Capítulo 6: Fin del día más largo en mi vida.

1723 Words
Capítulo 6: Fin del día más largo en mi vida. 【Paulette】 Estoy en mi habitación de hotel durmiendo con la leona de Amanda que ronca más o debería decir que ruje más que un león. Me levanto de la cama estresada, me froto los ojos al ver qué hora es. «¡Son la una de la mañana!». Grito en mi mente. La noche a pasado lento, me pongo mis pantuflas y me encamino hacia la puerta, agarro mi teléfono junto a mi cartera, tomo la tarjeta y la paso por el detector, halo la puerta a mí para y después la cierro con angustia. Camino por los pasillos del hotel, en vez de ir por el ascensor tomo las escaleras para cansarme más. Todo este día de ver a Zion por primera vez en años me tiene aturdida. Después de unos interminables escalones llego hasta la planta baja del lugar y camino hacia el restaurante se podría decir, entro con pasos ligeros, esto está abierto las 24 horas así que no hay problemas. Doy hasta sentarme en una mesa cercana a una barra. «¿Sabes?, Debería sentarme cerca de la barra» . Me reitero y me siento en las sillas que está al lado de la barra y como si fuera película, un chico está secando unos vasos donde se sirve el Vodka, al percatarse de mi presencia se asusta y deja el pañito el vaso en la mesa y se acerca a mí.  —Buenas noches, ¿En qué le puedo servir?. — Inquiere con una sonrisa cansada, le sonrío gentilmente y extiendo mi mano hasta agarrar el vaso que estaba secando y se lo pongo en frente. —Lléname esto hasta el borde del licor más fuerte que tengas. — Dejo el vaso en la mesa y él asiente veloz, de inmediato busca una botella de una marca desconocida ante mis ojos y vierte el líquido en el vaso hasta el borde como le dije. —Aquí tiene. — Me lo acerca y le sonrío agradecida, tomo el vaso en una mano y me lo bebo de un tirón. Suena como pongo el vaso de golpe en la mesa y miro otra vez al chico el cual tiene una cara de sorprendido, me limito a mirar a otra parte. Enciendo mi teléfono, voy a la mensajería y no hay ni un solo mensaje nuevo, me voy hacia galería para ver la única foto que tengo de Gilbert, es que no le agrada las selfies pero algo me detiene. —¿¡Pero qué mierda!?. — Musito inquiriendo saber que rayos hace una foto de Zion y mi abuela en mi galería, le hago Zoom y está en el bus. «Esto fue justo antes de irme a ver en la cafetería».  Para tomarse una foto en mi teléfono tiene que saber la contraseña, tal vez la descifró no era algo tan difícil, sigo buscando en mi galería la única foto que tengo con Gilbert que fue despidiéndose justo cuando estaba en el aeropuerto me dio un beso en la mejilla. No está, la foto no está. «Quizás la rata inmunda está la eliminó». Unas lágrimas sale de mis ojos, las cuales elimino en el acto. —Sírveme otro vaso por favor. — Le ordeno al chico, él en el instante sirve con apresuro el contenido de la botella en el vaso y me lo pasa. Esta vez en dos sorbos grande bebo lo que hay en el vaso. —Una pregunta, ¿Qué es lo que me estas sirviendo?. — Interrogo al sentir un ligero dolor de cabeza, el chico se rasca la nuca en aprietos, se acerca temblando y me mira apenado. —Us… Usted me pidió lo más fuerte del lugar así que le serví Ron. — Confiesa y le miro algo confundida, asiento y le pido que me sirva otros dos vasos. Lo hace con suma rapidez, me los entrega mientras que bebo un vaso de un tirón el otro lo comienzo con pequeños sorbos, busco en el directorio a Gilbert que no he hablado con él en todo el día. Un tono… Dos tonos… Tres tonos… Cuatro tonos… “Su llamada ha sido desviada al buzón de mensajes”. Dice la voz pregrabada. Me animo e intento decir algo. —Gil por favor, cuando escuches esto llama de inmediato. También para aclarar lo de mañana. Las cosas no están saliendo muy bien que digamos, en el ámbito laboral están excelentes pero por otro lado me estoy sintiendo muy mal y necesito hablar contigo. Porque… Porque me encontré a alguien al cual ame con toda mi alma y que también me hizo mucho daño y… Ahora me siento perdida. — No sé si sea el alcohol o yo misma de boca grande a decir toda la verdad la cual había guardado en un baúl. Le pido al chico que me sirva dos vasos más, él primero como que duda pero si excusas las cuales detenerse o hace y los vasos los bebo de en dos sorbos cada uno. Decido llamar otra vez a Gibert como me es costumbre otra vez la busco en el directorio y le llamo. Al segundo tono