07. ¡Ten cuidado!

2182 Words
~•⊰ Mike ⊱•~ Alessandro comenzó a caminar hacia uno de los puentes, para atravesar “el Gran Canale”, así que lo seguimos, disfrutando del inicio del ocaso, donde comienzan a encenderse las primeras luces de la ciudad. —Bajo el manto de la noche veneciana nos adentraremos en los suburbios de una ciudad llena de almas en pena ancladas a este mundo —dijo, con una voz profunda—. Atravesando sus calles vagamente iluminadas, llegaremos a una de las criptas subterráneas de la capital del Véneto —Veo a la pelirroja a mi lado, que se abraza a sí misma y tiene los ojos abiertos de par en par. Se ve un poco acongojada. Frente a la estación, se encuentra la distintiva “Chiesa di San Simeon Piccolo”, una pequeña iglesia de estilo neoclásico, con una cúpula redondeada de color verde, gracias a la oxidación del cobre y aunque no tiene nada que envidiar a las grandes catedrales, tiene su encanto. Recorremos un poco su interior donde destacan algunas obras de arte, mientras Román y Xavier nos dan algunos datos históricos, cómo por ejemplo, que fue inaugurada a finales del siglo IX y que a lo largo de los años, tuvo varias intervenciones, hasta que a principios del siglo XVIII fue totalmente reconstruida. Nos reunimos en la entrada una vez más y es cuando Alessandro nos indica que nos acerquemos a una puerta, al costado derecho de la iglesia, entregándonos una vela a cada uno. —Aquí comienza el verdadero recorrido —señaló, comenzando a bajar una escalera, donde todos empezamos a seguirlos. Por alguna razón que desconozco, siento a Sandy muy pegada a mí, por lo que la miro por el rabillo del ojo y puedo notar su incomodidad. —¿Estás bien? —cuestioné. Asintió no muy convencida—. No pasará nada, ellos lo hacen así, porque es más llamativo —expliqué. —No puedo evitarlo… soy miedosa con estas cosas —confesó. —Vamos… Me mantendré a tu lado, si con eso estás más tranquila —dije. —Gracias, Mike —Medio sonrió y seguimos bajando tras los chicos. Al llegar abajo, nos encontramos con unos laberintos, apestosos y muy oscuros, con frescos pintados en sus murallas y techos, los que representan el “Via Crucis” y algunos otros del “Antiguo Testamento”, los cuales están muy desgastados, ya que se nota que estuvieron por muchos años abandonados. La Cripta, consiste en dos largos pasillos que se cruzan en una estancia octogonal. En el centro, tiene un altar donde, en tiempos de guerra, los feligreses y parroquianos, celebraban la misa. Tiene veintiún capillas, ocho de ellas continúan tapiadas y sin explorar. Este lugar, contiene sobre todo, sepulcros de parroquianos de quien no es posible conocer su identidad, nos explicaban los guías. Continuamos avanzando, hasta que un crujido bajo nuestros pies, nos hizo detener la marcha. Iluminé el suelo con la vela y cuando estoy intentando averiguar de qué se trata, es el mismo Alessandro, quien nos resuelve la duda: —¡Ten cuidado! —advirtió, iluminándose el rostro, dándole un aspecto lúgubre—. Viejos restos de húmedos maderos, trozos de yeso desprendidos de los escalofriantes frescos y vestigios de óseos humanos, crujirán bajo tus pies —dijo con una voz criptica, ocasionando que Sandy de un salto y se aferre a mi brazo. La pobre chica tiembla a mi lado. —Está exagerando. Ignóralo —Susurré a su lado, mientras tiene fuertemente agarrado mi brazo. Al final de uno de los pasillos, encontramos una peculiar representación en uno de los muros. —Este, es el esqueleto representativo de la muerte —explicó Alessandro—: “Memorare Novissima Tua et in Eternun Non Peccabis – Miseremini mei – Miseremini mei” (”Recuerda que su última voluntad fue nunca pecar. ¡Compadeceos de mí! ¡Compadeceos de mí!), reza la leyenda escrita sobre la escayola —recitó. —¿Es verdad que se han visto espectros en estos pasillos? —preguntó Román, agregándole misterio al