Fueron órdenes directas de Su Alteza. El enojo dentro de Alexandra iba en aumento, no podía creer lo que estaba escuchando, y no tenía duda de que Amanda tenía algo que ver en todo eso. –¡Bien! No envíes nada– le arrebató con rudeza la carta y se fue caminando. Eric se quedó consternado por la actitud imprudente de la princesa, pero de acuerdo a los rumores, pudo suponer que su interés por aquel heredero era algo importante para ella. Pasaron dos días para que Alexandra perdiera la simpleza y delicadeza, al menos con su padre, quien ella no veía cómo el hombre más poderoso del reino, él era su padre, y en estos días parecía que su único deber era el de molestarla, o eso creía ella. –Madre, por favor, necesito irme cuanto antes. Padre no me deja comunicarme con nadie, y si me voy, al menos sabré que no lo puedo hacer por mi seguridad, pero aquí me estoy muriendo de soledad. –Querida, eres muy joven para saber lo que es la soledad, no hables sin pensar– la reprendió con suavidad –. Tu padre y yo estamos haciendo esto por tu seguridad, ya sabías que no ibas a poder comunicarte con los Chadburn, así que no veo el por qué de tu reacción acelerada. –Porque padre lo hace desde que supo las intenciones de Noah. –Querida, si tu deseo es irte ahora en vez de unos días en adelante, no te voy a detener, tus abuelos están felices y ansiosos de verte. Pero sólo quiero que tengas en mente la razón de éste viaje, no dejes que el impulso y la adrenalina del momento te lleven a hacer y decir cosas que no debes. Y esto lo digo con amor, porque yo he criado a una hija ejemplar, próxima reina de Aureum. Alexandra entendió que su actitud no había sido ejemplar, y para nada digna de la próxima reina, así que, sólo asintió y se dio aviso a los criados para preparar el equipaje de la princesa, no debía ser demasiado debido a la discreción que se debía de tener. La princesa hizo las paces con sus padres, sin saber que todas las mañanas, el príncipe Noah iba a visitarla, con la esperanza de pasar esos últimos días con ella, y poder confirmar una y otra vez su amor por ella, así como él escucharía la dulce voz de Alexandra y miraría que en sus ojos dorados había una chispa de amor por él, incluso más de lo que él esperaba. Pero ninguna de sus intenciones hicieron presencia en aquel gran castillo, porque aquella mañana de verano, Alexandra ya había partido hacia aquel pequeño pueblo y antiguo reino, llamado Griseo. Y como se había proclamado, su único acompañante es el joven Eric, quien había visto el comportamiento de la princesa y había estado a punto de convencer al Rey de que sería mejor si él se quedara, pero habría sido una completa desfachatez siquiera pensar en desistir. Su destino era pasar dos largos meses con aquella adolescente– pronto convertida en mujer –que sólo tenía una cosa en su mente: Noah. –Hemos llegado, princesa. –Es más pequeña de lo que recordaba– exclamó Alexandra al ver el hogar de sus abuelos maternos. –Supongo que la última vez que visitó, fue cuando era pequeña. –Sí...– suspiró observando cada extremo de aquella casa, cuando salió corriendo una chica, con dos trenzas a cada lado de rostro, y cabellos alborotados. –¡Oh por Dios! ¡Su Majestad!– La chica hizo una reverencia al llegar frente a ellos con la frente sudorosa y algunos cabellos pegados a ésta. Alexandra se quedó quieta en su lugar, sin decir nada, al igual que Eric, se quedaron confundidos por la bienvenida que esa chica les estaba dando. –¡Esme! ¡Te dije que me esperaras!– Gritó una señora de la tercera edad, pero con mejor presencia que la mayoría de las jóvenes del reino. Detrás de ella, salió el señor bien vestido, acompañando a su esposa; son los abuelos de Alexandra, los padres de la reina Susan. –¡Oh mi querida Alex! ¡Mira cuán bella estás! Alexandra, algo abrumada por los gritos, sonrió y saludó con delicadeza a su abuela. –Hola abuela, los he extrañado. –Oh Joseph, nuestra nieta es una dulzura, es como ver a Susan de nuevo, ¿no lo crees? El abuelo, Joseph, tragó en seco al ver el parecido a su hija, excepto por aquellos ojos dorados. –Oh Cathy, ella es igual de bella. ¡Ven aquí, mi dulce Alexandra! El abuelo abrazó de inmediato a su nieta, que, después de tres años, se reunirían de nuevo. Ellos mantenían el contacto por medio de cartas, era común que Alexandra les escribiera para mantener esa comunicación, pero