Un ramo de disculpa. 2

4263 Words
Esa mañana, Lucian Moretti no podía evitar sentirse un poco intranquilo, el recuerdo de la noche anterior lo atormentaba medianamente, especialmente el hecho de haber dejado a su novia plantada en el restaurante había sido una decisión impulsiva, pero la presión de su trabajo fue más importante que asistir a una cena monótona. La imagen de su novia, sentada sola en una mesa elegante, seguramente esperando su llegada, le causaba una punzada de culpabilidad, sabía que había fallado, pero no estaba seguro de cómo arreglarlo, en su mente, se repetían las mismas preguntas ¿Cómo podía corregir el error? ¿Con que regalo podría convencerla de que lo perdonara de nuevo? Un ramo de flores tal vez ayudaría, pero sabía que no sería suficiente porque su novia era muy exigente con ese tipo de cosas. Mientras se preparaba para salir de su oficina, su mente seguía ocupada con el dilema de cómo abordar la situación, en donde podría encontrar el mejor ramo de flores para su disculpa, Lucian, mientras reflexionaba sobre la situación con su novia, se acercó a la ventana de su oficina, buscando algo que lo distrajera de sus pensamientos turbulentos. Miró hacia afuera, al otro lado de la calle y sus ojos se fijaron por primera vez en la florería que había estado frente a él todo el tiempo, "El Jardín de Elysia". La fachada pintada de colores pastel, las grandes ventanas que dejaban ver el interior lleno de flores frescas y la calma que parecía emanar de ese lugar le llamaron la atención de inmediato, algo en la visión de esa tienda lo atrajo, como si fuera un refugio en medio del caos que sentía en su vida. El contraste entre la vida bulliciosa y ruidosa de su discoteca, y la serenidad de la florería era evidente, y por un momento, Lucian se detuvo a observar con más detalle, el cuidado con el que la dueña había diseñado su espacio parecía reflejar una pasión por las pequeñas cosas, un enfoque que Lucian, aunque acostumbrado a la extravagancia y el lujo, no podía evitar admirar. No solo quería hacer las paces con su novia, sino también encontrar algo que tuviera más significado que una simple disculpa, algo que demostrara, más allá de las palabras, el arrepentimiento sincero y el deseo de reconstruir lo que había roto, con esa idea en mente, tomo todas sus cosas y abandono la discoteca que ya estaba siendo limpiada por los conserjes preparándola para la noche. Los guardaespaldas de Lucian entraron primero, su presencia imponente asegurando que no hubiera interrupciones o molestias en el ambiente de la florería, cuando él entro se encontró solo con la joven dueña cuya expresión fue de pura sorpresa al ver a tantos hombres malencarados invadir su espacio. Lucian, al ver a Elysia de cerca, sintió cómo el aire le faltaba por un momento, su presencia era magnética, tan tranquila y serena, pero con una intensidad que le atravesó sin previo aviso, no era solo su belleza lo que lo desarmó, sino la manera en que irradiaba una calma que contrastaba con todo lo que él conocía, el lugar mismo parecía volverse más brillante, como si Elysia fuera la esencia de ese pequeño mundo lleno de flores. Su cabello rubio, lacio, caía suavemente sobre sus hombros, y sus ojos, de un azul claro y profundo, lo miraban sin prisa, sin la dureza que Lucian esperaba encontrar en alguien que estuviera tan acostumbrado al bullicio, en ese momento, él se sintió pequeño ante su serenidad, casi vulnerable, algo que no le ocurría a menudo. Los guardaespaldas de Lucian, al notar la quietud de su jefe, intercambiaron miradas rápidas, pero no se atrevieron a interrumpir, Lucian, sin embargo, no podía apartar la vista de Elysia, sentía un nudo en su garganta y su mente estaba vacía de palabras, pero se recuperó rápidamente. Lucian, aún cautivado por la presencia de Elysia, no pudo evitar que un pequeño toque de coquetería se colara en su voz, a pesar de estar allí para comprar flores y resolver el asunto con su novia, algo en la forma