recorrido. —Así es —contestó Alessandro—. Cada año, nos llegan muchísimas imágenes de turistas, con alguno que otro “invitado” no esperado, en sus fotografías —agregó. En eso, la pelirroja se suelta de mi brazo, con la intención de querer irse, por lo que la sostengo de la muñeca. —¿Estás bien? —Niega y logro ver sus ojos completamente cristalizados—. Vamos, te acompaño. —No es necesario… No te pierdas de esto… Yo, necesito salir de aquí o se me saldrá el corazón del pecho —musitó. —Vamos… —La guie hacia la salida, con mi mano en su espalda. Con cada crujido del suelo, la pobre chica daba un salto del miedo, así que cuando comenzamos a subir las escaleras, prácticamente se echó a correr hacia la salida, así que la seguí. Al salir, se sentó en uno de los escalones, fuera de la iglesia y se abrazó a sí misma. —¿Estás bien, pequeña? —cuestioné, pues tanto miedo, no puede ser normal. Negó. —Si hubiese sabido de qué se trataba, me hubiese quedado en el hotel —contestó, con la voz quebrada—. Siento haber arruinado tu recorrido —agregó. —No te preocupes, no es algo que me haya encantado, a decir verdad —respondí sincero. —Esperaré a que salgan todos y me iré al hotel… —¿Tanto miedo te da? —cuestioné. Asintió. —Soy muy miedosa… te lo dije antes —respondió. —No creí que fuera tanto —contesté y me hizo un puchero—. Pero está bien, no digo lo contrario. No puede gustarnos a todos lo mismo —agregué. —Además, como tenía miedo —Estira una de sus manos, la cual está temblando—. Y aún lo tengo; sentía que no podía respirar allí dentro, además, el olor no es el mejor —dijo, haciendo cara de asco, pues el olor es horrible. —En eso estamos de acuerdo —contesté gracioso, intentando sacarla de su nerviosismo—. ¿Estás más tranquila? —Sí, gracias —respondió. Vemos a Román y Xavier que salieron de la iglesia, buscándonos, así que les hago una seña alzando los brazos y poniéndome de pie. —¿Qué pasó? ¿están bien? —preguntó Xavier, preocupado. —Sí, lo siento —contestó Sandy—. No me sentí bien y Mike me quiso acompañar —explicó. —¿Será algo que comiste? —cuestionó Román. Negó. —No… nada de eso —respondió y la veo incómoda, por lo que decido quitar la atención de los chicos sobre ella. —Me ofrecí a llevarla al hotel, chicos. Espero que eso no cambie los planes para el resto del grupo —Ambos se miraron y negaron de inmediato. —No hay problema, chicos —respondió Román—. ¿Saben cómo volver? —Miré hacia el frente y asentí. —Tengo buena memoria fotográfica —Le guiñé un ojo a la pelirroja, que se ponía de pie para irnos, antes de que salga el resto del grupo. —Nos vemos mañana en el lobby del hotel, chicos —dijo Xavier. —¡Descansen! —exclamó Román, volviendo al interior de la iglesia. —No es necesario que vengas, Mike, también tengo buena memoria fotográfica —mencionó—. Puedo volver sola al hotel. —Vamos. No dejaré que vuelvas sola —Comencé a caminar, pero ella se mantuvo en su lugar—. Vamos, además, ¿quién te acompañará a tomar una cerveza, si no voy contigo? —Yo no quiero una cerveza… —respondió, frunciendo el ceño. —Pero yo sí. Vamos —Insistí. Resoplo y comenzó a caminar. —Ahora me sentiré en deuda contigo —bufó. —La compensarás, si me acompañas a tomar esa cerveza —Le guiñé el ojo y continuamos caminando, hasta cruzar una vez más el puente. Necesitaba cambiar el tema y que dejara de darle vueltas al asunto, pues sigue muy callada y seria. —Entonces, ¿qué pensabas que haríamos en este recorrido? —pregunté. —La verdad, pensé que recorreríamos las calles en góndola o que caminaríamos por los barrios más bohemios y quizás ir a un bar, como la noche anterior, en Milán —respondió—. O tal vez, ir al teatro a ver una ópera o ver el ballet —agregó, sorprendiéndome una vez más, pues, por su edad, no esperaría que le gustaran ese tipo de cosas. —Cuando dijeron que sería diferente, jamás imaginé algo así —confesé—. También me hubiese inclinado por el teatro o el casino, tal vez. —De verdad no es necesario que interrumpas el recorrido por mí, Mike —Insistió—. Los chicos están recién saliendo, aún los puedes alcanzar —Señaló al grupo frente a nosotros, que recién comenzaban a bajar las escaleras de la pequeña iglesia. —Está bien si no quieres acompañarme a tomar esa cerveza, puedo ir solo —Negó—. Pero, tampoco me entusiasma la idea de volver. No es algo que me interese saber —respondí. —¿De verdad? —Asentí. —De verdad. —Está bien… creo que puedo tomarme una cerveza contigo —Sonrió y retomamos la marcha, caminando hacia el hotel. Al llegar, nos dirigimos al bar, donde nos sentamos en una de las mesas, mientras esperábamos que nos atendieran. Había algunos turistas divirtiéndose y tomando. La música era bastante agradable. —Iré al baño un momento —anunció la pelirroja—… Pide por mí —Asentí y la vi caminar hacia el sector de los baños. Pedí dos cervezas y algunas tapas, ya que mi intención no era que la chica termine borracha otra vez. Lo que me hizo recordar las cosas que me dijo, cuando la llevaba a su habitación: “Niiii pieen-ses que te dejaaaaré entrar, William ¡Tú y yo, hemos teeer-minado!” había dicho, apuntándome al pecho. “Túúú… ¡No eresss ese desgraciado!”, tras mi negativa, agregó: “¿Por quééée eres taaaan guapo? Y tambiééén, enojón”, finalizó, analizando mi rostro. —Planeta tierra, llamando a Mike —dijo divertida, llamando mi atención. —Perdón, me quedé pensando y no te vi llegar —Me excusé, justo en el momento en que el mesero nos traía las cosas que había pedido. Agradecí con un gesto de la cabeza. —Grazie… —Le dijo al hombre, que se retiraba con un asentimiento. —Espero que no te moleste, pero no me gusta beber sin comer algo —dije, para no hacerla sentir mal, recordándole la noche anterior. —Me parece perfecto —dijo, con una sonrisa. —¿De qué se trata el libro que estás escribiendo ahora? —cuestioné, intentando iniciar una conversación, que la saque del mal recuerdo de hace un rato. —Son relatos cortos para San Valentín —contestó—. Quería hacerlos hace mucho y no había tenido el tiempo. La mayoría de autores, hacen recopilatorios y se unen con otros, pero yo quise hacer los míos por mi cuenta y tenía muchas ideas, hasta que… me bloqueé —explicó. —Debe ser difícil perder el norte, cuando tenías la idea hace tiempo —aseveré. Por alguna razón, me hizo pensar en Lindsay y en todos los planes que tenía para los dos. —Lo dices con tanta naturalidad, que me da la impresión de que te hubiese pasado a ti también —mencionó. —Puede ser… —Me miró con curiosidad y se quedó pensativa por unos momentos. —Si te cuento lo que me bloqueó, tú me cuentas lo que te pasó a ti —propuso. —Está bien —Le extiendo la mano—. Trato. Comenzó a contarme su historia con William, su ex novio, al que encontró con otra mujer en su propia cama. Me contó que ella lo había apoyado en todos sus proyectos y que prácticamente era el pilar económico en la casa que ambos compartían, pues el dinero que ganaba su ex en el trabajo de medio tiempo que tenía, estaba destinado para el disco que lanzaría a fin de año. —Así que, simplemente no quise discutirle, pues no había nada que decir —explicó, con los labios apretados, imagino que, conteniendo las ganas de llorar, pues es bastante reciente lo que le ocurrió. —¿Y así, sin más, lo echaste? —Asintió y le sonreí. —Bien hecho —La felicité, pues cada vez me sorprende más, lo madura que es esta chica. Creo que de verdad, tenía un muy mal concepto de las nuevas generaciones. —Y pensar que, creí que era el hombre de mi vida —Sonreí ante su respuesta. —Tenemos una historia muy parecida, los dos —rebatí, ganándome su interés. —Es mi momento para oírla —dijo, apoyando los codos sobre la mesa y su mentón sobre sus manos.
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