Capítulo 1

3031 Words
Narrador: Lion Estaba realmente cansado y de muy mal humor. Odio viajar sea como sea, me irrita y mucho más si es en un auto incomodo. Pero esta vez valió la pena, la satisfacción que sentí al abrir la enorme puerta para permitirme entrar en mi hogar fue impresionante. Para ser sincero no vivo nada mal. Este lugar se podría llamar mansión con sus dos pisos y más de diez habitaciones las cuales están simplemente como decoración. No es que duerma en una diferente cada noche, pero a algunas les doy... usos especiales. Entré a mi querido hogar dejando la chaqueta, llaves y zapatos desparramados por el suelo. No tardé en aflojar la corbata y desprender la camisa blanca que tenía puesta para irme directo a la cocina donde una lata de cerveza me esperaba impaciente dentro de la nevera. «Tengo ganas de... Diablos, no puedo pensar en esto ahora.» Luego de tener un largo día aún necesito seguir con el trabajo. Ahora mismo estoy tan ocupado que no puedo asistir a mis necesidades, pero eso lo arreglo luego. Pero cuando iba dispuesto a dormirme sonó mi teléfono con un número desconocido. —Lion While al habla —dije en un tono que sonó con desinterés, que por lo visto ya es natural. —Señor While, un gusto hablar con usted —era una voz vieja de hombre—. Soy Thomas Jackson, de seguro ya escuchó de mí. —Por supuesto, ¿Puedo preguntar para qué me llama y cómo consiguió mi número? —No creo que sea necesario, ya debe saberlo —me había investigado de seguro—. Lo contacté porque estoy interesado en algo que usted puede ayudarme a conseguir. —No pienso meterme en todo eso. Lamento que haya perdido tiempo haciendo esta llamada señor Jackson, pero no voy a ceder, ahora mismo tengo otras cosas en mente como para seguir manchando mi expediente y déjeme decirle algo antes de que pueda hablarme: No se moleste en amenazarme, porque no conseguirá nada —no dudé en cortar la llamada cuando noté que se encontraba sin decir palabra alguna. Con un poco de rabia corriendo por mi cuerpo, lancé el teléfono hacia la pared fuertemente viendo cómo se hacía pedazos... Creo que no debí hacer eso. —Mierda... —el sueño se me había esfumado. Aunque me cueste admitirlo conmigo mismo sé que estoy nervioso, ese viejo no me llamo para nada bueno. ¿Cuándo esos idiotas piensan aceptar que no estoy para eso? No sirvo para esa estupidez, pero por lo visto les llama la atención algo que hice hace bastante tiempo. Tengo que mover cartas en el asunto si no quiero que me pasen por encima en segundos. Iba a hacer una llamada cuando noté nuevamente que tenía el teléfono hecho pedazos frente a mí. Así, maldiciendo hasta el viento me fui a tomar una ducha y ver si podía calmarme. 2 semanas después - Brooklyn Narrador: Chelsey —¿Tienes pensado seguir comportándote como una niña simplemente por tener el cabello hecho un desastre? —me fue inevitable burlarme de mi mejor la amiga la cual ahora mismo caminaba de aquí a allá simplemente por estar despeinada cuando le faltan cinco minutos para que comience su cita con un guapo doctor que conoció por ahí. —Eres la mujer más malvada que conozco Chelsey, no puede ser que te burles de mí y digas las cosas con naturalidad. Ya casi está, para tu desagrado —decía mientras cepillaba su pelo rápidamente. —No es que quiera burlarme Lara, pero volviéndote loca no vas a conseguir nada en la vida, ¿ves? Ya terminaste y no te tomó ni cinco minutos. Te alteras por cosas innecesarias y es algo que no soporto, hay cosas peores en el mundo ¿sabes? —Puede que tengas razón, pero tú también tienes momentos así —dijo con voz inocente. —No te digo que yo no los tenga, pero al menos admite que no me altero por cosas como estas —intentaba arreglar el desastre que mi amiga había hecho en la habitación con su ropa; odio que esté todo tan sucio. —Bueno ya está, olvidemos todo, ¡Él debe estar por llegar! —no pudo evitar soltar un pequeño grito. Espero y sea tan guapo como lo describe, porque logró que me alegrara por ella. —Espera, dejas la casa dada vueltas por buscar un maldito cepillo y luego dices que olvidemos todo... ¿Eres idiota o algo de eso? ¡Ahora tengo que limpiar todo yo, maldita sea! —¡Ah! Hay veces en las que