en que Elysia lo miraba y la serenidad que emanaba de ella lo hacía querer decir más de lo necesario. Sonrió con esa confianza inconfundible que siempre lo había caracterizado, sus ojos brillando con una intensidad diferente, más cálida, mientras se acercaba un paso más hacia ella. A pesar de la química inmediata que sintió con Elysia, no pudo evitar un ligero disgusto al escuchar que estaba comprometida, la noticia le cayó como un balde de agua fría, borrando momentáneamente la sonrisa juguetona de su rostro, un suspiro apenas perceptible escapó de sus labios, mientras sus ojos se entrecerraban por un instante, como si tratara de procesar esa información. El hecho de que Elysia ya tuviera a alguien en su vida, que su corazón estuviera ocupado, desbarataba cualquier intento de seguir coqueteando sin reservas, sin embargo, a pesar de ese ligero desánimo, Lucian no podía dejar de admirar su profesionalismo y sobre todo su belleza. La atmósfera coqueta que él mismo había alimentado, Elysia mantuvo la compostura, respondiendo con la misma suavidad y seriedad que un cliente esperaba en un lugar como aquel, Lucian admiro la forma en que Elysia se mantenía tan firme y profesional, sin dejar que su coqueteo interfiriera en lo que realmente importaba, aunque su orgullo se resintió un poco por la mención de su compromiso, decidió que era buena idea seguir siendo coqueto con ella. Lucian, que hasta ese momento había estado seguro de sí mismo y en control de la situación, sintió un extraño vuelco en su pecho cuando vio que Elysia se sonrojaba por su comentario del hada, era un leve cambio, casi imperceptible, pero suficiente para que su corazón acelerara de forma inexplicable. En un instante, esa calma con la que ella lo había tratado, esa barrera profesional que había mantenido tan firme se rompió por una fracción de segundo, dejándole ver una vulnerabilidad que le resultaba fascinante. Lo que más lo sorprendió no fue solo el hecho de que Elysia se sonrojara, sino que él mismo, alguien acostumbrado a ser el centro de atención, no había sido capaz de anticiparlo, ella, con su compostura y elegancia, parecía mantener su distancia, pero en ese pequeño gesto, esa fragilidad momentánea, Lucian sintió una conexión inesperada, un sentimiento que no podía identificar de inmediato, algo entre la admiración y la sorpresa, que lo dejó desconcertado por su propia reacción. — Aquí tiene, señor Moretti... — dijo con una sonrisa cortés, su tono educado, pero con la clara intención de dar por concluida la transacción — Espero que el ramo cumpla con su propósito y le deseo un buen día. — le devolvió la tarjeta junto al recibo. Lucian la observó por un momento más, como si quisiera prolongar la interacción, pero Elysia se mantuvo firme, había algo en su actitud que le dejaba claro que no caería tan fácilmente en su juego, lo que solo aumentaba su interés, sin embargo, entendió que insistir en ese momento solo haría que ella se cerrara por completo y posiblemente lo sacara a patadas de la florería, con una leve sonrisa de lado, tomó la tarjeta y la guardó en su billetera. — Gracias, señorita Elysia, estoy seguro de que el ramo será perfecto y cumplirá con su cometido. — su voz seguía teniendo ese tono seductor, pero también una pizca de respeto que antes no estaba tan presente. Se giró con calma, haciendo una breve señal a sus guardaespaldas, quienes de inmediato se movilizaron hacia la puerta, antes de salir, Lucian echó un último vistazo a Elysia, como si quisiera grabar su imagen en su memoria y entonces, con la misma confianza con la que había entrado, salió de la florería, dejando tras de sí un ligero aroma a su costoso perfume y una sensación de inquietud en el aire. Elysia exhaló despacio cuando la puerta se cerró tras él, no podía negar que había algo en ese hombre que resultaba intrigante, pero se obligó a sacarlo de su mente, tenía un negocio que atender y un compromiso que respetar, Elysia suspiró de nuevo y comenzó a