08. Por todo aquello que buscamos

2139 Words
~•⊰ Mike ⊱•~ Me la pienso por unos minutos, pues, contarle esto a una completa extraña, no es sencillo, aunque tampoco podría hacerme el desentendido, ya que ella no dudó en contarme sobre su vida, sin miramientos. Tomo una bocanada de aire y comienzo: —Conocí a Lindsay en High School. Puede que suene un poco cliché, pero ella era porrista y yo jugaba fútbol —La pelirroja sonrió—. Comenzamos a salir cuando estábamos en penúltimo año de secundaria. Podría decirse que fue amor a primera vista, ya que Lindsay era la chica más linda que había visto en mi vida —Suspiré. »Fuimos novios por ocho años, hasta que le pedí matrimonio, ya que a esa altura, yo ya había terminado mi carrera universitaria como administrador de empresas y había montado un negocio, junto al hermano de Lindsay, así que tenía solvencia para poder casarnos y ofrecerle algo más estable —Sandy asintió, dándome razón e hizo un ademán, para que continuara hablando. »Durante el tiempo en que yo estaba estudiando y luego, montando mi negocio, Lindsay dejó a medias sus estudios universitarios, pues no le gustó la carrera de periodismo y según sus palabras, se tomaría un tiempo para pensar bien lo que querría hacer. Además, no tenía necesidad de hacerlo, pues su familia es bastante acomodada, así que, cuando le propuse matrimonio, aceptó de inmediato y se puso a planificar “la boda del año” junto a su madre —mencioné, acordándome de toda la parafernalia que fue todo aquello. —Normal, ¿no? —cuestionó. Me encogí de hombros, pues siempre he sabido lo que quiero—. Todo suena muy bonito hasta ahí —dijo ilusionada. Asentí. —Y lo era —respondí—. Pero, al parecer, sólo lo fue para mí, pues mis metas y sueños, no eran los mismos que los de mi ex esposa… —Pero… ¿cómo? ¿no lo hablaron antes? —cuestionó. —Hablamos de muchas cosas cuando nos casamos —contesté—. Éramos jóvenes. Yo quería un matrimonio bonito, como el de los señores Sherewood —expliqué y ella me sonrió—. Pero Lindsay no pensaba igual. Ella quería que fuéramos como novios eternos: salir, viajar, disfrutar de la vida y nada de formar un hogar, tener hijos, tener metas, ni nada similar —Suspiré. —Qué decepción… —mencionó, cubriéndose la boca, por haber dicho eso. —Así me sentí. Yo la amaba y fue muy doloroso saber que ella no tenía el mismo plan de vida que yo, pues cuando decidimos casarnos, ella sí lo quería y… —¿Por eso me recalcaste tantas veces que soy demasiado joven para tener las cosas claras? —Asentí. No sacaba nada con negarlo. —Lo siento por eso… sé que no puedo meter a todas a un mismo saco. —No te disculpes —contestó—, por lo general, mis congéneres en lo último que piensan es en establecerse y formar un hogar. No, sin antes haber viajado lo suficiente o haberse desarrollado en lo profesional —aseveró—. Casi siempre, termino siendo yo la rara del grupo, aunque si lo pienso bien —Se quedó pensativa unos minutos—… Estoy viajando ahora mismo, a la vez, estoy trabajando en lo que amo, desarrollándome plenamente en lo profesional y sólo me falta encontrar ese gran amor, con el que pueda construir una hermosa familia —finalizó. —Tienes tiempo —respondí, admirando cada vez más a esta chica, pues, tiene razón en cada palabra que me ha dicho. —Pero no estamos hablando de mí… continúa, por favor —Pidió. —Cuando entendí que nuestro plan de vida no era el mismo, comenzamos a distanciarnos, así mismo las discusiones, hasta que la relación se enfrió lo suficiente, como para que ella me hiciera lo mismo que te hicieron a ti… —¿¡La encontraste con otro!? —cuestionó alarmada. Asentí. —Creo que eres la primera persona a la que se lo cuento, después de mi mejor amigo, Ray —confieso. —Bueno, gracias por la confianza —dijo, poniendo su mano sobre la mía—. Y, ¿qué hiciste después de encontrarla…? —Lo que debí hacer antes de que esto ocurriera… Pedirle el divorcio —contesté—. Cuando lo hice, el negocio que tanto nos había costado montar con mi cuñado, comenzó con problemas de solvencia, gracias a sus amiguismos y malas costumbres, así que se fue a la quiebra en poco tiempo y lo tuve que vender —expliqué. —Qué duro, todo te pasó en simultáneo —mencionó. —Fue muy difícil… me sentía herido, engañado y además, sentía que mis cimientos se rompían bajo mis pies —Sandy se puso de pie y me abrazó, sorprendiéndome. Sentí un calorcito recorrerme el cuerpo ante este gesto tan noble de parte de mi acompañante y mi piel erizándose poco a poco. —Siento mucho todo lo que te pasó —dijo, sin dejar de abrazarme—. Se nota que eres un gran hombre, aunque a veces, un poco gruñón —Sentí el vacío cuando se alejó y me sacó la lengua, sentándose una vez más, frente a mí. —¿De verdad me encuentras gruñón? —cuestioné, intentando alejar esa sensación de mi mente. —Un poquito —Sonrió—. A veces, me siento como una niña pequeña a tu lado —confesó. —Eres pequeña —rebatí, consiguiendo que me haga una mueca. —Creo que soy un alma vieja, habitando este cuerpo joven —dijo seria—. Mi papá, siempre me dice “vieja chica”—Se ríe. —Pero tienes una madurez no muy propia de tu edad —agregué y me sonrió. —¿Gracias? —Me sacó la lengua una vez más y tomó su botella de cerveza—. Por los desamores —brindó y choqué mi botella con la de ella—. ¿No te has vuelto a enamorar después de tu ex esposa? —cuestionó y el recuerdo de Megan, llegó a mi memoria, como un tornado. —No sé si enamorado… —respondí—. Pues, no fui correspondido —confieso. —Quizás no era la indicada y te hizo un favor —aseveró. —Puede ser, aunque a esta altura de mi vida, no creo que haya una indicada… —Eres joven, ¿cómo dices eso? —cuestionó. —Para eso es este viaje… para saber qué es lo que quiero —contesté—. Ya volví a reinventarme: tengo el negocio con el que siempre había soñado, tengo estabilidad en todos los sentidos y estoy haciendo este viaje, que es algo que había pospuesto por mucho tiempo al estar tan enfocado en mis negocios y no me había dado el tiempo de hacerlo, hasta ahora. —Espero que en este viaje, encuentres lo que buscas, Mike —dice, poniendo su mano sobre la mía—. Por todo aquello que buscamos —Vuelve a chocar su botella con la mía y a darle un sorbo. Alzo la mía y bebo su contenido. —Bueno, cuéntame ¿por qué Inglaterra? —pregunté, cambiando de tema. Comenzó a contarme sobre su escritor favorito de toda la vida y que cuando supo que este estaba impartiendo clases en Cambridge, no dudó en decidirse y dejar todo en New York, por ir tras su sueño al viejo continente. —¿Y tus padres te apoyaron? —cuestioné. —Esa es otra historia muy bonita —dijo sonriente—. Pero no quiero aburrirte con eso —agregó. —¿Tengo cara de aburrido? —pregunté, con el ceño fruncido. Negó—. ¿Entonces, por qué decides por mí? —¿Qué les pasa a las mujeres, que piensan por uno? —De acuerdo… Me contó la historia de sus padres, me habló de su familia y aunque sus padres rehicieron sus vidas al separarse, ahora son todos muy unidos. Tiene un hermano mayor que es músico, dos hermanos por parte de su madre y una hermana por parte de su padre. —Una gran familia —dije con nostalgia, pues no recuerdo momentos dignos de recordar con la mía. Siempre de viaje, siempre distantes. Mis padres se manifestaron una semana después de mi “casi” boda con Megan, deseándome suerte en mi nuevo matrimonio y realmente, no quise entrar en detalles, así que no les dije nada. —Ya ves que te aburrí —La pelirroja