deseo que dejes de ser tan responsable e histérica con todo, ¿será posible que en algún momento disfrutes tu vida? —¿Quién te dijo que yo no me divierto? —espeté esta vez con una sonrisa picara. —¿Así que me has estado ocultando algo? Bien, no tardare en saber qué haces —ahora la de la risa era ella, pero esta vez sé que no logrará tener información de nada, se lo diré cuando sea el momento indicado, además, no es que sea la gran cosa. Mientras estaba metida en mis pensamientos sentí que sonó el timbre. Lara no tardó en salir corriendo directo a la puerta donde no se dispuso a abrir sin antes ver que se encontraba perfectamente arreglada y yo no tardé en seguirla para poder conocer al "galán" del que tanto me habló. Era guapo, bastante a mi parecer: alto, rubio, ojos azules. Sin duda había elegido bien, me siento orgullosa de ella porque el pobre hombre parece ser una gran persona. —Chelsey, quiero presentarte a Rick mi acompañante, y Rick, ella es Chelsey mi mejor amiga —nos estrechamos la mano de forma agradable. —Un placer conocerla —sin duda por su voz me percaté de que era bastante educado. —¡El placer es mío! Disfruten esta noche. Cuando ambos se fueron pude empezar a disfrutar de mi soledad. Adoro estar sola en casa y tener algo en lo que entretenerme, en este caso limpiar todo el desastre que había dejado Lara, y nada mejor que estar acompañada con música. Esta noche no creo que regrese, así que tengo el tiempo suficiente para poder planear la vestimenta y los papeles que debo llevar a la reunión de mañana. Ser vicepresidenta de una empresa es realmente muy complicado, sobretodo si te encargas de las exposiciones en las juntas. Con el tiempo logré tener nervios de acero. La noche se me hizo eterna. El tiempo pasaba realmente lento mientras trataba de organizar el discurso, modificando palabras y agregando información. Siempre debe ser perfecto o eso es lo que opino, después de todo no es que mañana estemos haciendo negocios con una de las empresas más importantes del país... ¡Ah! claro que no estoy nerviosa, para nada. Odio tener que pasar por este tipo de presiones. Intento estar lo más tranquila posible todo el tiempo pero esta vez me fue inevitable. Es que si podemos lograr que firmen el contrato será el mejor negocio que hayamos hecho en la historia, triunfaremos aún más. De sólo pensar en eso muero de la felicidad. Pero obviamente hay inconvenientes. El dueño es un joven realmente engreído a mi parecer y también es lo dice todo el mundo. Logró ser bastante conocido por su físico, sale en revistas, anuncios... es extraño. De hecho entiendo el por qué de su actitud: lo tiene todo. Posee más de cinco empresas las cuales son todas realmente exitosas, sumemos a eso que él tiene una "buena" vida en el sentido de que adora las fiestas, ¿pero cómo sé todo eso? Fácil, debes saber con quién tratas y además no es como si el muchacho ocultara mucho la clase de persona que es. A la mañana siguiente por desgracia tenía un poco de ojeras en estos pequeños ojos verdes y ni hablar de mi cabello despeinado. Por lo general cuando me despierto es lacio y domable pero esta vez era un nido de pájaros. La ropa la dejé sobre mi escritorio ya planchada y preparada para ponérmela luego de ducharme. Casi nunca me preocupo por mi apariencia pero hoy era algo obligatorio para mí, no me gustaría que se lleven una mala impresión. Cuando —según yo— me encontraba lista, ojee todos los papeles varias veces para comprobar que no me faltaba nada. También practiqué la charla, el discurso y posibles dudas que se pudieran generar; estaría arruinada si se me escapa algo. Cualquier persona que me conoce y ve cómo me pongo cada vez que hay algo así, dice que me estoy volviendo loca y que terminaré en un manicomio por el estrés. Pero ya aprendí a tomar todo esto como algo normal y forma parte de mi rutina, aunque quizás tengan razón cuando dicen que exagero con las cosas y debería tomarme todo con más calma. Pero para ser sincera, en mi vida no hay mucho tiempo libre y debo hacer todo a las corridas. Por suerte no hago todo el trabajo sola, la carga más pesada la tiene mi compañero y mi jefe, Mathew. Él es el dueño de la empresa y