contesta. Yo: Alo Gil, necesito hablarte. Gil: … Yo: Mira me siento muy mal y no sé cómo manejar está situación en la que alguien muy… (Hipo)… Importante me asecha. Gil: … Yo: De todos modos si no quieres hablar está bien… No sé quién te ira a buscar mañana, solo que no me molestes con los gastos de la… Gil: Ya voy para allá solo no me cuelgues el teléfono. No me puedo mover ni articular una sola palabra, ¿Cómo que viene para acá?, ¿Por qué no le cuelgo?, Solo dejo mi teléfono en la barra, le pido al chico dos vasos más. —Pero señorita ya estamos que rebasamos el límite de ingerir alcohol. — Me reprocha con voz suplicante, le miro con una ceja arqueada retándolo a llevarme la contraría. —Ese límite ya lo rebasamos así que sigue sirviendo. — Le demando con firmeza, él solo asiente nervioso y me sirve los vasos los cuales me los bebo sin pensar mucho. Unos pasos se escuchan en el solitario lugar, no me molesto en ver quién es porque de seguro es otra persona como yo que quiere ahogar sus penas en alcohol. Me toman del hombro así que volteo y mis ojos se encuentran con otro par de ojos almendras, y los abro como platos, quito su mano de mi hombro y me volteo a la mesa para no verle. —Pau, no te pongas así porque fuiste tú quién me llamaste. — Volteo para ver a Zion con el entrecejo fruncido, mostrando en el aire la pantalla de su teléfono, justo en letras grandes está “Mi Mujer”, me echo para atrás al ver el apodo y veo mi teléfono y justo aun sostengo la llamada, me fijo mejor en el teléfono y en vez de decir  “Gilbert” dice “Zion Agreste”, «¿Cómo me pude haberme equivocado enormemente?». Me pongo una mano en la frente y suspiro fastidiada. —Bueno si… Ya puedes irte. — Le reclamo fatigada, él no se inmuta y se acerca más a mí. Como es de esperarse eso a mí no me gusta así que me levanto del asiento y trato de irme pero su brazo me lo impide. —Deja me ir Zion Agreste. — Le ordeno con voz firme, él nada más me toma de la cintura y me carga en su hombro alejándome de la barra. Pataleo, lo golpeo con todas mis fuerzas pero parece de hierro ni se inmuta solo sigue caminando hasta salir del hotel. —¡Déjame ir Zion!. — Una vez más le ordeno, escucho como abre la puerta de un auto y me pone en el asiento del acompañante. Cierra la puerta y pone los seguros. Golpeo la ventana de la puerta. Veo que rodea el auto e inserta la llave en la puerta del conductor y se sienta. —Nunca jamás te dejaré ir de nuevo, escuche como te sentías de mal así no puedo permitir eso. — Declara arrancando el auto, yo me quedo de brazos cruzados, no tengo tiempo para discusiones y menos si son con Zion, miro por la ventana y veo cómo pasan otros autos los que no son mucho a pesar de la hora, como me está llevando lejos del hotel dónde debería estar. —¿Adónde me llevas?. — Interrogo con ligera molestia, le observo y solo conduce sin dirigirme la palabra o al menos mirarme de vez en cuando. —¿Adónde me llevas?. — Interrogo nuevamente, está vez me mira y sonríe malicioso, lo que no me pinta bien, me acomodo en el asiento y hago un pequeño puchero. Seguimos rodando y estamos en una parte en la ciudad que no conozco tengo la cabeza pegada del vidrio de la ventana, intentado estar alerta pero el ron está haciendo efecto adormeciéndome. Frena de golpe y mi frente se estrella contra el tablero, bufo dolorida, él sale del auto quitando el seguro así que también abro la puerta quitándole las intenciones de ser “caballero” y abrirme la puerta. Me ofrece su mano por lo que no la acepto y en un tonto intento de pararme caigo redondita en sus brazos, no me dice nada y me carga como a una princesita. Me percato que es un edificio el cual no reconozco pasamos por una recepción vacía. Entramos en un ascensor, de la nada un golpe de sueño me desmaya, apoyo mi cabeza contra su pecho, no puedo oponerme ni luchar contra Zion, ahora solo quiero dormir y su perfume embriaga mi nariz, su calor corporal hace que me relaje más y más. Escucho de lejos el timbre del ascensor, sale con pasos pesados, solo se escucha sus paso en todo el lugar, abro los ojos con dificultad inserta unas llaves le da unas cuantas vueltas y entramos a un lugar que huele a nuevo. No sé cómo describir este olor, en cuestión de segundo siento como me deposita sobre algo sumamente cómodo y lo último que mis ojos captan es que se acuesta al lado mío.
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