limpiar la mesa donde había estado preparando el ramo del extraño hombre que entro a su local, pasó el paño con movimientos firmes, como si así pudiera borrar la extraña sensación que le había dejado aquel hombre. No quería darle más importancia de la necesaria, pero algo en su mirada, en su forma de hablar, la había inquietado más de lo que estaba dispuesta a admitir, justo cuando intentaba sacarlo de su mente, la campanita de la puerta sonó de nuevo, pero esta vez no era un cliente. — ¡Buenos días, Ely! — su mejor amiga y empleada, Mia Morrison, entró con su habitual energía y una gran sonrisa iluminando su rostro, llevaba una coleta alta y el delantal de la florería doblado en su brazo, lista para empezar el día — ¿Por qué tienes esa cara? — preguntó de inmediato, al notar la expresión de Elysia mientras terminaba de limpiar — ¿Acaso pasó algo interesante mientras yo no estaba? — Elysia rodó los ojos con una pequeña sonrisa y negó con la cabeza, pero Mia entrecerró los ojos con sospecha. — No ha pasado nada. — comentó Elysia. — ¡No me mientas! — Mia entrecerró los ojos — Te conozco demasiado bien, cuéntamelo todo bonita. — insistió, apoyándose en el mostrador con una expresión traviesa. Elysia suspiró, sabiendo que no iba a poder escapar tan fácilmente, dudando por un momento si debía contarle a Mia lo que acababa de ocurrir, sabía que su amiga no la dejaría en paz hasta sacarle toda la información, así que, después de secar la mesa por última vez, se apoyó en el mostrador y, con un tono tímido, comenzó a hablar. — Bueno... — lo medito un segundo — Esta mañana vino un cliente un poco, diferente. — dijo, evitando la mirada curiosa de Mia. — ¿Diferente cómo? — los ojos de su amiga brillaron de emoción al instante, inclinándose hacia ella con una gran sonrisa para saber más — No me digas que era guapo. — Elysia suspiró y asintió, sintiendo cómo sus mejillas volvían a calentarse al recordar la intensidad de la mirada de Lucian. — Sí, lo era y no solo eso... — se puso a jugar con el trapo — Creo que era el dueño de la discoteca nueva, se dirigió hacia ese lugar después de salir de aquí, era un tipo un poco descarado, muy coqueto. — vio como los ojos de su amiga iban abriendo cada vez más. — ¡¿Lucian Moretti?! — Mia exclamo — ¿El Lucian Moretti que todo el mundo dice que es un hombre poderoso y peligroso? — vio a Elysia ladear la cabeza ligeramente, no tenía idea de quién era aquel hombre. — ¿Debería saber quién es? — preguntó con genuina curiosidad, Mia la miró como si acabara de decir que el sol salía de noche. — ¡¿Me estás diciendo que no sabes quién es Lucian Moretti?! — exclamó, llevándose las manos a la cabeza, Elysia se encogió de hombros con tranquilidad. — Mia, ya sabes que no ando metida en ese mundo de fiestas nocturnas, apenas me entero de lo que pasa más allá de la florería y cuando salgo a bailar, lo hago con mi prometido a lugares más decentes. — Mia dejó escapar un suspiro dramático y apoyó las manos en el mostrador. — Bueno, déjame ponerte al día... — sonrió con cierta picardía — Lucian Moretti no es cualquier hombre, es el dueño de la discoteca más exclusiva de la ciudad, la que abrieron hace dos meses al otro lado de la calle ¿Te acuerdas? — la comenzo a tratar como si Elysia fuera tonta. Claro que sabía de la discoteca, era imposible no notarla con todo el revuelo que había causado, pero jamás había prestado atención a quién estaba detrás del negocio, tampoco es que le interesara mucho, mientras no la molestaran, no se iba a poner a investigar. — Dicen que tiene contactos importantes, que es un hombre influyente, con dinero y poder... — tomo el trapo con el que su amiga limpiaba — Y también con un aire de misterio que lo hace irresistible... — continuó Mia, con una sonrisa llena de emoción — Y dicen que es un hombre muy coqueto a pesar de que su expresión siempre es seria, si realmente fue coqueto contigo, Ely, eso significa algo. — Elysia negó con la cabeza. — Significa que es un hombre acostumbrado a coquetear con cualquiera, nada más. — Mia chasqueó la lengua. — O significa que, sin quererlo, atrapaste la atención de alguien que no se impresiona fácilmente. — Elysia suspiró, no quería darle más vueltas al asunto, para ella, aquel hombre era solo un cliente más, alguien que entró, compró un ramo y salió, nada más. — Mia, no exageres... — Elysia cruzo los brazos y miro a Mia con firmeza — Estoy comprometida con Albert. — le recordó, con un tono que buscaba zanjar el tema de una vez por todas. — Lo sé, lo sé... — levantó las manos en un gesto de rendición, pero su sonrisa traviesa no desapareció — No estoy diciendo que vayas a hacer algo malo, solo que es curioso ¿No crees? Un hombre como él, coqueteando contigo. — Elysia suspiró y se frotó la sien. — Mia, fue solo una interacción breve, nada de lo que valga la pena hablar tanto. — su amiga la miró con ojos afilados, como si pudiera leer algo más en su expresión. — Si fuera tan irrelevante, no estaríamos teniendo esta conversación ¿Cierto? — Elysia frunció los labios, sin saber qué responder. Sabía que su compromiso con Albert era sólido, que lo amaba, que estaban construyendo una vida juntos, pero la presencia de Lucian Moretti había sido, diferente, no porque significara algo, sino porque había sido inesperada y además de eso, se sintió bastante intensa, sacudió la cabeza, decidida a no darle más vueltas al asunto. — Tengo cosas que hacer, si terminaste con tu telenovela mental, hay flores que acomodar. — dijo, dándole una palmadita en el brazo a Mia antes de girarse para continuar con su trabajo. — Está bien, jefa, pero no creas que me olvido de esto tan fácil. — Mia rio y se colocó el delantal. Elysia puso los ojos en blanco con una sonrisa, pero en el fondo, esperaba que Mia realmente soltara el tema, no quería admitir que, por más que lo intentara, la imagen de Lucian aún rondaba su mente. Una hora después de haber abierto la florería y de que Mia dejara de molestarla con el tema de Lucian, la campanita de la puerta sonó nuevamente, esta vez, Elysia no sintió ninguna sorpresa ni nerviosismo, sino una calidez familiar al ver a Albert entrar con su sonrisa de siempre y una caja de donas en las manos. — Buenos días, mi amor... — dijo él, acercándose a ella y depositando un beso suave en su frente — Pensé en pasar a verte y traerles algo dulce para empezar bien el día. — Elysia le sonrió con ternura. Albert siempre tenía esos detalles con ella y aunque su relación llevaba un tiempo sin grandes novedades, su cariño y dedicación seguían siendo constantes. — ¡Oh, Albert, eres el mejor! — exclamó Mia, acercándose con una gran sonrisa y tomando una dona de la caja sin dudarlo — Justo lo que necesitaba. — Albert rio ante el entusiasmo de Mia y luego miró a Elysia con cariño. — ¿Cómo va la mañana? ¿Todo tranquilo? — Elysia asintió, aunque por un breve momento la imagen de Lucian cruzó su mente, pero no era algo importante. así que simplemente respondió: — Sí, todo bien, ha sido una mañana normal. — respondió, Albert le tendió la caja para que ella también tomara una dona. — Me alegra escuchar eso ¿Te quedarás hasta tarde hoy? — Elysia negó con la cabeza. — No, solo hasta la hora de siempre, ya sabes, organizar los pedidos y cerrar a tiempo. — Albert asintió y le dedicó una sonrisa. — Bien, entonces quizás pueda pasar por ti más tarde y vamos a cenar juntos. — Elysia le devolvió la sonrisa, agradeciendo internamente que Albert estuviera ahí, trayendo estabilidad y normalidad a su día. — Me encantaría acompañarlo a una cena señor Reynolds. — fue bastante coqueta con él. — Ustedes dos son demasiado dulces... — dijo Mia, con la boca llena de dona — Y eso que aún no han puesto fecha para la boda. — su mirada fue de pura diversión. — No empieces, Mia. — Elysia le lanzó una mirada divertida a su amiga. — Todo a su tiempo. — Albert solo rio y tomó una dona para sí mismo. Elysia dejó escapar una pequeña risa cuando Albert la tomó suavemente de la cintura y la atrajo hacia él con firmeza, sus ojos se encontraron por un instante y antes de que pudiera decir algo, él inclinó el rostro y la besó. No fue un beso cualquiera, sino uno profundo, apasionado, como si quisiera recordarle, o recordarse a sí mismo, que ella era suya, Elysia sintió el calor de su toque, el latido firme de su corazón contra el suyo y durante esos breves segundos, todo lo demás se desvaneció. Cuando finalmente se separaron, Elysia se quedó ligeramente sin aliento, sus mejillas un poco sonrojadas, Albert la miró con una sonrisa satisfecha antes de darle un mordisco a su dona, como si nada hubiera pasado, Mia, que estaba a unos pasos de distancia, chasqueó la lengua con diversión. — Dios ¿Pueden avisarme antes de hacer eso? No quiero atragantarme con la dona por culpa de su escena romántica. — Mia le dio otra mordida. — Lo siento, Mia, pero tenía que recordarle a mi prometida lo mucho que la amo. — Albert rio y le guiño un ojo. Elysia le dio un suave golpe en el brazo, aunque no pudo evitar sonreír, Albert siempre había sido cariñoso con ella, pero ese beso había tenido un matiz diferente, como si hubiera querido marcar territorio de alguna manera, sacudió la cabeza y se alejó de él con una sonrisa juguetona. — Bueno, señor romántico, ahora que ya me robaste un beso ¿Vas a ayudar con las flores o solo viniste a distraernos? — Albert puso las manos en alto con fingida inocencia. — Solo pasé a consentirlas con donas, pero si necesitas ayuda, aquí estoy. — Elysia rio y negó con la cabeza. — No te preocupes, solo estaba bromeando. — dijo mientras acomodaba unas macetas cerca del sol que se colaba por los ventanales. — Debo irme, pero te veo más tarde ¿De acuerdo? — Albert termino su dona. — De acuerdo. — respondió Elysia con una sonrisa. Justo cuando Albert estaba a punto de irse, la campanita de la puerta sonó nuevamente y en cuanto Elysia levantó la mirada, sintió que su buen humor se esfumaba al instante, allí, de pie con su impecable vestido entallado, su cabello perfectamente arreglado y un bolso de diseñador colgando de su brazo, estaba Beatriz Cruz. La mejor amiga de Albert y también, la persona cuya presencia lograba poner de mal humor a Elysia en cuestión de segundos, Beatriz entró con su usual aire de superioridad, sus tacones resonando contra el suelo de la florería, su expresión era una mezcla de burla y desagrado apenas disimulado, cuando sus ojos se posaron en Albert y Elysia juntos, su sonrisa adquirió un matiz que a Elysia le resultaba insoportable. — Vaya, qué escena tan adorable... — dijo Beatriz, con un tono en el que la dulzura sonaba completamente falsa — Si no supiera que estabas trabajando, Albert, pensaría que viniste aquí solo para perder el tiempo. — Albert suspiró con una sonrisa relajada, como si ya estuviera acostumbrado a su actitud. — Solo vine a traerle algo a Elysia y Mia, no creo que eso sea perder el tiempo. — su respuesta hizo que su prometida frunciera el ceño. Beatriz hizo un leve gesto con la mano, restándole importancia a sus palabras, luego, dirigió su mirada directamente a Elysia, con ese brillo molesto en los ojos que la hacía querer apretar los puños. — Qué dedicada, como siempre... — dijo con falsa amabilidad — Espero que no estés demasiado ocupada, aunque, bueno, vender flores no debe ser tan agotador ¿Verdad? — Mia, que estaba a un lado, dejó escapar un bufido. — Qué bruja. — murmuro entre dientes. Elysia, por su parte, respiró hondo y mantuvo la compostura, no iba a caer en su juego, no hoy, ya se había aburrido de pedirle a Albert que le pusiera límites a esa mujer y no quería comenzar una pelea con su prometido. — Es un trabajo que disfruto, Beatriz... — respondió con una sonrisa serena, aunque su paciencia estaba a punto de agotarse — Pero dime ¿Necesitas algo o solo viniste a hacer comentarios innecesarios? — Albert carraspeó, notando la tensión entre ambas. — Bea ¿Qué haces por aquí? — preguntó él, Beatriz soltó una risa ligera y se acercó