—¿Me explicas por qué tengo que vestirme bonita para “tomar un café”? —preguntó Amélie, mirándose el vestido verde que su amiga insistió en que usara. —Porque el café sabe mejor cuando una se siente guapa —respondió Marina, ajustándole un mechón rebelde detrás de la oreja. Amélie suspiró, sin saber si reír o sospechar. Croissant, sentado sobre el sofá, la observó con la mirada seria de quien ya conoce el guion. Maulló una sola vez, como si dijera “No digas que no te advertí”. Bajaron las escaleras entre murmullos y risas. Cuando empujaron la puerta hacia el patio interior, Amélie se detuvo en seco. Luces colgantes cruzaban el aire como luciérnagas detenidas en el tiempo. Mesas adornadas con manteles de cuadros, platos con pasteles, música suave saliendo de un viejo altavoz. Y los vec
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


