Empezamos con un trote moderado para calentar. La temperatura de fuera roza los quince grados, pero al moverme evito sentir el frío, aunque no llevo camiseta. Pienso en decirle a Nora que se ponga más capas de ropa, pero parece cómoda con unas mallas que le llegan hasta los tobillos y una camiseta, así que lo dejo pasar. Cuando salimos por la entrada al jardín y giramos hacia la carretera, mantengo mi atención fijada en los coches de los vecinos saliendo de sus garajes y en la gente saliendo para realizar su propio deporte matutino. Me incomoda que haya tanto desconocido. Mis hombres están posicionados estratégicamente a lo largo y ancho de la comunidad, lo que garantiza nuestra seguridad, pero no puedo evitar buscar señales de peligro. —Sabes que nadie va a tendernos una emboscada desde