hace un puchero adorable y niego. —Perdón… me quedé pensando en mis padres —respondo. —¿Ellos… —Están vivos, los dos… —La interrumpí, sabiendo hacia dónde iba su pregunta—. Pero nunca han estado muy presentes en mi vida —Me sinceré. —Qué triste… —Asentí. —Supongo que por eso me dolió tanto saber que los planes de Lindsay, eran convertirse en algo similar a lo que son mis padres… —mencioné —. Ellos se la pasan saliendo, viajando y disfrutando de la vida. —¿Y, tú? ¿dónde encajas en sus vidas? —cuestiona. —No encajo… —respondí—. Supongo que siempre fui un estorbo para ellos —agregué. —No digas eso, Mike —Me regañó. —No sé qué podría decir sobre ellos, pero esa es la sensación que me han dejado siempre —confesé. Una vez más, Sandy se pone de pie y me abraza con fuerza, lo que me hace reír—. Estoy bien con ello, pequeña —aseveré. —A mí me da pena —sollozó, por lo que la alejé un poco para confirmar si realmente estaba llorando. La miré a los ojos y limpié sus lágrimas con mis pulgares. —No llores por mí, no tiene caso —Le guiñé un ojo y se sentó a mi lado, aun sollozando un poco—. No es algo que me duela en la actualidad. Gracias a su distancia, gané otra familia muy importante para mí, que es la familia de mi mejor amigo, aunque ellos se divorciaron hace unos meses —comenté. —La familia es algo muy importante para mí —dijo—. Ya que, algún día quiero tener muchos hijos y por eso me encantó tanto la historia de Heather y Geoffrey —agregó. —Es una bonita historia, sin duda —respondí, pensando que es la historia que me hubiese gustado contarle un día a mis nietos, cuando sea mayor. Suspiré. —Gracias por esto —dijo, señalándonos—. Me hizo olvidar por completo el mal rato del recorrido y también me ha servido para darme cuenta que, todos tenemos nuestros propios dolores y como podemos, seguimos batallando nuestras propias batallas —Se puso de pie y me dejó un beso en la mejilla—. Buenas noches, Mike —Se despidió, se dio media vuelta y desapareció por el pasillo, dejándome con la boca abierta, sin reaccionar. (…) Por la noche, me había costado un mundo quedarme dormido. Había repasado una y otra vez la conversación con Sandy, hasta que por el cansancio, conseguí dormirme. Me levanté temprano, me di una ducha y me vestí con algo cómodo, así que tomé una camiseta negra, un short azul, mis zapatos urbanos y una gorra. Salí de la habitación y mientras bajaba en el elevador, por alguna razón, me sentía ansioso y no entendía el porqué. Al llegar al lobby, me encontré con Heather y Geoffrey, que conversaban con Joseph y su esposa, Mildred, así que los saludé y me uní a su conversación. —¿Qué les pasó ayer? —cuestionó Mildred con preocupación. —Sandy no se sintió bien y la acompañé hasta aquí, no podría haberla dejado sola —respondí, sin entrar en más detalles. —Así hacen los caballeros —acotó Geoffrey, dándome una palmada en el brazo. —Hablando de Sandy, ahí viene —dijo Heather, haciéndole un gesto para que se acerque. Volteo a mirarla y decir que se ve guapa, es decir poco. Por alguna razón que desconozco, sentía que las comisuras de mis labios, se alzaban, haciéndome sonreír y que esa ansiedad que sentía, fuese reemplazada por una extraña emoción. —Buenos días —saludó cordial. —Hola —respondí, un tanto desconcertado. —Hola —susurró a mi lado. Unos aplausos me sacan de esa burbuja y me vuelven a la realidad, ya que son Xavier y Román, llamando la atención del grupo. —¿Están listos para ver las preciosas postales que nos ofrece Venecia por la mañana? —cuestionó Román. Todos afirmaron con un energético “sí”, por lo que nos pusimos en marcha, para comenzar un nuevo día de recorrido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD