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901 Words
En la noche todo es más hermoso: rascacielos repletos de luces, casi no se siente el ruido de los autos y hay calma, como a mi me gusta. Ahora mismo una brisa llega a mi rostro haciéndome dar cuenta de que se aproxima una gran tormenta. Miré al cielo y claramente noté como nubes comenzaban a tapar el estrellado panorama de Chicago. Odio esta ciudad a pesar de que fue donde nací y crecí; desearía no tener que regresar cada año por las visitas familiares. Me trae recuerdos que quiero borrar de mi vida. Aquí no puedo ser yo, aquí no soy libre; pero nadie supo sobre eso nunca ya que lo mantuve bien escondido. Aquí sufrí cómo un condenado a muerte, aquí me maltrataron, me trataron cómo basura. Si me tratase de un asesino serial de películas, diría que mucha gente ahora mismo no se encuentra en este mundo porque mi sed de venganza pudo más que la poca piedad que poseo. Admito que no soy una buena persona, de hecho soy una verdadera mierda: manipulo a la gente, las controlo a mi gusto, juego con ellas simplemente para obtener lo quiero. Pero es que se me hace... tan fácil. Obtuve poder simplemente teniendo una mente brillante. Pude crecer de tantas formas que actualmente soy realmente poderoso; podría arruinarte la vida con sólo decir una palabra o firmar un papel y disfruto de poder hacerlo. Nadie se atreve a enfrentarme como se debe. Me tienen terror, pero a la vez hay quienes me adoran. Creen que soy un ángel caído del cielo dispuesto a ayudarlos con simplemente ponerles una sonrisa simpática o hablarles amablemente. Pobre gente ilusa. Pero aunque me cueste admitirlo hay personas que son más poderosas que yo. El dinero lo mueve todo y es una completa mafia en la cual estoy metido desde hace cinco años. Aún soy novato, pero para sorpresa de todos tengo potencial y pude triunfar rápidamente así que me comenzaron a tratar como competencia peligrosa. Digamos que me entretengo bastante. —Lion, ven a cenar cariño... —la suave voz de mi madre me sacó de mis pensamientos. Creo que ella es la única persona a la que aprecio, sólo ella. —Voy enseguida —dije mientras me levantaba del sofá ubicado en el balcón y en el cual me estaba casi durmiendo. Era época de fiestas y se puede decir que de vez en cuando me tomo vacaciones para olvidar todo el estrés. A pesar de que no me guste estar aquí, es obviamente una obligación, después de todo no vengo desde hace dos años y era algo que mi madre ya estaba reclamándome. Caminé con pesadez al comedor donde ya estaba todo servido y la gente alrededor de la mesa tenía alegres charlas. Como es claro de mí, me senté en una esquina, tranquilo y callado. Sé perfectamente que nadie se atreverá a hablarme por más familia que sean. Es increíble cómo ellos también han logrado tenerme miedo. Así pasó la cena, todos charlando con la boca repleta de comida, riendo, tomando... Pero me fue imposible notar a veces algunas miradas que me daban. Simplemente quiero comer en paz. La única en hablarme como siempre fue mi madre, la única que me comprende y sabe que a mi familia no soy capaz de hacerle algo. —Lion, cuéntanos a todos, ¿qué has estado haciendo? —me sorprendí bastante cuando escuché la voz de mi tío Gerard dirigirse a mí. Lo miré y noté que no tiene planeado nada bueno. Él es el peor de todos. Me detesta y lo sé perfectamente, de seguro ahora mismo está planeando algo para discutir conmigo. Por suerte nunca logra ganarme ya que tiene una gran envidia o eso descubrí hace bastante tiempo. —Para ser sincero, nada, la rutina de siempre —dije sin mirarlo a la cara y con expresión de desinterés. —¿Rutina de siempre? De seguro hablas de tus mujeres ¿no? —terminó con una gran sonrisa idiota. Ahí está, de eso hablo. —Claro que estoy hablando de eso. Estaban bastante interesadas en venir pero por desgracia tuve que dejarlas en casa. Prometí llevarles regalos a las trece —lo miré con una sonrisa irónica guiñándole un ojo, algo que le molestó enseguida. Lion 1 - Gerard 0 —Muy descarado de tu parte tener trece chicas ¿no te parece? —ahora había entrado a la discusión mi otro tío, Mike. Él era más amigable, pero es el típico hombre que adora seguir las reglas y resulta irritante cuando algo no le parece bueno. —No lo creo, ellas siempre están encantadas —nunca llevé una mujer a mi casa y no pienso llevarla, pero vale la pena pelear con ellos y ver cuánto me odian. Me hubiera encantado seguir esta discusión, pero mi madre nos detuvo antes de que esto llegara a los golpes; sabe perfectamente que soy capaz. No dudé en levantarme y marcharme del lugar para ir al hotel donde me estoy hospedando. Es igual a todos los años, no puedo cenar con ellos. Pero siempre salgo de ese lugar con una sonrisa de oreja a oreja, porque nunca van a lograr ganarme, nadie. Por suerte hoy era el ultimo día en este maldito infierno. Al fin regreso a mi querido Nueva York, donde ahí y en el resto del mundo soy un rey.
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