a él con confianza, posando una mano en su brazo con demasiada familiaridad para el gusto de Elysia. — Solo pasaba a buscarte, quería que me acompañaras a un almuerzo con algunos amigos, pero veo que estás ocupado. — Elysia sintió una punzada de irritación. No era la primera vez que Beatriz aparecía de la nada buscando a Albert, ignorándola por completo o haciendo comentarios pasivo-agresivos que hacían evidente que no la consideraba una pareja digna para él, siempre fue así, pero en los últimos meses las cosas se habían intensificado. — Prometí que vería a Elysia más tarde, Bea, podemos almorzar otro día. — Albert sonrió con calma. — Está bien, está bien, supongo que no me queda más remedio, porque ahora mi mejor amigo de toda la vida tiene ciertas prioridades... — Beatriz hizo un pequeño puchero, soltó un suspiro y vio a Albert como un cachorrito regañado, pero luego, volvió a mirar a Elysia con una sonrisa que no ocultaba su desdén — Bueno, querida, espero que sigas cuidando de nuestro Albert, aunque, no te confíes demasiado... — Elysia sintió un escalofrío de molestia, pero antes de que pudiera responder, Beatriz se giró con gracia y se dirigió a la puerta — Nos vemos luego, Albert. — dijo con un tono dulce, antes de salir de la tienda como si nada hubiera pasado. — Lo siento, Ely, ya sabes cómo es Beatriz. — Albert suspiró y pasó una mano por su cabello. — Si, ya lo se. — Elysia forzó una sonrisa, aunque por dentro hervía de enojo. — ¿Cómo la soportas? — Mia cruzó los brazos y la miró con expresión de pocos amigos. Elysia no respondió de inmediato, porque, aunque odiaba admitirlo, en el fondo sabía que Beatriz no iba a desaparecer de su vida fácilmente y eso, más que cualquier otra cosa, le molestaba demasiado, Albert suspiró y pasó una mano por su cabello, visiblemente molesto. — Elysia, ya te lo he dicho antes, no me gusta que haya problemas entre ustedes, Beatriz es mi amiga de toda la vida y no quiero que me pongas en una situación donde tenga que elegir entre ustedes dos. — Elysia sintió un nudo formarse en su estómago ¿Ponerlo a escoger? Ella jamás le había pedido que eligiera, pero ¿No se daba cuenta de lo incómodo que era para ella lidiar con Beatriz? De cómo cada comentario suyo era una puñalada disfrazada de cortesía, apretó los labios y respiró hondo, sin querer empezar una discusión. — No te estoy pidiendo que elijas, Albert... — respondió con voz tranquila, pero con un deje de frialdad — Solo que entiendas que su actitud no es precisamente agradable. — Albert la miró con cansancio, como si esta conversación ya lo estuviera agotando. — Ely, ella no lo dice con mala intención, es solo su personalidad. — Elysia sintió una punzada de frustración, siempre era la misma historia, siempre excusando a Beatriz. Antes de que pudiera decir algo más, Albert trató de suavizar el ambiente inclinándose hacia ella para darle un beso, pero Elysia giró el rostro en el último momento, haciendo que sus labios apenas rozaran su mejilla, Albert se quedó inmóvil por un segundo, claramente sorprendido por el rechazo, luego, se enderezó y la miró con el ceño levemente fruncido. — ¿En serio, Elysia? — ella sostuvo su mirada con firmeza. — Tengo trabajo que hacer, Albert. — su respuesta fue firme. Mia, que había estado en silencio viendo la escena, decidió en ese momento empezar a organizar algunas flores en un intento de no intervenir, aunque era evidente que estaba de su lado, Albert apretó la mandíbula, pero no dijo nada más, solo asintió, tomó aire y se pasó la mano por la nuca, como si tratara de calmarse. — Nos vemos más tarde. — dijo finalmente, antes de darse la vuelta y salir de la florería. Elysia dejó escapar un suspiro contenido y cerró los ojos por un instante, sentía una presión en el pecho, una mezcla de enojo y tristeza que no sabía cómo manejar en ese momento, Mia esperó a que la puerta se cerrara completamente antes de soltar un largo suspiro.
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