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1536 Words
A medida que el agua caliente cae sobre mí, me dejo llevar por la deliciosa sensación de aquella mano invisible que seguía recorriendo mi cuerpo como si tuviera hambre de placer. El deseo continua creciendo dentro de mí, y mi mente volvía a sumergirse en el recuerdo reciente de lo que ocurrió con Anne en la oficina. Mantengo los ojos cerrados, permitiéndome disfrutar de aquel delicioso momento, y sin pensar en las consecuencias, sin preocuparme por lo que aquello significaba para mí. Pero entonces, algo cambió. Una sensación extraña, una especie de tirón en mi consciencia me sacudió completamente por dentro. Abrí los ojos de golpe, y en un instante de lucidez, me di cuenta de algo aterrador: no había ninguna mano, no había nadie más en la ducha conmigo. Todo lo que yo sentí, todo lo que ocurrió, no es más que un producto de mi imaginación. Mi corazón se aceleró, no por el deseo, más bien, por la confusión y el miedo que empezaban a apoderarse de mí, haciéndome preguntarme a mí mismo: ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo había llegado a este punto? La línea entre la realidad y la fantasía se había difuminado tanto que ni siquiera me había dado cuenta de que yo mismo he creado toda esa sensación de placer. La realidad y la fantasía se han difuminado tanto que ni siquiera me he dado cuenta de que yo mismo estaba creando esa sensación, esa misma imagen de Anne en mi mente, para satisfacer un deseo que yo mismo me había reprimido. Me apoyé contra la pared de la ducha, dejando que el agua siguiera cayendo sobre mí mientras que trato de entender lo que acababa de suceder. ¿Ha sido todo una especie de alucinación? ¿Lo que pasó en mi oficina ha sido el culpable de esto? ¿O simplemente estaba tan consumido por la culpa y el deseo que mi propia mente estaba jugando conmigo en este momento de debilidad? Puede ser, todas las preguntas que yo me hacía en la cabeza tenían una posible probabilidad de todo. El peso de esta realidad, me hizo despertarme de golpe y con fuerza de mis pensamientos. Seguí duchándome, no podía seguir así de mal. No podía seguir dejando que mis deseos más oscuros y reprimidos controlaran mi vida y mis acciones de esta forma. La culpa de lo ocurrido con Anne, la confusión que me había provocado, no eran más que el resultado de una mente que estaba empezando a perder el control de sí misma. Me aparté de la ducha, y apagué la regadera. Necesitaba salir de allí, además de que me acordé de que la ducha estaba tomándome demasiado tiempo y que Jocelyn no tardaría en aparecer en mi casa en cualquier momento. Entonces, dejo que el aire frío de la habitación me ayudara a despejar la mente mientras me seco con la toalla. Camino hacia el espejo, y me miro a mí mismo, buscando respuestas en el reflejo de mi cuerpo frente al espejo. Pero lo único que vi fue a un hombre completamente diferente, un hombre atrapado por sus propios demonios sexuales, que era incapaz de distinguir la realidad de la fantasía y el deseo s****l. La imagen de Anne volvió a mi mente, pero esta vez, en lugar de deseo, sentí una profunda tristeza. La había lastimado mucho, ella es una mujer de confianza muy importante tanto para mí como para mi empresa. Sin ella a mi lado, muchas cosas iban a cambiar, ¿Cómo le íbamos a hacer en los viajes de negocio si ella siempre es mi acompañante? Entonces, el sonido del vibrar de mi celular que se encuentra tirado encima de la cama me ha despertado de mis más profundos pensamientos. Agarro el celular, y me doy cuenta de que es una llamada de Jocelyn. Contesté la llamada. — Hola, Jo. ¿Cómo te va? — pregunté cuando contesté la llamada. — Hola, Jack. Estoy bien, ansiosa por llegar a tu Pent-house, ya sabes que me encanta ir. Voy de camino, ¿Avisas en portería para que me den el ingreso, por favor? — dijo ella. Como un tonto, asentí la cabeza, pensando que Jocelyn iba a saber mi respuesta sin yo decirla. — Sí, lo haré. Ya mandé a pedir sushi, no debe tardar, supongo que cuando llegues, ya lo habrán dejado aquí en la portería para recogerlo, ¿Podrías subirlo cuando llegue? — dije. — Mm, delicioso. Está bien, así lo haré. Nos vemos en un rato entonces. — Nos vemos. Cuelgo la llamada, y fui a mi vestidor para buscar que ponerme, algo que impresionara a Jocelyn, pero en lugar de eso, me detuve, pensé que tal vez lo que podría ahora impresionar a Jocelyn era más bien verme recibirla estando completamente desnudo. Así que, me quedé así, dejé organizada mi habitación, y me fui al bar de mi pent-house, allí yo tenía una espacio donde había puesto una cava de licores, y una barra donde cuatro personas podían sentarse en un butaco para compartir allí. Mientras que Jocelyn llegaba a nuestra cita, serví un par de copas de vino, y decoré la barra con un florero muy bonito que tengo escondido dentro del mueble de la parte de abajo de mi cava. Este florero está decorado con rosas amarillas, y se conservaban muy hermosas porque eran falsas, pero se veían lo más reales de mundo como para impresionar a una chica de forma improvisada. Encendí un par de velas y dejé la luz encendida del lugar, pero a mi alrededor, se había quedado oscuro, nada más esa zona se encontraba iluminada. Luego, recibí un mensaje de Jocelyn, avisándome que ya ha recogido el sushi de la porterías del edificio y que ya venía subiendo el ascensor para acercarse a mi pent-house. Pronto, Jocelyn llegó, y cuando me vio recibirla desnudo, ella se mordió el labio inmediatamente, si no hubiera sido porque traía en manos la caja de los sushis, seguramente ella se me hubiera lanzado encima a comerme para devorarme. — Hola, guapo. Me encanta tu creatividad para recibirme. ¿Quieres comer primero el sushi o lo dejamos para después? — dijo ella. Se acercó al bar para dejar allí el sushi. Sonreí. — Dejémoslo para después, cuando terminemos esto, nos dará muchísima hambre. Ven aquí. Entonces, Jocelyn obedeció, y se acercó a mí. Ella me besó, fue un beso que desde un principio fue demasiado excitante, logró provocarme demasiado rápido, pero tuve que contenerme porque ella aún estaba vestida, lucía un sexy vestido rojo escarlata que le quedaba pegado al cuerpo, se le dibujaban muy bien las curvas sensuales de su cuerpo. Jocelyn tenía un cuerpo de diosa, y lo mejor de todo, es que era un cuerpo completamente natural, no era un cuerpo diseñado con cirugías que a pesar de poder pagárselas debido a su trabajo, ella no se hacía nada más que hacer mucho ejercicio para mantenerse en forma y seguir conquistando a todos sus fieles y buenos clientes. Los besos placenteros comenzaron, y Jocelyn y yo nos tumbamos al sillón de la sala para disfrutar. Una hora más tarde, Jocelyn y yo comíamos sushi, estábamos comiendo en la barra del bar, ella comía con mucho gusto, como si durante el día no hubiera probado un solo bocado de comida hasta ahora, y yo, bueno, permanecía con la mirada clavada en la comida, jugando con ella al usar los palillos. Trato de agarrar el sushi para comerlo de un solo bocado, más solo me era posible era conseguir darle una pequeña mordida de vez en cuando. Jocelyn se dio cuenta de que me encuentro sumido en mis pensamientos, de nuevo. — ¿Jackson? ¿Estás bien? ¿Quieres contarme que te sucede? Estás muy distraído — comentó ella, dándole un pequeño sorbo a su vino. — ¿Eh? Ah sí, es que ha sido un día muy extraño para mí. Eso es todo, no me hagas caso — contesté. Quise evitar tener que hablar de este tema con ella, más me fue imposible no hacerlo porque ella en ese sentido si que era demasiado exigente. Y más porque además de ser cómplices en la cama, también éramos muy buenos amigos, y cuando podíamos, nos teníamos mucha confianza para así hablar de nuestros asuntos, si es que así lo queríamos. — ¿Estás seguro de que solamente es un muy mal día? O ¿Es por algo más? Jackson, ya sabes que puedes contarme lo que sea. no solamente me tienes aquí para gozar en la cama, ¿Lo sabes, verdad? — ella insistió. Suspiro, no tengo muchos ánimos para querer hablar de esto con ella. Pero veo que no me queda más remedio que hacerlo, de todas maneras, hablar con alguien de confianza acerca de mis asuntos personales puede llegar a ser una buena terapia para mi en este momento. Entonces, bebo el último sorbo de vino de mi copa. — ¿Quieres servirme un poco más antes de hablar? — sugerí. Ella asintió, y nos sirvió otra vez una copa de vino a ambos, hicimos un brindis sin saber muy bien porqué lo hacíamos, bebimos otro sorbo, y, finalmente, me dispuse a hablar.
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