por lo tanto el jefe de todo. El pobre siempre está ocupado con papeles y reuniones que no tiene tiempo para poder disfrutar su vida. Soltero, rico, joven y bastante atractivo para ser sincera, pero con muy poco tiempo. Por eso tengo muchas dudas sobre el hombre con el que nos reuniremos hoy, su vida no dice que se tome de verdad su trabajo y sin embargo le va demasiado bien, tanto que asusta. Observé el reloj y ya casi estaba a medio día. Ahora comenzaba a pasar el tiempo volando, algo que no me sirve de mucho. La reunión comenzaba a las tres, pero tardo bastante en llegar al edificio y justo a este horario debe haber mucho trafico; maldecía como nunca. No puedo llegar tarde y mucho menos hoy, soy la persona más importante de la reunión, la que llevará a cabo todo y no puede ser posible que me atrase. Lara no apareció nunca en la mañana pero ni siquiera me molesté en llamarla, sé que está bien y es algo normal en ella desaparecer así. Por lo visto se la pasó muy bien anoche. Dejando todo eso de lado, me concentré solo en una cosa: llegar, y es algo que va a costarme, por lo cual fui corriendo hacia el elevador marcando rápidamente el piso del estacionamiento. Al salir, fue un milagro ver justo en frente a mi Porsche Boxster esperándome para que pueda usarlo. Sin dudar subí y arranqué rápidamente directo a la carretera. Mientras salía del apartamento recordé que ni siquiera había desayunado por los nervios y todo lo que me encontraba haciendo, pero lo recupero comiendo algo en la entrada. Necesitaba distraer mi mente con algo para no llegar tan estresada y que comience a hablar tartamudeando, así que la música es mi fiel compañera en estos momentos. No tienen ni idea lo bien que se siente ir manejando por las calles de Manhattan mientras un frio viento te da en el rostro haciendo volar tu cabello libremente y estas acompañada por unas buenas canciones de artistas como Beyonce o Rihanna. Cada minuto pasaba eterno esta vez, el día me estaba matando y eso que apenas comienza. Miraba el reloj y la hora no pasaba, era como si estuviera congelada, y esta vez me favorece, o eso creo, porque estoy atascada en la maldita avenida rodeada de vehículos. Sólo se escuchan los motores y las bocinas de esos conductores impacientes que están conscientes de que no se van a poder mover del lugar, pero se nota que tienen ganas de joder la vida con el molesto ruido. La música ya me había cansado, así que simplemente me encontraba mirando a la nada aguardando a que el día se digne a mejorar, porque al menos hasta ahora va siendo un desastre. El ruido de mi teléfono me sacó de los pensamientos mientras esperaba. —¿Sí? —digo cuando contesto. Ni siquiera miré el nombre de quién llamaba. —¿Dónde estás? —era la voz de Mathew algo irritada. Miré la hora en mi reloj de muñeca y aún faltaba hora y media para que comience, pero Math está acostumbrado a verme llegar mucho antes de lo normal; ambos somos muy estrictos con la puntualidad. —Lo siento, estoy atorada en el trafico, agarré una mala hora. Estoy haciendo lo posible para llegar. —Ven tranquila, te lo perdono esta vez —no pude evitar reír, no siempre es así de tolerante y bromista, por lo visto hoy tiene buen humor. —Gracias, voy a cortar que ya está avanzando, nos vemos en un rato. —Hasta pronto —colgué y me digné a seguir avanzando, tarde o temprano tengo que salir de aquí. Luego de media hora sin actividad por fin pude salir de este lugar. Sentí que la vida volvía a mi cuerpo, me estaba cocinando y no miento cuando digo que hay más de 30 grados —algo extraño para esta zona—. Ahora me sentía libre, luego de salir del atasco me llevó sólo diez minutos llegar a la puerta principal de la empresa. Lo logré, llegué viva. Me fue imposible no fijarme por los espejos del auto si me encontraba con buena pinta. Para mi suerte estaba hasta bien peinada, así que pasé a entrar casi corriendo pues sólo faltan veinte minutos. Apenas entré, la chica de la recepción, Melody, abrió el elevador por mí y me pasaron algunas carpetas las cuales recogí con apuro. Sé que la mayoría son documentos que necesito firmar, pero debo hacerlo después por razones obvias. El elevador me dejó en el piso más