debido a diferentes y múltiples situaciones, no habían podido visitar a su amada nieta, hija y yerno. –Oh, y éste joven apuesto, ¿quién es? –Él es Eric Fitzwilliam, es mi acompañante– contestó Alexandra con algo de tranquilidad, había olvidado lo energéticos que son sus abuelos. –¡Joven Fitzwilliam! ¡Es un gusto tenerlo aquí, pase, pase! –Muchas gracias, es un placer haber venido, gracias por recibirme. –¡Tonterías! ¡No aguantamos la emoción! Es un placer recibirlos, ¡pasen, pasen! Esmeralda, la criada de los abuelos de Alexandra, los dirige hacia la casa, con una sonrisa en su rostro y amabilidad junto con felicidad abundando por su cuerpo. –¡Oh, hemos preparado todo para un té en el jardín!– Sonrió Esmeralda –. ¡También hemos preparado las galletas que le gustan! Alexandra se sorprendió por aquello, pues, habían pasado años de haber probado esas galletas, recuerda que su abuela las preparaba para ella cuando era pequeña, sin duda eran y todavía son su favoritas. –Iré a acomodar sus maletas en su pieza– Eric le mencionó a la princesa con discreción, pero no fue suficiente para el oído de la abuela. –No, joven Fitzwilliam, usted se quedará con nosotros para la hora del té, acompañe a Alexandra a sentarse, ¡vaya, vaya! Eric no se pudo resistir ante la petición de la señora de la casa y accedió. En minutos ya estaban todos compartiendo del té en una mesa en el centro del jardín de la casa, también Esmeralda se unió a la conversación, lo cual era muy extraño. Alexandra nunca había visto que los criados compartieran mesa con ella, pero eso no lo veía como incorrecto, sólo le era interesante. –Dinos Eric, ¿qué es vivir en el castillo? –Es muy bueno, Su Realeza es de lo más generoso y agradable. –Eso creo– sonríe la abuela –. Ahora espero que tu estadía aquí sea tan buena, incluso mejor que la del castillo. Aquí serás nuestro huésped, cualquier necesidad que tengas, será para nosotros un placer cubrirla. –Se lo agradezco mucho– pensó en cambiar la opinión de la abuela, pero decidió que era prudente mantenerse en silencio y asentir a lo que se le pidiera. –Tú y Edmund se llevarán muy bien– mencionó el abuelo señalando a Eric. –¿Edmund?– Cuestionó Alexandra. –Sí, es mi primo, también trabaja aquí, hoy salió al pueblo para traer provisiones. –Es un muchacho muy trabajador y agradable. –Aunque es callado y muy concentrado, por eso he mencionado que te entenderás muy bien con él– el abuelo volvió a señalar al mencionado Eric. Eric sólo asintió. Alexandra se quedó pensando si el primo de Esmeralda será igual de charlatán que ella o aún peor que Eric. Su acompañante no le molestaba, era paciente y nada curioso, pero la princesa acostumbra a conversar demasiado, supone que ahora se quedará con sus pensamientos. La tarde pasó tranquilamente, Alexandra se paseó por toda la casa y conoció cada rincón de ésta, también paseó junto con Eric para él también conocer los alrededores y poder estar seguro de dónde podría pasear la princesa, porque al final de todo, él estaba ahí para protegerla. Esmeralda estaba más feliz que de costumbre, desbordaba felicidad y energía, a ella le parecía atractivo el acompañante de la princesa, pero no quiso hacer ningún pensamiento de ello en el primer día, pues tendrían dos meses que compartir y era mejor mantenerse en línea. Los abuelos dejaron que Alexandra se acoplara el primer día y así ella tendría energía para el día siguiente completar todas las actividades que los abuelos ya habían planeado con anticipación. –¿Quieres un té, querida? Estaba a punto de ir a mi pieza. –Sí, cuando estoy demasiado cansada suelo tener dificultad para dormir, mi remedio siempre ha sido un buen té caliente– explicó Alexandra. –No se diga más– su abuela caminó tan rápido como pudo para ir a preparar el té. –No, abuela, usted puede irse a dormir, yo sé preparar el té, no se preocupe. –¿Estás segura cariño? También puedo llamar a Esmeralda, de seguro está cepillando a los caballos. –Oh no, no hay necesidad de molestarla, ella ha hecho mucho por hoy. –Ni que lo digas– suelta una risita –. ¿Qué hay de tu apuesto acompañante? –Lo mandé a dormir, él también ha hecho mucho, prefiero que descanse muy bien para que en la mañana sea productivo. –Sin duda, todos necesitamos un buen descanso, así que, prepara tu té y directo a la cama, señorita. –Sí abuela, muchas gracias por todo, buenas noches. Alexandra se acercó a ella para despedirla, también la acompañó hasta las escaleras, donde su abuelo ya estaba ahí esperando por ella, se despidió de él y regresó a la cocina para preparar su té. Tarareaba alguna melodía cuando escuchó un extraño ruido proveniente de afuera, justo donde está la puerta que se dirige hacia el campo. Pensó de inmediato que se trataba de Esmeralda, pero recordó que el establo no estaba en esa dirección, es más, esa fue la única parte de la casa que no recorrió aquel día. Despejó su mente y siguió con su preparación del té, siguió con su melodía y haciendo una pequeña danza al pasar por toda la cocina, pero de nuevo escuchó ciertos ruidos extraños, lo que hizo que callara. Se detuvo y caminó lentamente hacia aquella puerta, mientras se acercaba la tetera produjo un sonido irritante, lo cual significa que su agua está lista. Alexandra se quedó quieta con su mirada en la tetera, sus cabellos se erizaron debido al susto que le dio toda la situación, pudo reaccionar segundos después y apagó el fuego y así la tetera se calló, Alexandra tomó un respiro profundo y se dedicó a servir su té. Tomó algunas galletas para colocarlas en el plato y así acompañar su té, la flama de la vela que alumbraba todo el lugar empezó a bailar debido al aire que entraba por aquella puerta que se abría, pero Alexandra no lo notó, su melodía era más fuerte que el sonido que aquella puerta estaba haciendo. Ella se giró y vio una sombra enfrente de ella, su primer instinto fue aventar algo, tomó las galletas que tenía y las aventó directo hacia aquella sombra, quedando el azúcar pasmado en las ropas negras. Aquella sombra levantó su rostro y frunció su ceño, Alexandra se quedó quieta y en alerta. –¿Qué hace aquí?– Cuestionó moviendo su mano disimuladamente hacia la taza de té con la intención de derramarla hacia el extraño. –¿Por qué me arrojó galletas? La voz gruesa de aquel extraño puso nerviosa a la princesa, ella no sabía si gritar o correr, o aventarle el té ardiente y también correr. –Váyase antes de que grite. –¿Piensa lanzarme ese té? Alexandra se quedó quieta en su lugar sin saber qué decir, se siente atrapada, ahora debe de pensar en otra forma de alejarse de aquel muchacho alto. –Oh espere– el chico meditó por unos segundos antes de continuar –. Usted es la princesa. Alexandra no respondió por miedo a su propia seguridad. –Yo vivo aquí– dio un paso al frente y retiró el gorro de su cabeza, dejando ver su cabello azabache caer en bucles, su cabello cae perfectamente sobre su frente, sin tapar sus ojos –. Trabajo con sus abuelos, lamento si la asusté, no pensé que estaría despierta. Caminó hacia el frente para dejar unas bolsas sobre la mesa en medio de la cocina. Alexandra retrocedió con miedo a que algo pasara, no estaba del todo segura de aquella llegada tan extraña, él se dio cuenta de la incomodidad y volteó a verla, su rostro estaba a lado de la vela, por ello, Alexandra tuvo mejor visión de su rostro. Sus ojos cautivaron la atención de la princesa, unos ojos extraños, no eran azules, no eran verdes ni cafés, eran grises. También pudo observar su detallada mandíbula y algo de suciedad por todo su rostro, como también un semblante de cansancio, ya era tarde. –No la molestaré más, puede terminar su té, de seguro quedaron más galletas, trate de no arrojarlas. Alexandra se sorprendió por el tono que él decidió usar con ella, pero no pudo objetar nada, porque cuando ella pudo reaccionar, él ya se había alejado entre las sombras de aquella casa. Alexandra se quedó pensando en todo lo que había pasado, no entendía por qué se comportó de aquella manera con ella, sabiendo perfectamente que era la princesa, ni siquiera Esmeralda le hablaría de aquella forma. Sin embargo, eso no fue lo que más le sorprendió, fueron sus ojos, se veían oscuros pero no lo suficiente para ser completamente negros, "puede que haya sido parte de la iluminación de la vela", pensó. Ya estaba suficientemente cansada para tomar el té, supone que aquel susto fue suficiente para mandarla a dormir; ella dio un paso y vio que las galletas quedaron hechas trozos en el suelo, bufó al saber que ella tendría que recoger aquel desastre; no podía culpar al chico porque sabía que ella fue la que lo hizo, pero algo de amabilidad no lo dañaría.
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