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1136 Words
Cassian y yo contemplamos la posibilidad de ir tras nuestra abuela, pero eso no nos haría ningún bien. Tenemos un reino que empezar a darle fuerza y no podemos regresar a uno que ya está destruido desde hace siglos. Alandher y yo no hemos estado juntos en estos días debido a mil cosas que tenemos que hacer, en mi caso enseñarle a mi hermano a buscar una salida por los túneles que mi esposo le puso al castillo cuando lo hizo. Cassian se ha perdido unas cuatro veces, en lo que va del día en ese pasadizo que es el más largo para encontrar, pasa por debajo de la cocina y lleva a más allá de los establos hasta que sale por la parte de atrás del territorio. Espero a Cassian en la entrada del castillo, pero cuando no llega es cuando decido meterme al interior del pasadizo para buscarlo porque este tiene la opción de dar vuelta en un lugar y si se toma en un lugar equivocado. Camino por algunos treinta minutos hasta que doy vuelta en una de las separaciones y encuentro a mi hermano en medio de algo que no había visto que estaba. Es cómo una cueva con varias aberturas. —Ya estaban aquí—dice cuando me pongo a su lado—. Es más bien un foso para guardar dragones. —¿Por qué estás tan seguro?—me mira y avanza a la primera estructura que se mantiene interna en la tierra. Llega al interior y mueve sus dedos para crear una flama. Luego la deja caer al suelo para que se distribuya por todos lados, e ilumine todo, abro los ojos por cómo está el espacio, tragó despacio al ver el lugar. —Esto, ¿Quién lo hizo? —Supongo que Alandher—mi hermano pone la mano en mi hombro para que veamos lo que decoraron—. Debemos ver para que son estás cosas. Ladeó mis labios cuando escuchamos un ruido muy fuerte a nuestra espalda y al girarnos vemos a un hombre alto de cabello n***o con expresión fría, tiene los ojos ligeramente oscuros en un tono verde, su piel es pálida como todos los brujos o brujas que tienen un nivel de poder superior al que muchos tienen en sí, lleva una túnica larga y negra con algunos detalles morados. Nos mira ambos y luego hace una mueca de disgusto. —Los hijos de esa p***a—Cassian toma mi mano con suavidad—. Aunque quiera matarlos no puedo. Cassian pone su cuerpo por encima del mío llamando la atención del hombre. Mis manos se aferran al brazo de mi hermano que no deja de mirar en dirección al hombre que parece ser el esposo de nuestra madre. —Son mis hijos ante toda la puta corte—trago despacio—, vendrán conmigo. —No. —No es pregunta, Badien—mi hermano traga saliva y yo sólo siento miedo—. Tu hermana ya no es una bruja blanca y no puedo dejarla suelta sin la protección de las brujas. —No iremos contigo—mi voz salió ligeramente extraña. Entre rota y asustada como lo estoy ahora. Cassian se pone más frente a mí para que no me vaya. —Amaneth, no me hagas enojar—siento su amenaza en los huesos—. Que las brujas los están esperando. —Nosotros no queremos el trono—interviene Cassian—. Puedes quedartelo. La risa del hombre me provoca pánico cuando niega como si hubiera sido gracioso lo que estamos dejando para que lo usé como se le dé en gana. Vemos parte de su poder salir en nuestra dirección antes de que un campo protector aparezca a nuestro alrededor. El hombre niega al entender que yo lo hice, me sonríe antes de que mi cabeza comience a mostrarme imágenes que yo no había visto nunca. Jamás había visto una clase de poder que me doblega y bloquea lo que ya siento en mi interior. —Esos conjuros son tan básicos que puedo romperlos con facilidad—se burla el hombre de mí—. Mi pequeña Amy, puedo destrozar esos encantamientos con sólo respirar, por eso debes venir a entrenarte, una bruja negra tiene otro poder. —No nos interesa lo que ofrezcas—sentencia Cassian por ambos—. No necesitamos tus enseñanzas. —Les contó su versión—aprieto el brazo de Cassian—. Esa p***a nunca deja de dar problemas—mi hermano lanza una mirada de odio—, bien, déjenme ilustrarles las cosas. Truena los dedos y nos hacemos humo antes de llegar a una especie de castillo, se me hace conocido en algunas cosas. Es el castillo en el que estuvimos hace unos días, el palacio que se supone debo gobernar al pueblo de las brujas. Cassian pone su brazo frente a mí cuando escuchamos una especie de ruido. —¿Qué estás haciendo?—escucho la voz del hombre en una versión más joven—. Katrine, más te vale que me digas la verdad. —Por favor, déjame ir—sigo el sonido de las voces con Cassian diciendo que no me acerque. —¿Dejarte ir?—la mujer asiente cuando ya los tengo de frente—. Si son mis hijos. —Sabes que no son tuyos—ataca mi madre—. Nunca te daría un hijo. El hombre ríe despacio antes de negar. —Mi linda mujer, Amaneth, es mi hija biológica—el rostro de mi madre se descompone por la rabia —. Por lo tanto ella es mi heredera, la futura reina de todo lo que poseo y tú y tu bastardo pueden irse al infierno. —La corona es mía. —El coronado fui yo—parece recordarle—. Tu madre me dejó a mí la corona. —Badien… Lanza un hechizo contra él y luego se ríe. Mi madre parece algo furiosa pero no dice nada al respecto. Cassian aprieta mi mano cuando la mujer que hay frente a nosotros pone un gesto frío al tiempo que tocan la puerta y un pequeño entra directamente al hombre antes de cargarlo y darle un beso. Cassian. El niño es Cassian. —Mi hijo es mío—le dice ella con voz suave—. Mi pequeño Badien—Cassian acurruca su cuerpo en el del hombre—. ¿Tienes sueño? —Shi. —Vamos cariño. El hombre sale con Cassian en brazos de la recámara y mi madre se queda haciendo rabietas. Regresamos a la realidad y cuando miro al hombre me sonríe despacio. —Hola hija. —Ella… —Los alejo de mí porque sabe que soy el que puede enseñarles a usar la magia como se debe.
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