alto, el número cuarenta y cinco, en donde sólo había una enorme puerta en todo el largo pasillo. Abrí la puerta e ingresé sin problemas porque sé perfectamente que los demás aún no estaban aquí. Simplemente pude ver a Mathew parado frente al gran ventanal observando la hermosa vista que teníamos de la gran isla. —Desde aquí se veía el gran trafico —dijo con una pequeña risita sin siquiera voltear a verme, yo me dejé caer rendida sobre la silla soltando todo en la gran mesa que ocupaba la mayor parte del lugar. —Tuve una noche complicada planificando todo, así que salí algo tarde de casa —mi cabeza había comenzado a palpitar y estaba sudada, así que no dudé en refrescarme con algo de agua y paños que tenía. —Es comprensible —aún no se atrevía a verme. Solo con ese gesto sé que está enfadado. Cualquier persona tomaría esto como si fuera un capricho, es decir, ¿por qué alguien se enoja simplemente por llegar temprano, pero más tarde de lo que debería? Solo yo comprendo ese hecho y también ya tengo en mente alguna clase de castigo o reprimenda que va a darme después. Él es muy estricto con todo, no importa que sea una estupidez. —Escucha, yo... Lo siento, sabes que no quise —intenté llamar su atención de alguna forma para que lograra mirarme pero no funcionó. —No estoy enfadado si es lo que piensas —«Claro que lo estás, y mucho.»— Sólo... no llegues tarde la próxima vez. —Comprendo. Lo prometo. El tiempo pasó rápidamente pero había algo de tensión entre nosotros, él nunca se movió de donde estaba. Nunca giró su vista hacia otro lugar que no fuera la ventana y nunca habló, logrando que me pusiera paranoica. Me sorprendió la puntualidad de esta gente, exactamente a las tres en punto las puertas se abrieron de par en par dando paso al menos a unas veinte personas de las cuales dos eran los hombres con los que trataríamos hoy. Me puse de pie rápidamente al ver que entraban todos. Mientras se sentaban localicé a los dos hombres de apariencia joven; Mathew ya se había adelantado y caminó hacia ellos para presentarse —obviamente no me quedé atrás—. —Bienvenidos, soy Mathew Lincon, un placer tenerlos en nuestra compañía —decía mientras estrechaba la mano con ambos. —El placer es nuestro, estamos bastantes interesados en hacer negocios con ustedes. Soy David Thim, el vicepresidente —parecía simpático, un buen hombre que tiene veintinueve años y anteriormente era abogado. Alto, cabello castaño y ojos avellana. Su apariencia bastante juvenil me agrada. Por otro lado, junto a él estaba esa persona de la que tanto había averiguado, ese tipo que al tenerlo en frente ya sé que no va a caerme bien por nada en el mundo. Su mirada es tan seca, tan fría... Su rostro sólo demuestra crueldad y un gran aire de grandeza. ¿Pero a quién engaño? Es demasiado atractivo y comprendo que le saca provecho a eso. Con tan solo mirarlo ya caes rendida a sus pies; es bastante alto, con un cuerpo trabajado y eso se nota a leguas, es perfecto. Ojos azules. Nunca había visto unos ojos de un color tan fuerte, y su cabello castaño claro tirando a rubio ceniza, algo largo y rebelde, sin duda una apariencia bastante joven que vuelve loca a cualquiera, pero... ¿Qué diablos hago pensando en todo esto cuando debería centrarme en otras cosas? Maldita sea, este hombre tiene la misma edad que yo y está aquí por negocios. —Soy Lion While, encantado de conocerlo al fin —«Santo Dios, su voz es la gloria.» —Escuché mucho de usted señor While. Tiene potencial para grandes cosas, espero y continué así —esta vez había hablado yo sin darme cuenta, creo que por impulso—. Perdón, que descortés, mi nombre es Chelsey Lynch, la vicepresidenta —intenté mostrarle una amplia sonrisa, él me miró atentamente por segundos que se me hicieron eternos y luego mostró una sonrisa torcida. —Encantado señorita Lynch, gracias por su cumplido, espero y nos podamos llevar bastante bien —no me gustó el tono que usó, no me gustó para nada. —De acuerdo, comencemos con esto —habló Mathew llamando la atención de todos y encaminándose al frente. Todos nos preparamos y tomamos asiento. Esta reunión nos va a llevar bastante tiempo...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD